Las personas que sufren alguna lesión cerebral ven su vida alterada de manera drástica,
debido a que todo ocurre en un instante, dichas alteraciones son muy diversas tanto a nivel físico
como neuropsicológico, sin embargo, las que provocan más limitaciones discapacitantes son las
neuropsicológicas. Los déficits cognitivos pueden llegar a ser muy variados, por ejemplo:
alteraciones en el estado de alerta general, deficiencias de percepción y memoria, aprendizaje,
velocidad de procesamiento de la información, déficit de concentración o problemas de
comunicación verbal. Otros cambios incluyen déficits en la iniciación y planificación de
comportamientos propositivos, razonamiento, juicio, rigidez, minimización, sobre generalización
y pensamiento concreto. En cuanto a la conducta, se observa irritabilidad, agresividad,
comportamiento pueril, desinhibición, apatía o escasa iniciativa. Los cambios emocionales
pueden incluir pérdida de autoestima, depresión, ansiedad, ira, impotencia, resentimiento y
desesperación.
NeuroPsicoterapia: entendida como la aplicación de la psicoterapia en personas con
daño cerebral, tiene como objetivo reducir el sufrimiento psicológico/emocional, promover una
actitud activa de compromiso con la vida tal y como es tras la lesión y restablecer un sentido de
propósito o significado a la vida. Otra de las definiciones es la de iluminación progresiva, ya que
se espera que la persona pueda ir visualizando la situación paso a paso o de forma gradual.
Conciencia, aceptación y realismo: No hay que confundir la alteración de la conciencia
de déficit con la negación psicológica; en esta última, la persona sabe cuál es su situación, sin
embargo no la admite. El proceso de aceptación implica aprender a percibir el daño cerebral
como parte de ello, y no como un todo. Sin negar el dolor y sufrimiento que pueden causar las
pérdidas asociadas a una condición neurológica, el principal desafío es aceptar que la lesión es
una parte de la vida, pero no toda la vida.
‘Reacciones catastróficas’: son personas que al ver que tras la lesión no pueden
desarrollar una actividad que antes desempeñaban sin dificultad. Son más propensas a padecerla
las personas que siempre se les dificultó la regulación del autoestima.
La mejora de la conciencia, y una mayor capacidad de aceptación, han de permitir a la
persona comenzar a perseguir metas alcanzables y restaurar un sentido de productividad y
significado en
su vida, aunque sea en una dirección muy diferente a la anterior a la lesión.
, La neuropsicoterapia no tiene nada de mágico. Es un proceso relacional donde tanto el
profesional como el paciente participan de manera activa; el profesional no hace terapia al
paciente, sino que la terapia surge de la interacción entre ambos.
Al igual que en la psicoterapia convencional, el terapeuta debe ser competente, estar
disponible, mostrar sentido común, empatía y optimismo. Además, la psicoterapia con personas
con daño cerebral requiere que el terapeuta actúe como agente para la generalización y adopte
una actitud directiva.
Es preciso que el terapeuta esté familiarizado con los problemas y necesidades de las
personas con daño cerebral. Con el fin de poder intervenir adecuadamente, es esencial que éste
comprenda la naturaleza y gravedad del daño cerebral orgánico, el significado que el afectado da
a su experiencia y su identidad después de la lesión, así como las consecuencias psicosociales de
estos cambios para él/ella. Como profesionales tenemos que adaptar la neuropsicoterapia a las
necesidades, circunstancias y capacidades del paciente. Ésta no puede, ni debe, aplicarse del mis
modo a todos los pacientes; no hay un patrón de tratamiento estándar para aquellas
personas que han sufrido un TCE, un ictus u otras patologías neurológicas. Resulta fundamental
tener presente que debemos ofrecer respuestas de acuerdo a soluciones individuales y específicas
para cada caso concreto.
Algunos comportamientos observados en el paciente tras la lesión:
-El tipo, gravedad, forma de aparición, localización y extensión de la patología cerebral.
-La naturaleza de la discapacidad.
-El significado otorgado a la discapacidad por el sujeto en función de sus experiencias y
valores
premórbidos.
-El medio en el que el comportamiento se manifiesta y es observado.
Los déficit cognitivos pueden generar muchos retos para las personas terapeutas, ya que
pueden alterar el lenguaje, la comprensión, funciones ejecutivas, puede haber dificultad para
gestionar y controlar la propia conducta o estados emocionales, tanto propios como ajenos, entre
otros, por esta razón es necesario que el profesional modifique su manera de interactuar con
personas que presentan déficits cognitivos, como por ejemplo, reduciendo la velocidad del
discurso, comunicarse de manera clara, concisa y directa, plasmar en un soporte físico las ideas
más relevantes tratadas en la sesión o utilizar ayudas no verbales que apoyan su discurso son