desarrollar actividades físicas:
Ley 24241 – Jubilaciones y pensiones:
Se dispuso la unificación del Sistema Integrado de Jubilaciones y Pensiones en un único
régimen provisional público que se denominará Sistema Integrado Previsional Argentino
(SIPA), financiado a través de un sistema solidario de reparte, garantizando a los afiliados y
beneficiarios del régimen de capitalización vigente hasta el 9 de diciembre de 2008 idéntica
cobertura y tratamiento que la brindada por el régimen previsional público, en cumplimiento del
art 14 bis de la Constitución Nacional. Tiene alcance nacional y cubrirá las contingencias de la
vejez, invalidez y muerte y se integrará al Sistema Único de Seguridad Social (SUSS).
Están obligatoriamente comprendidas las personas físicas mayores de 18 años que sean
funcionarios, empleados o agentes estatales, provinciales, o municipales; personal civil de las
fuerzas armadas, de seguridad y policiales; empleado en relación de dependencia del sector
privado; empleados que empezaron trabajando en el país y ahora prestan servicios en el
extranjero. Directores, administradores o conductores de una empresa; profesional graduado en
universidad que trabaje para el Poder Ejecutivo; productor o cobrador de seguros, siempre y
cuando no sea en relación de dependencia. Personas al servicio de representantes y agentes
diplomáticos o consulares acreditados en el país también están incluidas.
Se incorporarán de forma voluntaria los directores de sociedades anónimas con la misma
remuneración que en relación de dependencia; los miembros del clero y de organizaciones
religiosas; los titulares de condominios que no exploten; los miembros de consejos de
administración de cooperativas que no reciban retribución alguna; profesionales no académicos
autorizados; amas de casa. Quedan exceptuadas las personas contratadas en el extranjero para
prestar servicios en el país por un plazo no mayor a 2 años.
Los aportes y contribuciones obligatorios se calcularán tomando como base las
remuneraciones y rentas de referencias. El aporte personal de los trabajadores en relación de
dependencia será del 11%, la contribución a cargo de los empleadores del 16% y el aporte
personal de los trabajadores autónomos será del 27%. Serán ingresados a través del SUSS y
deberán ser declarados e ingresados por el autónomo o el empleador, según corresponda.
El régimen instituido otorga prestación básica universal, prestación compensatoria, retiro
por invalidez, pensión por fallecimiento, prestación adicional por permanencia y prestación por
edad avanzada. Las prestaciones solo corresponden a los titulares, no se ven afectadas por
terceros, son inembargables, son imprescriptibles y sólo se extinguen por las causas previstas
por la ley. Además, son financiadas por los aportes de los afiliados, las contribuciones a cargo
de los empleadores, 16% de los 27% correspondiente a los aportes de los trabajadores
autónomos, la recaudación del Impuesto a las Ganancias, los recursos adicionales que
anualmente fije el Congreso, intereses, multas, recargos y rentas provenientes de inversiones.
Tendrán derecho a la prestación básica universal (PBU) y todas los demás beneficios
establecidos hombres que cumplieron 65 años, mujeres que cumplieron 60 años, afiliados que
acrediten 30 años de servicios con aportes computables. Las mujeres pueden optar por continuar
trabajando hasta los 65 años. Se puede compensar el exceso de edad con falta de servicios en la
proporción de dos años de edad excedentes por uno de servicios faltante. Tendrán derecho a la
prestación compensatoria los que acrediten los requisitos para acceder a la PBU, los que
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,acrediten servicios con aportes comprendidos en el sistema de reciprocidad jubilatorio o que no
se encuentren percibiendo retiro por invalidez.
Spengler, M. I. – Cambios hemodinámicos y regulación de la temperatura corporal
en el adulto mayor:
El envejecimiento del aparato cardiovascular está asociado a cambios bioquímicos,
histológicos y morfológicos, aunque no por ello hay que asociarlos a un deterioro de la función
que determinan. Las principales características de este proceso reflejan cambios anatómicos y
estructurales a nivel de la pared de los vasos sanguíneos, en la relajación miocárdica, en el
llenado ventricular y en la respuesta a las catecolaminas. A nivel cardíaco hay reemplazo de
miocitos por fibroblastos, que provocan un remodelamiento ventricular y la hipertrofia tisular,
con disminución de las células especializadas del sistema cardionector.
Las paredes arteriales también sufren cambios, se ve un engrosamiento de la íntima
arterial y una mayor fibrosis de la capa media muscular arterial lo que da como resultado una
disminución de la adaptabilidad de los estos vasos sanguíneos a los cambios de presión y/o
volumen. Al ser las arterias menos distensibles, la resistencia periférica está aumentada, y
mientras la presión diastólica no manifiesta cambios, la presión sistólica será superior a la que
corresponde en edades más tempranas. La aparición de respuestas diferentes frente a las
demandas propias de esta etapa o algo exigidas para la edad, que le generan al corazón la
probabilidad de desarrollar alguna susceptibilidad, se conoce como presbicardia.
Con respecto al adulto joven, el adulto mayor presenta en reposo, una disminución de la
frecuencia cardíaca, en el volumen sistólico y en el gasto cardíaco. Cuando el adulto mayor
realiza una actividad física, en el momento del ejercicio máximo la frecuencia cardíaca
disminuye notablemente lo que refleja menor capacidad de respuesta beta-adrenérgica. Debido a
que el gasto cardíaco se mantiene sin mayores variaciones, el corazón debe incrementar los
volúmenes al final de la diástole y de la sístole. Este aumento de la precarga que implica un
mayo trabajo cardíaco, sumado al mayor esfuerzo para bombear la sangre a las arterias
(resistencia aumentada por disminución de la distensibilidad) y a la presión sanguínea más alta
determinan el desarrollo de una hipertrofia cardíaca.
Como los mecanismos de reserva del miocardio se utilizan para mantener la función
normal durante la adultez mayor, estas personas son más vulnerables al desarrollo de alguna
disfunción cardíaca cuando se superpone alguna enfermedad o patología concomitante. La
disfunción diastólica en los adultos mayores (retraso del llenado ventricular izquierdo y mayor
presión diastólica ventricular izquierda) se observa tanto en reposo como en el ejercicio. Estas
personas se hacen entonces dependientes en mayor medida de la contracción auricular para un
efectivo llenado del ventrículo izquierdo.
Las cardiopatías constituyen la principal causa de mortalidad, y el índice de enfermedad
coronaria, en el octavo y noveno decenio de la vida, es del 50%, de allí la importancia de
conocer los cambios fisiológicos que a nivel cardiovascular se producen en esta etapa. Muchas
veces estas modificaciones suelen modificar el cuadro clínico de la enfermedad cardíaca.
El índice cardíaco (gasto cardíaco por m2 de superficie corporal) disminuye
proporcionalmente con la edad en 0,25 l.min.-1.m-2/década, desde la adolescencia, momento que
es por término medio 4,4 l.min.-1.m2, hasta la edad adulta que es 3,5 l.min. -1.m-2 en la cuarta
década y 2,4 l.min.-1.m-2 en la octava década. Este parámetro resulta de importancia en los
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, aspectos diagnósticos de la patología cardíaca, ya que su disminución induce a pensar en las
consecuencias que el hipoflujo genera para los diferentes tejidos.
Se observó que no siempre la presión sistólica está aumentada en el adulto mayor. Se
conocen poblaciones en las que la presión arterial no se eleva con la edad. Todas son etnias
aisladas, homogéneas con escasos contactos o ninguno con el modelo occidental de civilización
industrializada. El factor más verosímil al que atribuir esta consecuencia es el sodio. Todas estas
poblaciones se caracterizan por la escasez de sodio en su régimen alimenticio. Además estos
hombres realizan ejercicio físico de manera regular y sostenida. Cuando los sujetos procedentes
de grupos étnicos pequeños son trasladados a un país industrializado, la presión arterial
comienza a elevarse con la edad así como sucede en los autóctonos.
Los cambios que se observan en la regulación de la temperatura en adultos mayores
demuestran la limitación de los mecanismos homeostáticos que aparecen conforme avanza la
edad. Las personas mayores tienen una menor capacidad de adaptación frente a temperaturas
ambientales extremas. Los estados de hipotermia e hipertermia son trastornos que predominan
en este grupo etario, con mayor frecuencia respecto a los adultos más jóvenes. Estudios
realizados en el Reino Unido revelan que la hipotermia es un hallazgo frecuente entre la
población geriátrica durante el invierno, cuando los hogares se mantienen a menos de 21°C.
El centro termorregulador mantiene la temperatura corporal a través del control de la
transpiración, los procesos de vasoconstricción y vasodilatación, la termogénesis química y la
producción de temblores.
En la hipertermia, las principales manifestaciones observadas son los efectos en la piel
por una inadecuada percepción del calor, la mayor probabilidad de deshidratación y la
modificación de reacciones enzimáticas, como así también la disminución o ausencia de
transpiración, frecuentemente observada en los adultos mayores. En cuando a la hipotermia, los
cambios que se evidencian son la disminución de la sensibilidad al frío y una respuesta
subnormal a la vasoconstricción refleja, reactiva al frío que sufren los adultos mayores, con la
consiguiente pérdida de calor que autoagravaría el cuadro, y la disminución de reacciones
enzimáticas.
Agüero, R. – Persistencia de funciones compensatorias en el adulto mayor:
No obstante la declinación fisiológica que se produce en el adulto mayor, algunas
funciones continúan siendo capaces de ajustes dinámicos aún en edad avanzada. Un ejemplo de
ello es la persistencia de competencia y capacidad compensatoria en el sistema cardiovascular,
aun siendo éste el más susceptible de patología durante el envejecimiento. Las enfermedades
cardiovasculares siguen siendo la principal causa de muerte en ambos sexos más aún en la edad
mayor. Pero el individuo mayor que presenta una circulación coronaria adecuada, el volumen
minuto cardíaco en reposo, la frecuencia cardíaca y el tamaño del corazón – al finalizar la
diástole y la sístole – no cambian substancialmente.
Entre los 20 y los 80 años la velocidad a la cual se llena el ventrículo izquierdo
tempranamente durante la diástole declina de manera marcada. Sin embargo, un incremento en
el lleno durante la diástole tardía mantiene el volumen diastólico adecuado en el sujeto anciano.
El miocardio permanece capaz de una hipertrofia adaptativa para mantener el volumen cardíaco
normal y la función de bomba en presencia de incrementos moderados de la presión sistólica.
Esta respuesta fisiológica adaptativa es mediada a través de la hiperplasia de células musculares
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