DE VISTA BIOPSICOSOCIAL
A lo largo de la historia del género humano, el estudio de la personalidad ha sido siempre un punto de interés,
aunque como cualquier conocimiento humano ha estado sujeto a vaivenes ideológicos, tendencias sociales y
valores culturales, entre otros.
Todo este proceso de estudio ha sido extraordinariamente valioso, aún con las posturas antagónicas que se han
suscitado a lo largo de los siglos. En los albores del siglo XXI, lo que sabemos sobre el ser humano, sobre el
hombre, abre las puertas a un entendimiento más preciso, y por ende, a una mejor valoración sobre la esencia y
naturaleza de nuestra especie.
Grecia fue la primera civilización que de forma seria y sistemática trató de conceptuar y sentar las bases que
llevan ahora a entender al ser humano como parte del universo y la naturaleza, pero al mismo tiempo como
único e irrepetible.
Así, la personalidad fue primeramente objeto de estudio de la filosofía (indudablemente que lo seguirá siendo).
Posteriormente - dentro de la civilización occidental - el desarrollo y expansión del cristianismo hizo que el
estudio de la personalidad fuera abordada desde una perspectiva religiosa.
Con el advenimiento del Renacimiento (dada la valoración de las ciencias y las artes que allí se dio) la idea de
lo que es el ser humano sufrió profundas modificaciones. El siglo pasado fue particularmente rico en
investigaciones y en la formulación de nuevas teorías y postulados, y aunque se hacían grandes aportes y
descubrimientos, parecía que la ciencia no se ponía de acuerdo.
No fue sino hasta en el último cuarto de siglo cuando la mayoría de los estudiosos de la personalidad cayó en la
cuenta de que ningún enfoque aislado, por más que se profundice en él, es suficiente para entender el enigma
humano.
Surgió entonces lo que ahora se denomina “concepción integral de la personalidad”, un intento felizmente serio
de entender al ser humano como un todo, como un ser integral, múltiple y diverso. Esta concepción destaca la
importancia de tomar en cuenta los referentes generales, de algún modo señalados, aunque de manera
atomizada, por las diversas “escuelas de pensamiento sobre la personalidad” imperantes hasta entonces. Lo
anterior equivale a tomar una perspectiva integral, visualizando al ser humano como un ser conformado por tres
grandes elementos constitutivos: lo biológico, lo social y lo psicológico.
Curiosamente, esta nueva concepción del ser humano, esta visión tripartita de la personalidad, ha encontrado
mayor eco en las disciplinas científicas que conforman las llamadas “ciencias de la salud”. Estas, en su afán de
entender el fenómeno salud-enfermedad (binomio básico de la práctica médica occidental) han consolidado la
nueva tendencia a concebir la personalidad como: “la integración dinámica de tres elementos constitutivos
absolutamente interdependientes, lo biológico, lo social y lo psicológico”.
Esta triple visión de lo que es una persona, ha sido comparado a un triángulo, “el triángulo de la personalidad”,
compuesto por tres lados, en la base del cual está lo biológico.
Así, una personalidad sana, equilibrada, sería aquella cuyos tres lados están perfecta y armoniosamente
configurados y desarrollados (un triángulo equilátero). En la medida en que uno de los lados se desajusta, la
estructura total se desequilibra, se “enferma”. Este es el paradigma que actualmente sirve de base para entender
el complejo y amplio concepto de lo que entendemos por salud- enfermedad.
Analicemos brevemente cada uno de los elementos de la personalidad anteriormente señalados:
La personalidad como entidad biológica.
No puede concebirse la existencia de un individuo (una personalidad) si no se considera como condición previa
y básica, la existencia de un soma, un cuerpo, una serie de elementos microscópicos y macroscópicos
debidamente organizados: células, tejidos, órganos, sistemas, ser viviente, hombre.
Este primer componente surge de la unión de dos células primigenias: óvulo y espermatozoide, que a través de
etapas y fases subsiguientes desembocan al cabo de 9 meses en un representante de la especie humana, un “homo