Lectur
a
1
Las cualidades de Ish-ha
Ish-ha era un tonto. Era el hombre más tonto de
to- da la historia.
Era tan tonto que, un día, mientras estaba sentado
en la rama de un árbol, se puso a serrarla por el
tronco. Al poco, pasó un hombre y le dijo que se
iba a caer. Conque Ish-ha acabó de serrar la
rama y se cayó al suelo con ella. Luego salió
corriendo detrás del hombre que le había dicho
que se iba a caer, gritando que debía de tratarse
de un gran profeta, un vidente sin parangón en
adivinar el futuro, por haber profetizado tan
infaliblemente que él estaba a punto de caerse, solo
por haberlo visto serrando sentado en la rama.
Era un tonto de tal calibre que el Sultán se lo llevó a
vivir a su Corte, y le ofrecía grandes sumas de dinero
en recompensa de sus muchas tonterías.
Era tan tonto que, cuando murió, se puso su
nom- bre a un barrio entero de la ciudad, para
que una estupidez como la suya jamás fuese
olvidada.
El ladrón, al escuchar eso, se quitó toda la ropa
En los tiempos de Ish-ha el Tonto, vivían en la ciu- y bajó al pozo. Entonces, Ish-ha salió sin hacer
dad de Fez quince hermanos que eran ladrones. ruido, cogió la ropa del ladrón y se volvió a la
Uno de ellos se metió una noche en la casa de cama.
Ish-ha el Tonto y, como al dueño de la casa se le
No había ninguna bolsa de cuero en el fondo del
tildaba de ser el mayor tonto del reino, no le impor-
po- zo, y el agua estaba fría. Y cuando el ladrón
tó hacer ruido. Después de forzar la puerta de en-
salió de allí, su ropa había desaparecido. Sabía de
trada, anduvo por allí tropezando y dando golpes
sobra que Ish-ha se la había llevado, conque esperó
sin ningún cuidado, como si estuviese en su propia
tiritando a que Ish-ha se volviese a dormir, para
casa.
poder deslizar- se en la habitación de dentro y
Pero, en una habitación interior, estaba Ish-ha en recuperarla. Pero Ish-ha estaba ahora muy
la cama con su mujer y, al oír cómo forzaban la despejado y, cada vez que el ladrón ponía la mano
puerta, ella lo despertó: sobre el pomo de la puerta, empezaba a toser, que
era tanto como decirle: «Es- toy despierto. Te
–¡Levántate! Hay un ladrón en casa.
oigo».
Pero Ish-ha solo gruñó, y le dijo que no lo molestara.
Así continuó la cosa hasta el amanecer, y el ladrón
Al poco, ella oyó cómo el ladrón volcaba una pila
perdió la esperanza de recuperar su ropa. Si no
de platos en la cocina, armando mucho jaleo, así
que- ría que se lo encontrasen de día paseando
que despertó a Ish-ha otra vez:
desnudo por las calles de Fez, tenía que irse
–¡Levántate! Hay un ladrón y se está llevando todo lo inmediatamente; y eso fue lo que decidió hacer.
que tenemos. Pero, mientras esta- ba saliendo, Ish-ha lo oyó y le
llamó en voz alta:
–¡No me molestes, mujer! –dijo Ish-ha muy alto,
pa- ra que el ladrón le oyese–. ¡Qué más da que –Por favor, cierre la puerta al salir.
haya un ladrón! He metido todo mi dinero en una
–Si consigues un traje nuevo por cada uno que
bolsa de cuero que he escondido en el fondo del
in- tenta robar tu casa –le contestó el ladrón–, creo
pozo de la cocina. Nunca se le ocurrirá buscar
que sería mejor que la dejaras abierta.
allí.
■ LENGUA Y LITERATURA 2.° ESO ■ MATERIAL FOTOCOPIABLE © SANTILLANA 390
EDUCACIÓN, S. L. ■
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1
Las cualidades de Ish-ha
Ish-ha era un tonto. Era el hombre más tonto de
to- da la historia.
Era tan tonto que, un día, mientras estaba sentado
en la rama de un árbol, se puso a serrarla por el
tronco. Al poco, pasó un hombre y le dijo que se
iba a caer. Conque Ish-ha acabó de serrar la
rama y se cayó al suelo con ella. Luego salió
corriendo detrás del hombre que le había dicho
que se iba a caer, gritando que debía de tratarse
de un gran profeta, un vidente sin parangón en
adivinar el futuro, por haber profetizado tan
infaliblemente que él estaba a punto de caerse, solo
por haberlo visto serrando sentado en la rama.
Era un tonto de tal calibre que el Sultán se lo llevó a
vivir a su Corte, y le ofrecía grandes sumas de dinero
en recompensa de sus muchas tonterías.
Era tan tonto que, cuando murió, se puso su
nom- bre a un barrio entero de la ciudad, para
que una estupidez como la suya jamás fuese
olvidada.
El ladrón, al escuchar eso, se quitó toda la ropa
En los tiempos de Ish-ha el Tonto, vivían en la ciu- y bajó al pozo. Entonces, Ish-ha salió sin hacer
dad de Fez quince hermanos que eran ladrones. ruido, cogió la ropa del ladrón y se volvió a la
Uno de ellos se metió una noche en la casa de cama.
Ish-ha el Tonto y, como al dueño de la casa se le
No había ninguna bolsa de cuero en el fondo del
tildaba de ser el mayor tonto del reino, no le impor-
po- zo, y el agua estaba fría. Y cuando el ladrón
tó hacer ruido. Después de forzar la puerta de en-
salió de allí, su ropa había desaparecido. Sabía de
trada, anduvo por allí tropezando y dando golpes
sobra que Ish-ha se la había llevado, conque esperó
sin ningún cuidado, como si estuviese en su propia
tiritando a que Ish-ha se volviese a dormir, para
casa.
poder deslizar- se en la habitación de dentro y
Pero, en una habitación interior, estaba Ish-ha en recuperarla. Pero Ish-ha estaba ahora muy
la cama con su mujer y, al oír cómo forzaban la despejado y, cada vez que el ladrón ponía la mano
puerta, ella lo despertó: sobre el pomo de la puerta, empezaba a toser, que
era tanto como decirle: «Es- toy despierto. Te
–¡Levántate! Hay un ladrón en casa.
oigo».
Pero Ish-ha solo gruñó, y le dijo que no lo molestara.
Así continuó la cosa hasta el amanecer, y el ladrón
Al poco, ella oyó cómo el ladrón volcaba una pila
perdió la esperanza de recuperar su ropa. Si no
de platos en la cocina, armando mucho jaleo, así
que- ría que se lo encontrasen de día paseando
que despertó a Ish-ha otra vez:
desnudo por las calles de Fez, tenía que irse
–¡Levántate! Hay un ladrón y se está llevando todo lo inmediatamente; y eso fue lo que decidió hacer.
que tenemos. Pero, mientras esta- ba saliendo, Ish-ha lo oyó y le
llamó en voz alta:
–¡No me molestes, mujer! –dijo Ish-ha muy alto,
pa- ra que el ladrón le oyese–. ¡Qué más da que –Por favor, cierre la puerta al salir.
haya un ladrón! He metido todo mi dinero en una
–Si consigues un traje nuevo por cada uno que
bolsa de cuero que he escondido en el fondo del
in- tenta robar tu casa –le contestó el ladrón–, creo
pozo de la cocina. Nunca se le ocurrirá buscar
que sería mejor que la dejaras abierta.
allí.
■ LENGUA Y LITERATURA 2.° ESO ■ MATERIAL FOTOCOPIABLE © SANTILLANA 390
EDUCACIÓN, S. L. ■