Suarez, Milena Sabrina
Sociología General - Cát. B
Femicidio y violencia en perspectivas feministas
Cuestionar y profundizar para desmontar
Desde el 1 de enero al 31 de diciembre de 2020, hubo 295 femicidios en Argentina 1. Solo en
el primer trimestre del 2021, cada 35 horas ocurrió un femicidio que salió en las noticias del
día2. Cifras alarmantes en nuestro país. La pandemia, más que nunca, puso frente a nuestros
ojos un escenario de violencia que se ha potenciado en estos tiempos de encierro, pero que
está lejos de ser reciente; en él, emerge el hombre como su principal actor, cuya conducta
criminal y agresiva es justificada a nivel social, inconscientemente, quitándole la
responsabilidad de sus cínicos actos, que en realidad están profundamente inmersos en una
estructura basada en el poder y el dominio.
Los crímenes de género en la esfera doméstica, en perspectiva de Segato, muestran cómo el
hombre abusa de las mujeres que se encuentran bajo su dependencia; no sólo porque puede
hacerlo, sino porque debe hacerlo para demostrar que puede.Trata de reafirmar el dominio
que ya posee. Los cimientos que permiten ese posicionamiento de poder por encima nuestro,
por encima del control de nuestro cuerpo y de nuestra propia vida, son tan prehistóricos como
lo es la humanidad; el patriarcado como estructura política marcada por la desigualdad y la
expropiación, es la que influye y ordena hasta el ámbito más íntimo de las personas.
La capacidad y la voluntad que tienen los hombres de ejercer la violencia, sobre todo la
sexual, reduce a las mujeres a una posición social subordinada por el hecho de producir en
ellas un miedo permanente, como sostiene Brownmiller en Against our Will: Men, Women
and Rape.
Respecto a lo que busca transmitir con su accionar, coincido plenamente con Segato cuando
explica el fuerte predominio de la masculinidad instaurada en la sociedad, que no solo nos
pesa a nosotras por ser el medio que la otorga, sino también el poder que tiene en los
agresores por producir cierta necesidad de conquistar el estatus masculino. El hombre busca
consumir a la víctima para satisfacer la demanda del grupo de pares, demostrando su
condición merecedora del estatus de masculinidad.
El interrogante en el que cabe indagar frente a este panorama, es sobre la posición y
caracterización que le otorgan los medios de comunicación y la sociedad misma, al hombre y
su accionar violento y ciertamente misógino en algún punto.
En cada noticia diaria sobre crímenes contra las mujeres, sea en el ámbito doméstico o a
desconocidos en la esfera pública, es prácticamente imposible no encontrar comentarios (que
indudablemente influyen en la opinión pública) sobre el carácter de enfermedad del agresor.
En concordancia con la principal tesis feminista, los crímenes sexuales hacia las mujeres no
Sociología General - Cát. B
Femicidio y violencia en perspectivas feministas
Cuestionar y profundizar para desmontar
Desde el 1 de enero al 31 de diciembre de 2020, hubo 295 femicidios en Argentina 1. Solo en
el primer trimestre del 2021, cada 35 horas ocurrió un femicidio que salió en las noticias del
día2. Cifras alarmantes en nuestro país. La pandemia, más que nunca, puso frente a nuestros
ojos un escenario de violencia que se ha potenciado en estos tiempos de encierro, pero que
está lejos de ser reciente; en él, emerge el hombre como su principal actor, cuya conducta
criminal y agresiva es justificada a nivel social, inconscientemente, quitándole la
responsabilidad de sus cínicos actos, que en realidad están profundamente inmersos en una
estructura basada en el poder y el dominio.
Los crímenes de género en la esfera doméstica, en perspectiva de Segato, muestran cómo el
hombre abusa de las mujeres que se encuentran bajo su dependencia; no sólo porque puede
hacerlo, sino porque debe hacerlo para demostrar que puede.Trata de reafirmar el dominio
que ya posee. Los cimientos que permiten ese posicionamiento de poder por encima nuestro,
por encima del control de nuestro cuerpo y de nuestra propia vida, son tan prehistóricos como
lo es la humanidad; el patriarcado como estructura política marcada por la desigualdad y la
expropiación, es la que influye y ordena hasta el ámbito más íntimo de las personas.
La capacidad y la voluntad que tienen los hombres de ejercer la violencia, sobre todo la
sexual, reduce a las mujeres a una posición social subordinada por el hecho de producir en
ellas un miedo permanente, como sostiene Brownmiller en Against our Will: Men, Women
and Rape.
Respecto a lo que busca transmitir con su accionar, coincido plenamente con Segato cuando
explica el fuerte predominio de la masculinidad instaurada en la sociedad, que no solo nos
pesa a nosotras por ser el medio que la otorga, sino también el poder que tiene en los
agresores por producir cierta necesidad de conquistar el estatus masculino. El hombre busca
consumir a la víctima para satisfacer la demanda del grupo de pares, demostrando su
condición merecedora del estatus de masculinidad.
El interrogante en el que cabe indagar frente a este panorama, es sobre la posición y
caracterización que le otorgan los medios de comunicación y la sociedad misma, al hombre y
su accionar violento y ciertamente misógino en algún punto.
En cada noticia diaria sobre crímenes contra las mujeres, sea en el ámbito doméstico o a
desconocidos en la esfera pública, es prácticamente imposible no encontrar comentarios (que
indudablemente influyen en la opinión pública) sobre el carácter de enfermedad del agresor.
En concordancia con la principal tesis feminista, los crímenes sexuales hacia las mujeres no