El gato negro:
La historia comienza con el autor avisando que la historia que va a relatar es verdad, porque él
la vio con sus propios ojos y la sintió. Pero que seguramente algunos le tachen de falso y a lo
mejor los más escépticos crean que solo es un conjunto de causas naturales y sucesos
encadenados.
El protagonista desde niño siempre había querido mucho a los animales, llegando a ser burla
de sus compañeros. Sus padres aceptaban esa pasión y tenían diversos animales, que él
prefería por su fidelidad a la falsa amistad y frágil corazón del hombre. Cuando se casó,
bastante joven, su mujer tenía la misma pasión y tenían pájaros, peces de colores, un perro,
conejos, un monito y un gran y precioso gato negro, cuyo nombre era Plutón. El gato sentía
gran carió hacia su amo y le seguía; pero el demonio provocó que el protagonista empezase a
comportarse de una manera ruin y despiadada. Llegando a maltratar y pegar a su mujer y al
resto de los animales, menos al gato. Pero debido a su adicción con el alcohol, un día que llegó
borracho a casa, cogió al gato en brazos y Plutón reaccionó mordiéndolo, provocando que en
un acto de ira sacase un cortaplumas del abrigo y le sacase un ojo. A partir de ahí, el gato no se
le volvió a acercar más, le ignoraba, aunque se recuperó de la herida en la cuenca del ojo.
Luego, llegó la perversidad, para iniciar su caída final. No sabía por qué actuaba así, pero lo
hacía. Un día, cogió a Plutón, le pasó un lazo por el pescuezo y lo ahorcó en una rama de un
árbol en un jardín cercano a su casa. Esa misma noche, se despertó por las alarmas de un
incendió, su casa estaba en llamas. Consiguieron escapar su mujer, un sirviente y él. A la
mañana siguiente fue al sitio del siniestro y no había quedado nada, solo una pared donde
antes estaba apoyado el cabecero de su cama, en esa pared se veía dibujado con un relieve
muy preciso un gran gato negro con una soga al cuello. El protagonista creyó que simplemente
cuando vieron el fuego, alguien cortó la cuerda, tiró al gato por la ventana para despertarlos y
el gato se prensó por el calor y la cal.
Pero durante varios meses, no podía quitarse la imagen de su gato de la cabeza, por lo que
buscaba un nuevo gato muy similar a él. Entonces, un día en la taberna vio sobre un barril un
gato negro pero que tenía una mancha blanca en el pecho, preguntó al tabernero y decidió
llevárselo le tuvo gran cariño y no le paraba de acariciar Su mujer amó al gato. A la mañana
siguiente, ese dio cuenta de algo que le atormentó, era tuerto como Plutón y la mancha blanca
del pecho tenía forma de patíbulo. Empezó a coger odio al gato al recordarle a su antecesor,
pero el gato cada vez le cogía más cariño. No podía ni dormir en paz por culpa del gato. Le
provocaba angustia, temor y terror. Por lo que su melancolía y su perversidad aumentaba
enormemente, provocado que su mujer padeciese siempre todos sus males. Un día, bajando al
sótano, el gato se colaba entre sus piernas y como casi se cayó, cogió un hacha y casi mata al
gato de no ser que su mujer le hubiese parado la mano. Entonces, mató a su mujer de un
hachazo. Decidió que lo mejor era emparedar el cuerpo en las paredes del sótano medio
húmedas debido al clima de dentro. Una vez lo hizo, el gato no volvió a molestarle, y podía
dormir tranquilo. A tres días del asesinato, policías y oficiales iban a revisar la casa, pero no
encontraban nada. En el cuarto día, pasó lo mismo los policías se iban a ir satisfechos cuando
el protagonista en un ataque de euforia, elogió sus paredes y al dar con el bastón en la pared
se oyó un maullido en forma de alarido. Doce manos abrieron la pared donde estaba el cuerpo
de su mujer ya en medio descomposición y el gato sobre su cabeza, provocando los alaridos.
Había enterrado al animal, o, mejor dicho, al monstruo con ella.
, El corazón delator:
Este era un joven que decía que no entendía por qué le acusaban de loco, si lo único que le
pasaba era que tenía los sentidos muy agudizados. Siempre había tenido gran cariño al viejo y
no quería su dinero, el problema residía en que le ponía nervioso su ojo de buitre, ese ojo
celeste que tenía una tela por encima le helaba la sangre. En menos de una semana decidió
matar al viejo. Durante siete días, a las doce de la noche estaba una hora para abrir la puerta
del cuarto del viejo y con una linterna enfocaba a su ojo de buitre, pero siempre estaba
cerrado. En el octavo día, hizo lo mismo, pero el problema fue que se le escapó el picaporte
metálico e hizo un ruido que despertó al viejo, por lo que preguntó quién estaba ahí. El joven
estuvo una hora sin mover un músculo. Porque creía que el viejo seguí sentado en la cama
atento a cualquier ruido. Entonces, al enfocar la linterna al ojo, vio que estaba abierto de par
en par. Entonces, su furia aumentó. Oía además una especia de tambor apagado, que en
alguna ocasión ya había oído, saliendo del viejo. El latido del corazón era cada vez más fuerte y
el joven tenía miedo de que sus vecinos le escuchasen. Entonces, abrió la linterna del todo, e
metió en el cuarto y al viejo solo le dio a emitir un alarido. El joven le tiró de la cama y le ahogó
con el colchón. Al final su corazón dejó de latir y ese sonido como el de un reloj dejó de sonar.
El joven, durante la noche, descuartizó al cadáver, piernas, brazos y cabeza. Luego, levantó tras
tablones del suelo y escondió sus partes. Nadie, ni siquiera con su ojo de buitre podría verlo.
No había sangre ni nada que lo pudiese delatar.
Acabó la faena a las cuatro de la mañana, cuando de repente llamaron tres policías a su puerta
porque un vecino había escuchado un alarido y querían descartar la opción de un atentado. El
joven les dejó pasar y lees dijo que él había dado el alarido al tener una pesadilla, les dejó
inspeccionar la casa y les llevó a la habitación del muerto. Como todo estaba tranquilo, el
joven trajo cuatro sillas y él se sentó justo encima de la tumba del viejo. Estaban charlando
plácidamente cuando empezó a oír ese sonido como de un tambor, como un reloj envuelto en
algodón. Los policías no lo oían o hacían como que tal cosa, provocando el nerviosismo del
joven. El sonido se iba haciendo más fuerte, rasgó con las patas de la silla los tablones donde
estaba el cadáver y sintiendo que los oficiales se reían de él confesó, diciendo que él le había
asesinado y que debajo de las tablas estaba, junto con su horrible corazón que no paraba de
latir.