El relato de “El pozo y el péndulo” de Edgar Allan Poe puede clasificarse dentro de todas sus
obras en terror debido a que la historia presenta una continua angustia y estremecedora que
provoca que los lectores se sientan en cierto punto horrorizados de los hechos narrados.
Edgar Allan Poe fue un escritor, crítico y periodista estadounidense que nació en Boston el 19
de enero de 1809 y falleció el 7 de octubre de 1849. Se le atribuye la creación del cuento
moderno y de ser el precursor del género policial, caracterizándose por sus obras de ciencia
ficción y de terror, representadas como relatos. Su vida fue bastante truculenta desde sus
inicios porque sus dos padres fallecieron al ser él muy joven y fue adoptado por una familia
vecina, los Allan. Su padrastro nunca le quiso; al contrario que su madrastra. En la universidad
fue adicto al juego y al alcohol, aunque dejó los estudios un año después. Después de diversos
sucesos, se fue a Nueva York y publico “Poems”, Edgar Allan Poe se centró en su carrera
periodística y escribió relatos. Se casó con su prima de 13 años. En 1845 publicó su poema más
conocido “El cuervo”, por el que recibió reconocimiento y tras recaer en el alcoholismo varias
veces, acabó falleciendo en el Washington College Hospital en un estado de delirio.
“El pozo y el péndulo” fue publicado en el año 1842, siendo uno de los diversos relatos de
terror que compuso y que formar parte de la gran tradición literaria universal.
Resumen
El protagonista de la historia se encuentra en su juicio de la Inquisición, en el cual le declaran
culpable, al oír esa palabra salir de la boca de los jueces, el protagonista se siente desfallecer,
pero nada más oyó eso sintió como un cierto cariño a la idea de morir y dar fin a su vida en una
sepultura, cuando se acomodó a la idea, sintió que le tragaban las tinieblas y al recobrarse, se
dio cuenta de que se había desmayado, todavía no era capaz de saber si seguía vivo o si estaba
muerto, debido a que al desmayarse se encuentra uno en una realidad demasiado realista.
Durante su desmayo sintió momentos en los que creía que había hecho buenas cosas, luego
sintió como el jurado le bajaba escaleras abajo hasta el lugar donde se encontraba. Cuando
reflexionó sobre esto se dio cuenta de que llevaba todo el rato con los ojos cerrados. Decidió
abrirlos y no vio nada, todo estaba oscuro salvo una pequeña rendija que dejaba ver un poco
de luz. Se encontraba de espaldas y alargó la mano tocando algo húmedo, el suelo estaba
resbaladizo por el lino y sentía que esa oscuridad le ahogaba. Se planteó tantear el espacio
donde se encontraba, pero al extender los brazos tenía miedo de encontrarse en su ataúd.
Mientras pensaba, empezó a recordar todas las horribles historias que le habían contado de la
cárcel de Toledo y tenía claro que los jueces procurarían que su muerte fuese lenta y dolorosa.
Movido por la curiosidad, empezó a tantear a oscuras hasta que encontró al pared, lisa y fría.
Empezó a recorrer el espacio tocando la pared, pero no supo calcular las dimensiones. Como le
habían quitado el cuchillo que tenía, usó un cacho de tela de su sayo y tras una caída,
consiguió medir la estancia. Al despertarse, encontró un trozo de pan y un vaso de agua que
tomó sin pensárselo dos veces. Luego, se animó a medir el habitáculo a través de la diagonal,
pero en mitad del trayecto se tropezó y se dio cuenta de que en el medio había un pozo, al que
tiró un pequeño fragmento de piedra y comprobó su profundidad. Cuando sonó el objeto caer
al fondo, y vio como una tablilla se abría y alguien vigilando, comprendió que esa era su pena
de muerte.
, En la Inquisición existían dos formas de morir, una dolorosa de manera física y otra moral, él
tenía la última. Al final se durmió y al despertase descubrió su celda iluminada y comprobó que
la había supuesto mal. Además, se encontraba atado completamente salvo la cabeza y el brazo
izquierdo. Las paredes eran altas y estaban decoradas con figuras de demonios y vio el pozo y
varias ratas que salían de sus profundidades. Después de un tiempo observó que en el techo
había una representación del tiempo que llevaba un péndulo en vez de un reloj; pero el
péndulo era una hoja de acero que iba moviéndose hacia abajo. Esta idea le trastornó. Al final,
decidió abandonar la idea y al paso de los días veía como la hoja de acero estaba más cerca de
él. Cuando ya le rozaba, tuvo la idea de coger la carne especiada que servía para estimular su
sed y se la untó, las ratas que antes robaban la comida de su plato empezaron a
mordisquearle, librándole de las ataduras.
Entonces, al estar libre, vio como la hoja de acero era recogida, había escapado del péndulo
para entrar en una tortura peor. Ahora, sintió como las paredes empezaban a arder y los ojos
de las figuras demoníacas se encendían. La habitación anteriormente cuadrada empezó a
achatarse y formar un rombo, reduciendo cada vez más su espacio. Sabía que la intención de
aquellos que la habían condenado era que se tirase al pozo para refrescarse y no achicharrarse
vivo. Entonces, el protagonista intentaba acercarse a la pared lo máximo posible, pero como
estas quemaban al final solo le quedó un estrecho espacio y al ver como última opción caer al
pozo, se precipitó a él, mientras oía vítores afuera y el sonido de trompetas y puertas
chirriando. Cuando ya se encontraba a punto de caer al vacío, el general Lasalle le agarró de la
mano. Los franceses habían entrado en Toledo. Ahora la Inquisición estaba bajo el dominio de
sus enemigos.
1. Narrador
El tipo de narrador que se presenta en la obra es uno en primera persona, como se puede
apreciar en las diferentes formas verbales que se presentan en el relato desde el comienzo
hasta el final; como por ejemplo al principio de la obra que dice “sentía náuseas” o al final de
la misma que pone “¡Y oí un discordante clamoreo de voces humanas!”.
Dentro de ser un narrador en primera persona es a su vez un narrador protagonista, en el que
a pesar de ser el protagonista no es capaz de conocerlo todo, no ofrece una calidad de
información y el protagonista presenta patologías que provocan que la información muchas
veces no sea cierta, como por ejemplo cuando asegura que la celda en la que se encuentra es
de gran extensión al medirla en la oscuridad con ayuda de un trozo de sus ropas; pero al ver el
habitáculo con luz tenue se da cuenta de que no era tan grande y que además tenía forma
cuadrada. También existen otros ejemplos como cuando empieza a dudar sobre si se ha
desmayado o si se ha muerto al comienzo de la obra. Además, se demuestra que el narrador es
el protagonista debido a que él mismo conoce cómo se siente y lo que piensa en cada
momento, como cuando hace una descripción detallada de las pinturas demoníacas y las
sensaciones que le transmitían las mismas. O cuando expresa su temor al ser condenado por
los jueces a muerte, explicando que sentía náuseas de terror y de miedo.