La Segunda Guerra Mundial (1939-1945)
LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL (1939-1945)
1. El camino hacia la guerra
1.1 El expansionismo nazi (1936-1939)
1.2 El militarismo japonés de los años treinta
1.3 La Europa de posguerra, la Gran Depresión y el mundo comunista.
2. Causas y bandos de la Segunda Guerra Mundial
2.1 Causas de la guerra
2.2 Bandos y retorno a la guerra total
3. Las operaciones militares
3.1 La ofensiva del Eje (1939-1942)
3.2 El contraataque y la victoria aliada (1942-1945)
4. Detrás del conflicto
4.1 Resistentes y colaboracionistas en los países ocupados por el Eje
4.2 El nuevo orden de los Estados totalitarios: los campos de concentración y de
exterminio
4.3 Las repercusiones de la guerra
5. La reorganización de la paz y la división del mundo en dos bloques: hacia la Guerra
Fría
1. El camino hacia la guerra
Tan solo dos décadas después se volvió a repetir aquello que nadie deseaba. Los
fantasmas de la Gran Guerra volvieron del pasado para hacer revivir a la población su
mayor pesadilla. Esta vez la noticia de un nuevo conflicto no fue acogido con el
entusiasmo de antaño, pues sabían lo que conllevaba una guerra total.
De todas formas, tampoco fue una sorpresa. El revanchismo creado en torno a la
Paz de París no solo entre los vencidos, sino también entre algunos de los vencedores,
hacía presagiar un desenlace poco amistoso. Es cierto que Estados Unidos, el garante
del nuevo orden mundial por ser uno de los combatientes que menos sufrió el
conflicto, trató de poner remedio a la situación, primeramente con su intento de
imponer una paz justa a través de esos famosos Catorce Puntos propuestos por el
presidente de Estados Unidos, Woodrow Wilson, de los que solo se tuvo en cuenta el
1
, La Segunda Guerra Mundial (1939-1945)
de la creación de la Sociedad de Naciones, y seguidamente mediante un préstamo
económico a Alemania para que saldase la deuda contraída con Reino Unido y Francia.
Parte del continente europeo confió su futuro a un país que a priori parecía fuerte;
eso sí, en caso de quiebra de este, el resto de países caerían como fichas de dominó.
En realidad era una operación muy arriesgada, pues el modelo capitalista lo es. A pesar
de lo sugerente que pudiera resultar por cuanto permite el enriquecimiento rápido y
una mayor libertad en la compra-venta, basa su fortuna en la especulación, esto es, en
apostar económicamente por un futuro hipotético que pudiera dar beneficios, lo que
puede conducir al individuo (y a un país entero) a lo más alto del escalafón de la
riqueza o, por el contrario, a la miseria más absoluta. Eso sí, requisito indispensable
para que la máquina continúe rodando es que la población de a pie no pare de
consumir.
Pues bien, no hacía falta ser profeta para adivinar uno de los posibles desenlaces.
En 1929 los malos augurios se cumplieron. Estados Unidos y su economía
aparentemente todopoderosa quebró, y con ella la alemana, la británica y la francesa.
Fue un duro golpe para una Alemania ya trastocada en la Paz de París.
Era previsible que resonaran con más fuerza las voces críticas a favor del
revisionismo de los términos de la paz y de implantar un modelo político, social y
económico alternativo al liberal, señalada como causante de todos los problemas.
Rusia, ahora dentro de un conglomerado de Estados bajo el nombre de Unión de
Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) ya lo había logrado con un modelo comunista;
también Italia en los años veinte, bajo un sistema similar pero de corte nacionalista,
llamado fascismo. Fue cuestión de tiempo que el antiliberalismo triunfase en más
Estados, aquellos en los que precisamente los horrores de la guerra y de la crisis
económica habían hecho más mella, como fue el caso de Alemania, que vio crecer y
triunfar el modelo nacional-socialista en los años treinta con un propósito claro:
devolver a Alemania al lugar de donde se la expulsó.
Con esta situación en el tablero geopolítico, el enfrentamiento bélico no se haría
esperar. El mismo no solo buscó resolver la cuestión del prestigio mundial, sino
también resolver el modelo de régimen imperante.
1.1 El expansionismo nazi (1936-1939)
Alemania aspiraba a recuperar el nivel económico y militar que había perdido (o le
habían arrebatado, según se mire) en 1918. Para ello cobró importancia su política
exterior, encaminada a crear el Tercer Reich. Los objetivos para alcanzar dicha
empresa se pueden resumir en:
Revisión del Tratado de Versalles de 1919, no solo en términos
económicos, sino también territoriales y militares. La multa impuesta, la
reducción del tamaño de su ejército y la desmilitarización de los territorios
limítrofes con Bélgica y Francia (Renania), la habían empobrecido hasta el
punto de serle incapaz de recobrar su estabilidad.
2
, La Segunda Guerra Mundial (1939-1945)
Pangermanismo o integración en el Reich de todos los pueblos de origen
germánico, lo que exigía la anexión de Austria y de la región checoslovaca
de los Sudetes, de mayoría alemana.
La extensión del “espacio vital” (lebesraum), o lo que era igual, la
necesidad del expansionismo de Alemania. Un término que volvió a la
actualidad en aquellos años1 y que implicaba la necesidad de ocupar otros
territorios para poder continuar su desarrollo económico. En coherencia
con esta idea, toda aquella población que habitase en su espacio vital sería
deportada para que en ella pudieran asentarse los alemanes. Así, espacio,
población y recursos quedarían garantizados.
Estos tres objetivos eran condicionantes para Hitler de cara a lograr su propósito
de un Gran Reich. Así, comenzó abandonando la Sociedad de Naciones en 1933 y,
contraviniendo el Tratado de Versalles, inició una política de rearme y reorganización
del ejército. El siguiente paso fue la expansión de Alemania, que se alargó desde 1936
hasta 1939.
Para empezar desplegó tropas en Renania (marzo de 1936), zona que por ser
frontera con Francia y Bélgica debía estar desmilitarizada. Dos años después, marzo de
1938, cumpliendo con el viejo sueño del Anschluss o “unión de los alemanes”,
anexionó Austria2. En octubre de ese mismo año invadió la región checoslovaca de los
Sudetes, de población mayoritariamente germánica, tras el consentimiento dado por
Reino Unido y Francia, que buscaban salvaguardar la paz en Europa. En marzo de 1939
ocupó Checoslovaquia, que quedó dividida en dos: el Protectorado alemán de
Bohemia-Moravia y el Estado títere de Eslovaquia. Por último, y de nuevo en marzo de
1939, obtuvo de Lituania la cesión de la región de Memel, poblada mayoritariamente
por alemanes.
1
Fue un término que, acuñado por el biólogo Oscar Peschel en 1860, se usó con un fin geográfico por el
alemán Friedrich Ratzel, para quien el crecimiento de una población estaba ligado al territorio, es decir,
a mayor población necesariamente se debería contar una mayor superficie. Una idea que caló bastante
bien en los círculos políticos de Alemania desde 1911 a propósito del cambio de rumbo en la política
imperialista germana. Traducido a la terminología nazi, si se quería que Alemania alcanzase el grado de
potencia mundial, debería extender su zona de influencia por Europa del Este a fin de poder atender a
las necesidades de una población en crecimiento.
2
Si bien la anexión de Austria pareció empresa fácil, en realidad fue resultado de innumerables
presiones de los nazis sobre dicho país, partido que incluso llegó a introducirse en el juego electoral y
que amenazó con llegar a una guerra civil a menos que no se anexionase a Alemania, a pesar de la
prohibición del Tratado de Versalles. Así, en marzo de 1938, y tras las vacilaciones del presidente del
gobierno austriaco, Hitler decretó su ocupación sin que británicos ni franceses opusieran la mínima
resistencia. Posteriormente, y para legitimar su acción, procedió a convocar un plebiscito público y
vigilado por las SS. Esta presión, sumado a la inexistencia durante la campaña en favor del no y de la
propia disposición del mensaje de la papeleta, en donde la casilla del “sí” era de un tamaño muy
superior al “no”, garantizó el 99% del apoyo austriaco.
3
LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL (1939-1945)
1. El camino hacia la guerra
1.1 El expansionismo nazi (1936-1939)
1.2 El militarismo japonés de los años treinta
1.3 La Europa de posguerra, la Gran Depresión y el mundo comunista.
2. Causas y bandos de la Segunda Guerra Mundial
2.1 Causas de la guerra
2.2 Bandos y retorno a la guerra total
3. Las operaciones militares
3.1 La ofensiva del Eje (1939-1942)
3.2 El contraataque y la victoria aliada (1942-1945)
4. Detrás del conflicto
4.1 Resistentes y colaboracionistas en los países ocupados por el Eje
4.2 El nuevo orden de los Estados totalitarios: los campos de concentración y de
exterminio
4.3 Las repercusiones de la guerra
5. La reorganización de la paz y la división del mundo en dos bloques: hacia la Guerra
Fría
1. El camino hacia la guerra
Tan solo dos décadas después se volvió a repetir aquello que nadie deseaba. Los
fantasmas de la Gran Guerra volvieron del pasado para hacer revivir a la población su
mayor pesadilla. Esta vez la noticia de un nuevo conflicto no fue acogido con el
entusiasmo de antaño, pues sabían lo que conllevaba una guerra total.
De todas formas, tampoco fue una sorpresa. El revanchismo creado en torno a la
Paz de París no solo entre los vencidos, sino también entre algunos de los vencedores,
hacía presagiar un desenlace poco amistoso. Es cierto que Estados Unidos, el garante
del nuevo orden mundial por ser uno de los combatientes que menos sufrió el
conflicto, trató de poner remedio a la situación, primeramente con su intento de
imponer una paz justa a través de esos famosos Catorce Puntos propuestos por el
presidente de Estados Unidos, Woodrow Wilson, de los que solo se tuvo en cuenta el
1
, La Segunda Guerra Mundial (1939-1945)
de la creación de la Sociedad de Naciones, y seguidamente mediante un préstamo
económico a Alemania para que saldase la deuda contraída con Reino Unido y Francia.
Parte del continente europeo confió su futuro a un país que a priori parecía fuerte;
eso sí, en caso de quiebra de este, el resto de países caerían como fichas de dominó.
En realidad era una operación muy arriesgada, pues el modelo capitalista lo es. A pesar
de lo sugerente que pudiera resultar por cuanto permite el enriquecimiento rápido y
una mayor libertad en la compra-venta, basa su fortuna en la especulación, esto es, en
apostar económicamente por un futuro hipotético que pudiera dar beneficios, lo que
puede conducir al individuo (y a un país entero) a lo más alto del escalafón de la
riqueza o, por el contrario, a la miseria más absoluta. Eso sí, requisito indispensable
para que la máquina continúe rodando es que la población de a pie no pare de
consumir.
Pues bien, no hacía falta ser profeta para adivinar uno de los posibles desenlaces.
En 1929 los malos augurios se cumplieron. Estados Unidos y su economía
aparentemente todopoderosa quebró, y con ella la alemana, la británica y la francesa.
Fue un duro golpe para una Alemania ya trastocada en la Paz de París.
Era previsible que resonaran con más fuerza las voces críticas a favor del
revisionismo de los términos de la paz y de implantar un modelo político, social y
económico alternativo al liberal, señalada como causante de todos los problemas.
Rusia, ahora dentro de un conglomerado de Estados bajo el nombre de Unión de
Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) ya lo había logrado con un modelo comunista;
también Italia en los años veinte, bajo un sistema similar pero de corte nacionalista,
llamado fascismo. Fue cuestión de tiempo que el antiliberalismo triunfase en más
Estados, aquellos en los que precisamente los horrores de la guerra y de la crisis
económica habían hecho más mella, como fue el caso de Alemania, que vio crecer y
triunfar el modelo nacional-socialista en los años treinta con un propósito claro:
devolver a Alemania al lugar de donde se la expulsó.
Con esta situación en el tablero geopolítico, el enfrentamiento bélico no se haría
esperar. El mismo no solo buscó resolver la cuestión del prestigio mundial, sino
también resolver el modelo de régimen imperante.
1.1 El expansionismo nazi (1936-1939)
Alemania aspiraba a recuperar el nivel económico y militar que había perdido (o le
habían arrebatado, según se mire) en 1918. Para ello cobró importancia su política
exterior, encaminada a crear el Tercer Reich. Los objetivos para alcanzar dicha
empresa se pueden resumir en:
Revisión del Tratado de Versalles de 1919, no solo en términos
económicos, sino también territoriales y militares. La multa impuesta, la
reducción del tamaño de su ejército y la desmilitarización de los territorios
limítrofes con Bélgica y Francia (Renania), la habían empobrecido hasta el
punto de serle incapaz de recobrar su estabilidad.
2
, La Segunda Guerra Mundial (1939-1945)
Pangermanismo o integración en el Reich de todos los pueblos de origen
germánico, lo que exigía la anexión de Austria y de la región checoslovaca
de los Sudetes, de mayoría alemana.
La extensión del “espacio vital” (lebesraum), o lo que era igual, la
necesidad del expansionismo de Alemania. Un término que volvió a la
actualidad en aquellos años1 y que implicaba la necesidad de ocupar otros
territorios para poder continuar su desarrollo económico. En coherencia
con esta idea, toda aquella población que habitase en su espacio vital sería
deportada para que en ella pudieran asentarse los alemanes. Así, espacio,
población y recursos quedarían garantizados.
Estos tres objetivos eran condicionantes para Hitler de cara a lograr su propósito
de un Gran Reich. Así, comenzó abandonando la Sociedad de Naciones en 1933 y,
contraviniendo el Tratado de Versalles, inició una política de rearme y reorganización
del ejército. El siguiente paso fue la expansión de Alemania, que se alargó desde 1936
hasta 1939.
Para empezar desplegó tropas en Renania (marzo de 1936), zona que por ser
frontera con Francia y Bélgica debía estar desmilitarizada. Dos años después, marzo de
1938, cumpliendo con el viejo sueño del Anschluss o “unión de los alemanes”,
anexionó Austria2. En octubre de ese mismo año invadió la región checoslovaca de los
Sudetes, de población mayoritariamente germánica, tras el consentimiento dado por
Reino Unido y Francia, que buscaban salvaguardar la paz en Europa. En marzo de 1939
ocupó Checoslovaquia, que quedó dividida en dos: el Protectorado alemán de
Bohemia-Moravia y el Estado títere de Eslovaquia. Por último, y de nuevo en marzo de
1939, obtuvo de Lituania la cesión de la región de Memel, poblada mayoritariamente
por alemanes.
1
Fue un término que, acuñado por el biólogo Oscar Peschel en 1860, se usó con un fin geográfico por el
alemán Friedrich Ratzel, para quien el crecimiento de una población estaba ligado al territorio, es decir,
a mayor población necesariamente se debería contar una mayor superficie. Una idea que caló bastante
bien en los círculos políticos de Alemania desde 1911 a propósito del cambio de rumbo en la política
imperialista germana. Traducido a la terminología nazi, si se quería que Alemania alcanzase el grado de
potencia mundial, debería extender su zona de influencia por Europa del Este a fin de poder atender a
las necesidades de una población en crecimiento.
2
Si bien la anexión de Austria pareció empresa fácil, en realidad fue resultado de innumerables
presiones de los nazis sobre dicho país, partido que incluso llegó a introducirse en el juego electoral y
que amenazó con llegar a una guerra civil a menos que no se anexionase a Alemania, a pesar de la
prohibición del Tratado de Versalles. Así, en marzo de 1938, y tras las vacilaciones del presidente del
gobierno austriaco, Hitler decretó su ocupación sin que británicos ni franceses opusieran la mínima
resistencia. Posteriormente, y para legitimar su acción, procedió a convocar un plebiscito público y
vigilado por las SS. Esta presión, sumado a la inexistencia durante la campaña en favor del no y de la
propia disposición del mensaje de la papeleta, en donde la casilla del “sí” era de un tamaño muy
superior al “no”, garantizó el 99% del apoyo austriaco.
3