Unidad 3.
Clase 11
Década del 30 y emergencia del peronismo.
La década del 30 comenzó con un golpe de estado al gobierno de Hipólito Yrigoyen
(6 de septiembre de 1930). En los años previos habían circulado ideas nacionalistas que
interpretaban que las políticas de ampliación de la ciudadanía iniciadas con la sanción de la
ley Sáenz Peña y profundizadas durante las presidencias radicales, habían erosionado los
fundamentos de la nación. Para restituir esos cimientos, muchos políticos e intelectuales
volvieron su mirada hacia el pasado buscando cuales habían sido los elementos
constitutivos de la nación en los momentos fundacionales de la patria. En esa dirección,
exhumaron el rol que el Ejército había tenido en las campañas libertadoras de la
Independencia y en una operación de transferencia le adjudicaron el atributo de “reserva
moral de la patria”. No asombra que en esas articulaciones se filtraran las influencias de
los nacionalismos extremos que estaban de moda en Europa (fascismo y nazismo),
antidemocráticos, antiliberales, antisocialistas y anticomunistas.
Todas esas ideas que venían circulando en muchas cabezas desde hacía tiempo,
encontraron el momento justo para estallar cuando la caída de la Bolsa de Wall Street hizo
añicos los fundamentos del sistema capitalista mundial. En 1930 la Argentina sintió la crisis
como un bisturí en carne viva: suspensión de las exportaciones, depreciación de la moneda,
deterioro del valor real de los salarios y desocupación1.
La crisis económica y la caída de las exportaciones hizo que el estado interviniera
fuertemente la economía. A partir de allí el estado, acompañó un proceso de inauguración
de la Industrialización por sustitución de Importaciones (ISI). La mano de obra de
esas industrias nuevas que se fueron estableciendo en los cordones urbanos de Buenos
Aires, Córdoba y Santa fe se nutrió de los migrantes internos, es decir muchos
campesinos que se habían quedado sin trabajo por la baja de las exportaciones, migraron a
las ciudades en busca de trabajo. Ahora, el sector obrero en Argentina tiene el rostro del
inmigrante, pero no del inmigrante europeo como a principios del siglo XX, es el llamado
“cabecita negra”.
1
A partir de ese momento, el Ejército pasó a ser un actor fundamental en el juego político de la Argentina.
Clase 11
Década del 30 y emergencia del peronismo.
La década del 30 comenzó con un golpe de estado al gobierno de Hipólito Yrigoyen
(6 de septiembre de 1930). En los años previos habían circulado ideas nacionalistas que
interpretaban que las políticas de ampliación de la ciudadanía iniciadas con la sanción de la
ley Sáenz Peña y profundizadas durante las presidencias radicales, habían erosionado los
fundamentos de la nación. Para restituir esos cimientos, muchos políticos e intelectuales
volvieron su mirada hacia el pasado buscando cuales habían sido los elementos
constitutivos de la nación en los momentos fundacionales de la patria. En esa dirección,
exhumaron el rol que el Ejército había tenido en las campañas libertadoras de la
Independencia y en una operación de transferencia le adjudicaron el atributo de “reserva
moral de la patria”. No asombra que en esas articulaciones se filtraran las influencias de
los nacionalismos extremos que estaban de moda en Europa (fascismo y nazismo),
antidemocráticos, antiliberales, antisocialistas y anticomunistas.
Todas esas ideas que venían circulando en muchas cabezas desde hacía tiempo,
encontraron el momento justo para estallar cuando la caída de la Bolsa de Wall Street hizo
añicos los fundamentos del sistema capitalista mundial. En 1930 la Argentina sintió la crisis
como un bisturí en carne viva: suspensión de las exportaciones, depreciación de la moneda,
deterioro del valor real de los salarios y desocupación1.
La crisis económica y la caída de las exportaciones hizo que el estado interviniera
fuertemente la economía. A partir de allí el estado, acompañó un proceso de inauguración
de la Industrialización por sustitución de Importaciones (ISI). La mano de obra de
esas industrias nuevas que se fueron estableciendo en los cordones urbanos de Buenos
Aires, Córdoba y Santa fe se nutrió de los migrantes internos, es decir muchos
campesinos que se habían quedado sin trabajo por la baja de las exportaciones, migraron a
las ciudades en busca de trabajo. Ahora, el sector obrero en Argentina tiene el rostro del
inmigrante, pero no del inmigrante europeo como a principios del siglo XX, es el llamado
“cabecita negra”.
1
A partir de ese momento, el Ejército pasó a ser un actor fundamental en el juego político de la Argentina.