TAINE, HIPÓLITO, Filosofía del Arte, Buenos Aires, El Ateneo, 1992.
Capítulo II
De la producción de la Obra de Arte
“Examinada ya ante vosotros la naturaleza de la obra de arte, queda por estudiar la ley de su
producción. Esta ley puede, a primera vista, expresarse así:
«La obra de arte está determinada por el conjunto que resulta del estado general del espíritu y
de las costumbres circundantes.»
Os lo anunciaba la vez pasada; ahora vamos a demostrarlo.” Pág. 27
“Esta ley descansa en dos clases de pruebas: la una, de experiencia; la otra, de
razonamiento.” Pág. 27
I
“Para hacer comprensible esta armonía, tomemos de nuevo una comparación de que ya nos
hemos servido una obra de arte y una planta, y observemos en qué circunstancias una planta o
una especie de plantas, (…) podría desarrollarse y propagarse en un terreno.” Pág. 27
II
, “(…), hay una temperatura moral, que resulta del estado general de las costumbres y de los
espíritus, y que obra de las misma manera que la otra. (…) Según todas las apariencias, ocurre lo
mismo con los espíritus que con los cuerpos, (…). Una cierta temperatura moral es necesaria para
que determinados talentos se desarrollen; si no existe, se malogran. (…), si cambia esta
temperatura, la especie de talentos cambiará también; si llega a ser contraria, la especie de
talentos se hará contraria; y, en general, podemos pensar que la temperatura moral hace una
elección entre las diferentes especies de talentos, (...). (…), los talentos que quieran avanzar en
otro sentido, encontrarían cerrada la salida; la presión del espíritu público y de las costumbres
circundantes los comprometen o los desvían, imponiéndoles un florecimiento determinado.” Pág.
29
III
“Es preciso señalar, en primer lugar, que las desgracias que aquejan al público, aquejan
también al artista. Puesto que es un cabeza dentro del rebaño, sufre también la suerte del rebaño.
(…). Este es un primer efecto del medio.” Pág. 30-31
“Pues lo que le hace ser al artista es el hábito de desligar en los objetos el carácter esencial y
los rasgos salientes; los otros hombres sólo ven fragmentos; él percibe el conjunto y el espíritu lo
rige. (…) Auna más, a causa de este exceso de imaginación, de este instinto de exageración que le
Capítulo II
De la producción de la Obra de Arte
“Examinada ya ante vosotros la naturaleza de la obra de arte, queda por estudiar la ley de su
producción. Esta ley puede, a primera vista, expresarse así:
«La obra de arte está determinada por el conjunto que resulta del estado general del espíritu y
de las costumbres circundantes.»
Os lo anunciaba la vez pasada; ahora vamos a demostrarlo.” Pág. 27
“Esta ley descansa en dos clases de pruebas: la una, de experiencia; la otra, de
razonamiento.” Pág. 27
I
“Para hacer comprensible esta armonía, tomemos de nuevo una comparación de que ya nos
hemos servido una obra de arte y una planta, y observemos en qué circunstancias una planta o
una especie de plantas, (…) podría desarrollarse y propagarse en un terreno.” Pág. 27
II
, “(…), hay una temperatura moral, que resulta del estado general de las costumbres y de los
espíritus, y que obra de las misma manera que la otra. (…) Según todas las apariencias, ocurre lo
mismo con los espíritus que con los cuerpos, (…). Una cierta temperatura moral es necesaria para
que determinados talentos se desarrollen; si no existe, se malogran. (…), si cambia esta
temperatura, la especie de talentos cambiará también; si llega a ser contraria, la especie de
talentos se hará contraria; y, en general, podemos pensar que la temperatura moral hace una
elección entre las diferentes especies de talentos, (...). (…), los talentos que quieran avanzar en
otro sentido, encontrarían cerrada la salida; la presión del espíritu público y de las costumbres
circundantes los comprometen o los desvían, imponiéndoles un florecimiento determinado.” Pág.
29
III
“Es preciso señalar, en primer lugar, que las desgracias que aquejan al público, aquejan
también al artista. Puesto que es un cabeza dentro del rebaño, sufre también la suerte del rebaño.
(…). Este es un primer efecto del medio.” Pág. 30-31
“Pues lo que le hace ser al artista es el hábito de desligar en los objetos el carácter esencial y
los rasgos salientes; los otros hombres sólo ven fragmentos; él percibe el conjunto y el espíritu lo
rige. (…) Auna más, a causa de este exceso de imaginación, de este instinto de exageración que le