El autor cree que la inteligencia es un bien o un talento que solo tiene sentido o
reconocimiento cuando se puede plasmar en unos resultados. Por ejemplo, igual que el
hombre fuerte demuestra su estraza levantado pesados objetos, el inteligente suele divertirse
con acertijos o enigmas que demuestren su inteligencia. Ahora habla de la diferencia entre el
ajedrez y las damas. El ajedrez al tener figuras de diferentes valores y diferentes movimientos,
se precisa más de una atención más que de una perspicacia intelectual. Generalmente suele
ganar el que se encuentra prestando mayor atención al que es más penetrante. Por lo que su
fama es errónea. En cambio, como las damas solo tiene un movimiento posible, se precisa más
de esa perspicacia intelectual, provocando que la victoria se pueda encontrar definida en un
pequeño movimiento fruto de una táctica o de un pequeño error del oponente. Por lo que en
este juego tienes que llegar a ponerte en el lugar del otro y llegar a pensar como él. También
se encuentra el juego de Whist, un juego que precisa de una gran cantidad de cálculos
matemáticos. En este caso, un buen ajedrecista lo es porque sabe seguir las reglas a la
perfección, entonces, se consideraría por todos un buen jugador solo por eso. Un ajedrecista
podría jugar al Whist y ser considerado bueno, pero para el autor, alguien es bueno cuando
tiene una capacidad analística. Es decir, no solo se preocupa por el juego, sino también de lo
que pasa a su alrededor. Como miran los jugadores sus cartas, como las tiran, como las tienen
distribuidas en su mano… La mayoría de las veces la gente tiende a confundir ingenio y
capacidad analítica, cuando son conceptos completamente diferentes. Un zoquete puede ser
ingenioso, pero la otra habilidad viene marcada de la pura inteligencia.
Ahora, Poe se acuerda de una vez que vivió en París y conoció a un personaje bastante
interesante y analista. Se llamaba Auguste Dupin, provenía de una familia con buenos fondos,
pero por cosas del destino, él solo tenía ahora una pequeña parte del patrimonio, que le daba
lo justo para subsistir, pero su placer era comprar libros. Se conocieron justamente así, los dos
iban a buscar un mismo libro, un tanto raro pero también notable. Y empezaron a hablar y a
llevarse bien, y Poe le dijo que le encantaba hablar con alguien de tal intelecto. Legaron a
comprarse una mansión con aspecto de abandona y solo salían por las noches agarrados del
brazo y evitaban hablar con nadie. Se encontraban tan aislados hasta el punto en el que
cuando salía el sol echaban las cortinas y encendían dos pequeñas lámparas. Hablaban hasta
que se hacía de noche y salían a la calle, siguiendo con su conversación. Dupin se caracterizaba
por tener una gran personalidad analista a partir de la cual podía decir cosas completamente
ciertas de las personas sin casi haber hablado de esos temas (afirmado por el propio Poe).
Dupin conocía de su habilidad y le gustaba sacarla a relucir, gozándose de ella. Teniendo
observaciones alucinantes. Edgar llegó a pensar en la idea del alma doble, teniendo dos Dupin,
uno creador y otro analista. Esta habilidad se sacó a relucir una noche que iban por París,
cuando de repente Dupin dijo que Chantilly debería estar en un Théâtre des Variétés. Poe se
quedó alucinado debido a que no había dicho nada y se encontraba justamente pensando en
eso. Entonces Dupin le explicó cómo había llegado a eso, pasando por Chantilly, Orión, el
doctor Nichols, Epicuro, la estereotomía, el pavimento y un frutero. Esto fue así: iban
caminando por la calle cuando un frutero sin querer empujó s Poe que acabó en una zona de
baldosas rotas por lo que se torció un poco el tobillo, luego fueron a otra zona con un mejor