Los Jeroglíficos Egipcios
Desde el comienzo de la historia egipcia, la escritura y el arte fueron inseparables. Antes del año
3000 a.C. los escribas establecieron los signos y principios de la escritura jeroglífica y, al mismo tiempo, los
artistas crearon convenciones para la representación de figuras y objetos en escultura, relieve y pintura. En
consecuencia, la mayor parte de las obras de arte egipcias son, en realidad, una representación de mayor
tamaño de las figuras jeroglíficas. Se tuvo tanto cuidado en dibujar jeroglíficos como en la creación de
imágenes artísticas. No es sorprendente, entonces, que en el idioma del Egipto antiguo la misma palabra
“sekh” fuera utilizada para los verbos “escribir”, “dibujar” y “pintar”.
La palabra “jeroglífico” proviene del griego. Los griegos vieron estas inscripciones principalmente
en las paredes de los templos egipcios, y les dieron el nombre de “signos sagrados”.
Para cumplir con su trabajo, los escribas necesitaban saber y dibujar perfectamente más de 700
jeroglíficos. Éste tipo de escritura se utilizaba mayormente en los textos religiosos, mientras que para textos
administrativos se usaba la escritura hierática (que permitía mayor rapidez). Hacia el año 600 a.C. esta
escritura hierática se fue sustituyendo en los textos no religiosos por una nueva forma de escritura: la
demótica.
Dentro de los jeroglíficos egipcios algunas figuras representan al objeto concreto (por ejemplo
“tierra”1). Sin embargo, una gran cantidad de palabras no pueden ser expresadas mediante imágenes (por
ejemplo “vida”2). Para escribir este tipo de palabras los egipcios emplearon un método que usa las figuras no
para denotar esas cosas en sí mismas, sino para referirse a palabras –o partes de palabras- que suenan
parecido. Estos signos son llamados fonogramas o signos sonoros. Por ejemplo, el jeroglífico que se ve como
un pato es también el sonido de la palabra “hijo”, por lo que puede usarse en ambos sentidos.
Además, existieron jeroglíficos que se utilizaban como las consonantes de nuestro alfabeto moderno,
y otros que representaban la combinación de dos o más consonantes. Los egipcios no escribían las vocales,
por lo que, en muchos casos, el sonido de algunas palabras y nombres se desconoce en la actualidad.
Los jeroglíficos pueden ser escritos de izquierda a derecha o de derecha a izquierda, y es usual verlos
escritos en ambos sentidos en relieves y pinturas murales. Para saber en qué sentido leer se debe buscar el
sentido en que miran las figuras o los animales en la escritura, y empezar desde ese sentido hacia la cara de
la figura. Por ejemplo, si una figura de un pato mira hacia la derecha, se debe leer en sentido derecha-
izquierda. Las líneas de jeroglíficos también pueden acomodarse de manera horizontal o vertical.
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Desde el comienzo de la historia egipcia, la escritura y el arte fueron inseparables. Antes del año
3000 a.C. los escribas establecieron los signos y principios de la escritura jeroglífica y, al mismo tiempo, los
artistas crearon convenciones para la representación de figuras y objetos en escultura, relieve y pintura. En
consecuencia, la mayor parte de las obras de arte egipcias son, en realidad, una representación de mayor
tamaño de las figuras jeroglíficas. Se tuvo tanto cuidado en dibujar jeroglíficos como en la creación de
imágenes artísticas. No es sorprendente, entonces, que en el idioma del Egipto antiguo la misma palabra
“sekh” fuera utilizada para los verbos “escribir”, “dibujar” y “pintar”.
La palabra “jeroglífico” proviene del griego. Los griegos vieron estas inscripciones principalmente
en las paredes de los templos egipcios, y les dieron el nombre de “signos sagrados”.
Para cumplir con su trabajo, los escribas necesitaban saber y dibujar perfectamente más de 700
jeroglíficos. Éste tipo de escritura se utilizaba mayormente en los textos religiosos, mientras que para textos
administrativos se usaba la escritura hierática (que permitía mayor rapidez). Hacia el año 600 a.C. esta
escritura hierática se fue sustituyendo en los textos no religiosos por una nueva forma de escritura: la
demótica.
Dentro de los jeroglíficos egipcios algunas figuras representan al objeto concreto (por ejemplo
“tierra”1). Sin embargo, una gran cantidad de palabras no pueden ser expresadas mediante imágenes (por
ejemplo “vida”2). Para escribir este tipo de palabras los egipcios emplearon un método que usa las figuras no
para denotar esas cosas en sí mismas, sino para referirse a palabras –o partes de palabras- que suenan
parecido. Estos signos son llamados fonogramas o signos sonoros. Por ejemplo, el jeroglífico que se ve como
un pato es también el sonido de la palabra “hijo”, por lo que puede usarse en ambos sentidos.
Además, existieron jeroglíficos que se utilizaban como las consonantes de nuestro alfabeto moderno,
y otros que representaban la combinación de dos o más consonantes. Los egipcios no escribían las vocales,
por lo que, en muchos casos, el sonido de algunas palabras y nombres se desconoce en la actualidad.
Los jeroglíficos pueden ser escritos de izquierda a derecha o de derecha a izquierda, y es usual verlos
escritos en ambos sentidos en relieves y pinturas murales. Para saber en qué sentido leer se debe buscar el
sentido en que miran las figuras o los animales en la escritura, y empezar desde ese sentido hacia la cara de
la figura. Por ejemplo, si una figura de un pato mira hacia la derecha, se debe leer en sentido derecha-
izquierda. Las líneas de jeroglíficos también pueden acomodarse de manera horizontal o vertical.
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