Notas para leer el Martín Fierro
El género gauchesco es una variante que surge de residuos coloniales, como canciones, valses, y
producciones neoclásicas, pero con la particularidad de la asunción de la voz de las clases populares. En ese
sentido, Ángel Rama, en Los gauchipolíticos rioplatenses sostiene que el género en cuanto a su relación con
la serie literaria rioplatense emprende un paso para atrás y dos para adelante: se relaciona estéticamente con
formas provenientes de España (paso para atrás), pero, al tiempo, se disuelve en contenido, para re-
utilizarlas en un sentido netamente político, como se hizo con las formas neoclásicas en los tiempos
revolucionarios, como La oda al Paraná y El himno nacional argentino (para adelante). Asimismo, se
reintegra la poesía a la lengua hablada, por lo que se desarrolla con una diversidad de tropos, giros, lugares
comunes, refranes que remiten al habla popular de la zona (para adelante).
Sus inicios se los puede considerar a mediados de 1820, y las primeras producciones del género se
las identifica en la obra de Bartolomé Hidalgo, que escribió Cielitos y Diálogos patrióticos. En estas
producciones, sobre todo en la segunda, se trata de diálogos comprendidos por dos personajes que
pertenecen a la campaña (por ejemplo, un capataz y un gaucho), y los temas que tratan están relacionados
con el pesar de los sujetos de su condición, muchas veces atropellados por las arbitrariedades de un sistema
legislativo incipiente y corrupto. En ese sentido, el arco que recorre el poema es de gaucho a gaucho, porque
lo es el emisor, el referente y el receptor. No obstante, también los tópicos abordados se encuentran
relacionados con las guerras revolucionarias, el sentido de la patria y sus consecuencias. De hecho, es en
estos diálogos donde se encontrará por primera y única vez referencia al nosotros, que conserva y contiene
sentido de unidad y comunidad. Estas unidades temáticas van a ir variando en el transcurso del tiempo,
hasta la entrada en decadencia del género, alrededor de 1880.
Según Josefina Ludmer (1986), el género gauchesco se encuentra compuesto por un sistema de temas
y de situaciones contextuales que establecen los límites del género, y que ella denomina “las dos cadenas”.
Estas van a funcionar como correas en el funcionamiento del género de 1820 a 1880. Estas cadenas, que
recorren y rodean el género son la de la voz y la de la ley. Voz y ley se imbrican y se superponen en el
género gauchesco. Desde sus inicios, en los que la voz popular es usada por el circulo letrado, para hacer uso
de los cuerpos de los gauchos por parte de los ejércitos revolucionarios. Así, a la gauchesca se puede leer
como un género que a través de poemas y canciones intentaban atraer adeptos para engrosar filas del
proceso revolucionario, y de las posteriores guerras civiles. Pero también, sobre el final, para realizar
denuncias sobre las arbitrariedades del incipiente Estado, el proceso de modernización, y la repartición de
tierras. En uno y otro caso, el guaucho se encuentra dentro de la ley, o fuera de ella. Es así como voz
(cuerpo) y ley (o frontera) moviliza y motoriza la narración del gauchesco. Como sostiene Ludmer, la
historia de la gauchesca puede ser leída en La Ida (1872) y en La vuelta (1879) de El gaucho Martín Fierro:
“El primer límite del género es el de la ilegalidad popular. Por una parte, la existencia de la delincuencia
campesina y, por la otra, correlativamente, la existencia de un doble sistema de justicia que diferencia
, ciudad y campo: la ley de vagos, y su corolario, la ley de levas, con la existencia de una ley central”
(1986:22). En el inicio del género, el guacho tiene voz porque tiene arma. Se piensa la voz como arma. La
voz es desafiante, el gaucho se establece contra la ley-juez-Estado, que recorre la narrativa de la Ida. En La
vuelta el gaucho ya no es un forajido o un “gaucho malo” (Sarmiento), sino un trabajador modernizado que
sirve a los intereses del incipiente modelo agro-exportador liberal, a la repartición de tierras de la oligarquía
argentina. La palabra es propagandística y didáctica, contenida no solo en la voz del mismo Fierro, sino
también en la de los hijos, que son las voces de la Patria (“Los hermanos sean unidos / es la ley primera”).
En este sentido, la voz de La vuelta y la de los Diálogos de Hidalgo se relacionan, hablan de la patria, y
sirven como propaganda. En ese punto, la cadena vuelve sobre sí misma, y el año 1879 y 1820 se
superponen o se encuentran en el inicio del género gauchesco. Así voz y ley organizan los sentidos en la
gauchesca desde el nacimiento hasta el establecimiento definitivo del Estado en 1880.
Lecturas sugeridas:
- Ludmer, J. El género gauchesco. Un tratado sobre la patria. “El cuerpo del género y sus límites. Del lado
del uso”. Pp. 15-84; “Desafío y lamento, los tonos de la patria”. Pp. 115-192.
Actividad práctica:
Respondan, ¿cómo se articulan la voz y la ley en el género gauchesco? ¿para qué le sirve a Ludmer leer
críticamente a partir de esas dos categorías? ¿qué son el tono del lamento y el tono del desafío? Explicá
brevemente estas categorías. Ejemplificá con el Martín Fierro.
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El análisis de la voz y la ley en el género gauchesco, así como la lectura crítica propuesta por Josefina
Ludmer, son elementos clave para entender cómo este género literario refleja y cuestiona la construcción de
la identidad nacional en la Argentina del siglo XIX. Ludmer se centra en dos categorías específicas: el tono
del lamento y el tono del desafío, y propone una lectura crítica que busca desentrañar cómo se articulan estas
dos categorías en las obras gauchescas y cómo esto contribuye a la construcción de la identidad nacional. La
autora argumenta que la voz subalterna del gaucho a menudo se presenta en forma de lamento y desafío, dos
tonos que revelan las tensiones entre la voz del pueblo y la ley impuesta.
Voz y Ley en el género gauchesco, en este contexto, la voz se refiere a la expresión cultural y lingüística de
la población rural, principalmente los gauchos, que a menudo es marginalizada y subalterna en relación con
la voz de la ley, que representa la norma y la autoridad del Estado. El conflicto entre estas dos voces es una
parte fundamental de la narrativa gauchesca.
Tono del lamento: se relaciona con la expresión de la queja, el sufrimiento y la protesta de los gauchos y
otros sectores marginados de la sociedad argentina. Este lamento expresa la opresión y la injusticia que