El tejido adiposo es un tejido conjuntivo especializado en el almacenamiento de lípidos. Se
puede considerar como un tejido conectivo un tanto atípico puesto que posee muy poca matriz
extracelular, pero su origen embrionario son las células mesenquimaticas derivadas del
mesodermo, las cuales dan también lugar al resto de tejidos conectivos. El tejido adiposo está
presente en todos los mamíferos y en algunas especies de animales no mamíferos. Su
capacidad para almacenar lípidos depende de sus células, los adipocitos, que pueden
contener en su citoplasma grandes gotas de grasa. La grasa es un buen almacén de energía
puesto que tiene aproximadamente el doble de densidad calórica que los azucares o las
proteínas. Estos almacenes se emplean para proporcionar moléculas energéticas a otros
tejidos o para generar directamente calor. Los adipocitos se agrupan estrechamente y en
gran numero para formar el tejido adiposo, aunque también se pueden encontrar dispersos en
el tejido conectivo laxo. Tras el tejido adiposo, el hígado es la segunda estructura que más
lípidos almacena en gotas de lípidos.
El tejido adiposo no solo almacena energía, sino que también controla el metabolismo corporal
a través de la liberación de hormonas, citocinas, proteínas, lípidos específicos, y micro-ARNs.
Hay dos tipos de tejido adiposo: el
formado por grasa blanca (o
unilocular), cuyos adipocitos
presentan una gran gota de lipidos, y
el formado por grasa parda (o
multilocular). El color blanco (a
veces amarillento) o pardo se refiere
al color de la grasa en su estado
fresco. Ambos tipos de grasa tienen
características particulares
(Figura 2).
El origen de los diferentes tipos de adipocitos quizás sea uno de sus aspectos menos
conocidos. Aunque los dos tipos de grasa derivan de células mesenquimaticas, lo hacen a
partir de poblaciones diferentes. De hecho, la grasa parda comparte progenitor con las células
musculares, no así la blanca (Figura 3).
1. Grasa blanca
El tejido adiposo blanco o unilocular que forma la grasa blanca está presente en todos los
mamíferos y es el tejido graso predominante. Las células que forman este tejido, los adipocitos,
son células redondeadas muy grandes, de más de 100 micras de diámetro, que
, poseen una sola y gran gota de grasa, la cual ocupa prácticamente todo el citoplasma, de ahí
el nombre de unilocular. Tanto el núcleo
como el resto de los componentes
citoplasmáticos ocupan un fino espacio
periférico, próximo a la membrana
plasmática (Figura 3). Es frecuente
observar en animales bien
alimentados adipocitos que presentan
numerosas gotas de grasa, dispersos
entre otros que son claramente
unilocular (Figura 4). No hay que
confundir estos adipocitos con los
adipocitos multiloculares de la grasa
parda puesto que durante su
diferenciación los adipocitos
uniloculares contienen múltiples gotas
de grasa en su citoplasma, como se
observa en la Figura 3. Todas esas gotitas
de grasa se condensarán en una sola
cuando el adipocito madure. Es decir, los
adipocitos de la grasa blanca pueden
pasar por un periodo multilocular
durante su diferenciación. También, en mucha menor cantidad, se pueden observar
adipocitos denominados beige, posiblemente derivados de los propios adipocitos
blancos, con las mismas características que los adipocitos de grasa parda.
Los adipocitos están separados entre
ellos por finas capas de tejido conectivo
laxo formado sobre todo por fibras
reticulares, que son secretadas por los
propios adipocitos. Además, rodeando
al adipocito, próxima a la membrana
plasmática, hay fina y característica
capa de material extracelular
denominada lamina externa, similar a la
lámina basal de los epitelios. En las
zonas del cuerpo del animal sometidas a
estrés mecánico el tejido adiposo forma
lóbulos, los cuales son grupos de
adipocitos separados por láminas de
tejido conectivo, denominadas septos
(Figura 5), que
pueden ser más o menos anchas dependiendo de la resistencia mecánica que deban
soportar. En el tejido adiposo, entre los adipocitos y en las capas de conectivo, también se
encuentran mastocitos,
macrófagos, algunos fibroblastos, leucocitos y células precursoras de los adipocitos. Por el
tejido conectivo viajan los vasos sanguíneos y nervios, y pueden aparecer nódulos linfoides en
las zonas mesentéricas. La irrigación sanguínea es muy densa en el tejido adiposo, tanto como
la del musculo, y el endotelio de los capilares es de tipo continuo. La inervación nerviosa es
dual: efectora por parte del sistema nervioso autónomo simpático y sensorial mediada por
prolongaciones sensoriales pertenecientes a los ganglios espinales dorsales. Estas
terminaciones nerviosas no suelen terminar sobre los adipocitos sino en torno a los vasos
sanguíneos.