JUÁREZ Y EL LIBERALISMO
MEXICANO
No todos los padres de estas ideas liberales pertenecieron a la aristocracia o una
burguesía ilustrada. En el caso de Juárez, se trata de un indígena, nacido en una
familia sin educación formal, quién desde la “estúpida pobreza” de su infancia en
el Estado de Oaxaca, se convierte en presidente, y en más que eso, en ícono de
la República Mexicana.
Un hombre que se acercó tempranamente a través del estudio del derecho a la
antorcha y las luces del pensamiento liberal. Seguidor de la Ilustración y de los
principios del Derecho que se consagraron con el triunfo de la Revolución
Francesa, aún en disputa en las nacientes repúblicas latinoamericanas, que
todavía guardaban la impronta del régimen colonial. Sobre esto último Juárez
denunciaba que España había heredado a México un sistema donde regía las
«máximas antisociales”, donde España impuso doctrinas de obediencia ciega,
donde corrompió, dividió, “crió clases con intereses distintos”, además de
abandonar la preocupación por la educación de los mexicanos. Como reacción a
esto, Juárez, al igual que muchos otros liberales en América Latina, fue promover
las clásicas «virtudes cívicas», inspiradas en la ética laica del liberalismo.
Admirador de los independentistas mexicanos Miguel Hidalgo y Vicente Guerrero,
el joven Juárez comienza su vocación pública con distintos cargos en el gobierno
estatal y la justicia. En 1847 se convirtió en el Gobernador de Oaxaca, siendo el
primero en la historia de México de origen indígena. En ese primer mandato,
Juárez dejó impreso su estilo. Una nueva ética republicana, aquella de apego
irrestricto a las leyes, las libertades y el progreso. Logró ser más que un
predicador de ideas republicanas, las concretó. Promovió la aprobación e
implementación de Leyes de Reforma que transformaron las funciones del Estado.
Que por cierto fueron reformas sostenidas por pilares que todo liberal progresista
persigue: la libertad individual, la justicia, la igualdad y el bien común. En definitiva,
Juárez fue un hombre de potencia reformista.
En 1857 -luego de la revolución liberal de Ayutla que derroca la dictadura de Santa
Anna- se convoca al Congreso Constituyente que instaura una Constitución de
inspiración plenamente liberal. «La soberanía nacional reside esencial y
originalmente en el pueblo. Todo poder público emana del pueblo y se constituye
para su beneficio» se leía en sus páginas. Juárez, como presidente de la Corte
Suprema, la defenderá con dientes y muelas frente a la amenaza presente del
bando conservador que quería desconocer la soberanía popular.
En el mismo año la Ley Juárez se aprueba dejando constancia de su profundo
apego por los contrapesos políticos. Con ésta, que en sentido estricto es
reconocida como una reforma administrativa, en efecto, se fortaleció al poder
legislativo y redujo los del poder ejecutivo tratando de evitar la concentración
MEXICANO
No todos los padres de estas ideas liberales pertenecieron a la aristocracia o una
burguesía ilustrada. En el caso de Juárez, se trata de un indígena, nacido en una
familia sin educación formal, quién desde la “estúpida pobreza” de su infancia en
el Estado de Oaxaca, se convierte en presidente, y en más que eso, en ícono de
la República Mexicana.
Un hombre que se acercó tempranamente a través del estudio del derecho a la
antorcha y las luces del pensamiento liberal. Seguidor de la Ilustración y de los
principios del Derecho que se consagraron con el triunfo de la Revolución
Francesa, aún en disputa en las nacientes repúblicas latinoamericanas, que
todavía guardaban la impronta del régimen colonial. Sobre esto último Juárez
denunciaba que España había heredado a México un sistema donde regía las
«máximas antisociales”, donde España impuso doctrinas de obediencia ciega,
donde corrompió, dividió, “crió clases con intereses distintos”, además de
abandonar la preocupación por la educación de los mexicanos. Como reacción a
esto, Juárez, al igual que muchos otros liberales en América Latina, fue promover
las clásicas «virtudes cívicas», inspiradas en la ética laica del liberalismo.
Admirador de los independentistas mexicanos Miguel Hidalgo y Vicente Guerrero,
el joven Juárez comienza su vocación pública con distintos cargos en el gobierno
estatal y la justicia. En 1847 se convirtió en el Gobernador de Oaxaca, siendo el
primero en la historia de México de origen indígena. En ese primer mandato,
Juárez dejó impreso su estilo. Una nueva ética republicana, aquella de apego
irrestricto a las leyes, las libertades y el progreso. Logró ser más que un
predicador de ideas republicanas, las concretó. Promovió la aprobación e
implementación de Leyes de Reforma que transformaron las funciones del Estado.
Que por cierto fueron reformas sostenidas por pilares que todo liberal progresista
persigue: la libertad individual, la justicia, la igualdad y el bien común. En definitiva,
Juárez fue un hombre de potencia reformista.
En 1857 -luego de la revolución liberal de Ayutla que derroca la dictadura de Santa
Anna- se convoca al Congreso Constituyente que instaura una Constitución de
inspiración plenamente liberal. «La soberanía nacional reside esencial y
originalmente en el pueblo. Todo poder público emana del pueblo y se constituye
para su beneficio» se leía en sus páginas. Juárez, como presidente de la Corte
Suprema, la defenderá con dientes y muelas frente a la amenaza presente del
bando conservador que quería desconocer la soberanía popular.
En el mismo año la Ley Juárez se aprueba dejando constancia de su profundo
apego por los contrapesos políticos. Con ésta, que en sentido estricto es
reconocida como una reforma administrativa, en efecto, se fortaleció al poder
legislativo y redujo los del poder ejecutivo tratando de evitar la concentración