Después de la Primera Guerra Mundial, etapa en la que diferentes países sufrieron daños graves
o tuvieron problemas económicos, Estados Unidos fue el estado que no sufrió consecuencias
financieras significativas debido a su entrada tardía a la guerra. En la siguiente década hubo un
gran cambio industrial, se incrementó el precio del algodón, la oferta laboral y EE.UU. se convirtió
en proveedor de materias primas. Asimismo, en esta época, conocida también como los “felices
años 20”, figuras destacadas, como Charles Mitchell, motivaron a los ciudadanos americanos a
invertir la pequeña fortuna que poseían en la compra de acciones, con la finalidad de convertirse
en propietarios e incrementar su riqueza. A esto le siguió una superproducción en las industrias
que logró incrementar los salarios, sin embargo, la poca demanda de los productos ocasiona un
incremento en el stock de la producción industrial. Los ciudadanos no tomaron conciencia que la
escasa venta de productos generaría problemas laborales como los despidos masivos en la
industria. No obstante, pese a que las acciones estaban sobrevaloradas, las personas seguían
adquiriéndolas a precios elevados, sin tomar en cuenta que generaban un desequilibrio entre la
empresa y el valor real de sus acciones. Con relación a los sucesos, el economista Irving Fisher
manifestó que “los precios de las acciones han alcanzado lo que parece ser una meseta altamente
permanente”.
A razón de ello, según López (2009), lo que inició con un descenso de valor en las acciones en la
bolsa de Nueva York, el 24 de octubre de 1929, se convirtió en la mayor crisis de la historia. Esto
se debe a que desde 1925, las acciones en la bolsa aumentaron su valor sin cesar. Diferentes
entidades tales como bancos, numerosos particulares y empresarios invirtieron, ya que esta
actividad ofrecía retornos beneficiosos. Sin embargo, no tomaron en cuenta que la fácil obtención
de créditos incrementó la especulación de precios de los mismos. De igual modo, algunos indicios
eran notorios antes de que sucediera la crisis de 1929, debido a que los valores de las materias
primas y las dificultades del Reino Unido eran evidentes porque el sistema monetario para el año
1925 era confuso. Además, en el año 1927, la producción industrial alemana y el comercio
industrial se encontraban estancadas, por lo que el índice de la bolsa neoyorquina se vio
directamente afectada.
La bolsa de Nueva York en aquel entonces contaba con más de 16 millones de acciones sin
comprador. Cada vez más personas estaban dispuestas a vender las acciones que habían
adquirido, mientras que nadie quería comprarlas. Es así que la caída de la bolsa ocasionó que
varios inversionistas quebraran y quienes habían solicitado préstamos tampoco contaban con
dinero para pagar estos. Esto, además, generó una crisis en los bancos, pues a raíz de esto, hubo
un retiro masivo de los fondos por parte de los ciudadanos. Las consecuencias del crack del 29 no
se limitaron únicamente a la ciudad de New York, sino que tuvo repercusiones en países de todo
el mundo, tanto países desarrollados como en vía de desarrollo. Asimismo, la situación en Europa,
que recién se estaba recuperando de los resultados de la Primera Guerra Mundial, empeoró. Lo
que se inició como una disminución en las cotizaciones de la bolsa de New York resultó ser la
mayor crisis en la historia del capitalismo.
En conclusión, el crack del 29 funciona como un punto de partida a la reflexión, ya que si bien
antes de que empiece esta crisis, se observó un claro aumento en la compra y venta de acciones,
lo cuales fueron indicios engañosos y en consecuencia se vio un declive en las tasas de
empleabilidad, cierre de negocios, inestabilidad económica y los colapsos en el banco debido al
retiro del dinero de los clientes, generando así; deudas por parte de los bancos lo que incrementa
la crisis financiera. Sin embargo, como aspectos positivos, esto generó reformas que buscan
proteger a las empresas y la estabilidad económica del país. Sumado a ello, trajo como
consecuencia el desacuerdo del beneficio de proteccionismo por parte del Estado a los
ciudadanos a costa de los demás países, ya que debido a ello se hundió el comercio mundial. Por
otro lado, cuando las empresas privadas ya no tienen recursos para incrementar la economía, el
sector público tiene que impulsar la demanda, lo cual no se realizó en el crack de 1929.
Referencia bibliográfica: