Elevaciones (sierras y montañas)
La orogénesis y la epirogénesis pueden dar lugar a la formación de sierras y montañas. A su
vez, las elevaciones luego pueden ser modeladas por procesos exógenos; por ejemplo, los
glaciares transportan sedimentos hacia sectores más bajos, a la vez que dan lugar a la
formación de amplios valles. La orogénesis ha dado lugar a la cordillera de los Andes. Este
cordón montañoso se formó a partir de la colisión entre la placa oceánica del Pacífico y la placa
continental de Nazca. Debido a que la placa oceánica es más densa, tiende a hundirse. El
desplazamiento genera presión en el oeste del continente, que tiende a elevarse y plegarse.
Un fenómeno asociado a la orogénesis es el vulcanismo. A medida que la placa Pacífica se
adentra en el interior de la Tierra, se calienta y empieza a fundirse. En consecuencia, parte del
magma asciende y produce erupciones volcánicas. Una vez que la lava se enfría, se solidifica y
se transforma en roca. Las sucesivas erupciones pueden conformar conos más o menos
empinados, como el volcán Copahue (provincia de Neuquén). Por su parte, la epirogénesis ha
dado lugar a los sistemas de Tandilia y Ventania (provincia de Buenos Aires). Estos se formaron
a partir de la fractura y ascenso del macizo de Brasilia, un basamento de roca antigua y
compacta que se extiende hasta el centro de la Argentina.
Mesetas y planicies de altura
Las mesetas son extensas planicies ubicadas a cientos de metros sobre el nivel del mar. En
ellas, si bien es común que aparezcan algunas montañas aisladas o en grupos, el relieve es
predominantemente plano. En algunos casos, también se presentan en forma escalonada. Las
mesetas se forman tanto por procesos endógenos, como exógenos. Habitualmente, las
mesetas se originan por procesos epirogénicos. El territorio de nuestro país está atravesado
por dos grandes macizos: el de Brasilia y el Patagónico. Hace aproximadamente diez millones
de años, cuando se formó la cordillera de los Andes, las fuerzas tectónicas producto de ese
movimiento provocaron fracturas en estos basamentos. En consecuencia, algunos bloques se
elevaron y otros descendieron, lo que dio lugar a la formación de las mesetas misionera y
patagónica, respectivamente.
La puna, un altiplano ubicado en el noroeste argentino, también se formó de esta manera. Los
altiplanos, también conocidos como altiplanicies o planicies de altura, son mesetas ubicadas a
miles metros sobre el nivel del mar (en algunos casos alcanzan los 5.000 m). Por lo general, se
trata de relieves intermontanos, es decir, que se desarrollan entre distintos cordones
montañosos relativamente paralelos entre sí. En el caso de la puna, el relieve fue et resultado
de las fuerzas compresivas ejercidas por la cordillera de los Andes, que hicieron que el bloque
fracturado se elevara. La puna se encuentra encerrada por Las cordilleras Oriental y Principal,
ubicadas al este y oeste de la planicie, respectivamente. Por su parte, el vulcanismo también
puede dar lugar a relieves amesetados. Cuando en una región se producen numerosas
erupciones volcánicas, las coladas de iqva pueden acumularse y dar lugar a estructuras rocosas
relativamente horizontales. De esta forma surgió La Payunia, un amplio sector en la provincia
de Mendoza. Por su parte, las mesetas también se pueden formar en zonas bajas, a partir de la
acumulación de sedimentos provenientes de sectores montañosos. A lo largo de millones de
años, los sedimentos van rellenando los espacios libres y formando zonas planas,
especialmente en los valles. Sin embargo, es importante considerar que, la mayoría de las
veces, la formación de las mesetas se da a partir de una combinación de procesos endógenos y
exógenos. Por ejemplo, la puna se formó a partir de procesos epirogénicos, pero también fue
La orogénesis y la epirogénesis pueden dar lugar a la formación de sierras y montañas. A su
vez, las elevaciones luego pueden ser modeladas por procesos exógenos; por ejemplo, los
glaciares transportan sedimentos hacia sectores más bajos, a la vez que dan lugar a la
formación de amplios valles. La orogénesis ha dado lugar a la cordillera de los Andes. Este
cordón montañoso se formó a partir de la colisión entre la placa oceánica del Pacífico y la placa
continental de Nazca. Debido a que la placa oceánica es más densa, tiende a hundirse. El
desplazamiento genera presión en el oeste del continente, que tiende a elevarse y plegarse.
Un fenómeno asociado a la orogénesis es el vulcanismo. A medida que la placa Pacífica se
adentra en el interior de la Tierra, se calienta y empieza a fundirse. En consecuencia, parte del
magma asciende y produce erupciones volcánicas. Una vez que la lava se enfría, se solidifica y
se transforma en roca. Las sucesivas erupciones pueden conformar conos más o menos
empinados, como el volcán Copahue (provincia de Neuquén). Por su parte, la epirogénesis ha
dado lugar a los sistemas de Tandilia y Ventania (provincia de Buenos Aires). Estos se formaron
a partir de la fractura y ascenso del macizo de Brasilia, un basamento de roca antigua y
compacta que se extiende hasta el centro de la Argentina.
Mesetas y planicies de altura
Las mesetas son extensas planicies ubicadas a cientos de metros sobre el nivel del mar. En
ellas, si bien es común que aparezcan algunas montañas aisladas o en grupos, el relieve es
predominantemente plano. En algunos casos, también se presentan en forma escalonada. Las
mesetas se forman tanto por procesos endógenos, como exógenos. Habitualmente, las
mesetas se originan por procesos epirogénicos. El territorio de nuestro país está atravesado
por dos grandes macizos: el de Brasilia y el Patagónico. Hace aproximadamente diez millones
de años, cuando se formó la cordillera de los Andes, las fuerzas tectónicas producto de ese
movimiento provocaron fracturas en estos basamentos. En consecuencia, algunos bloques se
elevaron y otros descendieron, lo que dio lugar a la formación de las mesetas misionera y
patagónica, respectivamente.
La puna, un altiplano ubicado en el noroeste argentino, también se formó de esta manera. Los
altiplanos, también conocidos como altiplanicies o planicies de altura, son mesetas ubicadas a
miles metros sobre el nivel del mar (en algunos casos alcanzan los 5.000 m). Por lo general, se
trata de relieves intermontanos, es decir, que se desarrollan entre distintos cordones
montañosos relativamente paralelos entre sí. En el caso de la puna, el relieve fue et resultado
de las fuerzas compresivas ejercidas por la cordillera de los Andes, que hicieron que el bloque
fracturado se elevara. La puna se encuentra encerrada por Las cordilleras Oriental y Principal,
ubicadas al este y oeste de la planicie, respectivamente. Por su parte, el vulcanismo también
puede dar lugar a relieves amesetados. Cuando en una región se producen numerosas
erupciones volcánicas, las coladas de iqva pueden acumularse y dar lugar a estructuras rocosas
relativamente horizontales. De esta forma surgió La Payunia, un amplio sector en la provincia
de Mendoza. Por su parte, las mesetas también se pueden formar en zonas bajas, a partir de la
acumulación de sedimentos provenientes de sectores montañosos. A lo largo de millones de
años, los sedimentos van rellenando los espacios libres y formando zonas planas,
especialmente en los valles. Sin embargo, es importante considerar que, la mayoría de las
veces, la formación de las mesetas se da a partir de una combinación de procesos endógenos y
exógenos. Por ejemplo, la puna se formó a partir de procesos epirogénicos, pero también fue