POESÍA DE 1939-2020
El desenlace de la Guerra Civil y la posterior consolidación del régimen de Franco hicieron que
se rompiera bruscamente con las tendencias literarias anteriores a la guerra. La Edad de Plata
de la literatura se truncó ya que muchos autores mueren como Federico García Lorca o Miguel
Hernández; otros se ven obligados a partir al exilio como Juan Ramón Jiménez, Luis Cernuda o
León Felipe, entre otros. Los intelectuales que se quedaron se vieron sometidos a la censura, a
través de la cual el régimen procuraba evitar que en la literatura aparecieran críticas al sistema
político, al catolicismo o a la moral imperante. Durante más de dos décadas, España vivió
aislada de los movimientos literarios europeos.
En el grupo del 36 se encuentra Miguel Hernández. Nos situamos entre 1926 y 1939 donde se
desarrolló una literatura de propaganda ideológica. La figura y la obra de Miguel Hernández se
presentan a caballo entre el grupo del 27, del que es considerado por muchos críticos como
“epígono genial”, y la Generación del 36. En su poesía abordan tres temas: el sentimiento
trágico de la vida donde la pena y el sufrimiento son protagonistas de la vida, el amor y el
compromiso social y político. En sus primeras obras destaca la preocupación por la forma ( El
rayo que no cesa), pero, posteriormente, su poesía estará marcada por el compromiso con el
hombre del pueblo (Cancionero y Romancero de ausencias )
En la década de los 40, surgen dos corrientes poéticas muy distintas en cuanto a sus temas,
formas y visión de la realidad; Dámaso Alonso denominó “poesía arraigada” a la de los poetas
agrupados en torno a las revistas Garcilaso y Escorial. En su creación no se refleja la desolación
de la posguerra, abordan temas humanos, pero evitan la realidad social. Se trata de una poesía
más optimista. Destacan Luis Rosales (La casa encendida), Leopoldo Panero y Dionisio
Ridruejo. “La poesía desarraigada” refleja la angustia existencial del poeta y su disconformidad
con el mundo que le rodea. Muestra un testimonio desgarrado de la posguerra. Su estilo está
cargado de violentas exclamaciones a través de las cuales dan rienda suelta a la desesperación
interior. 1944 es el año más importante para la poesía de esta década, pues en el aparecen dos
obras mayores y que dejan huella en las siguientes generaciones: Hijos de la ira (Dámaso
Alonso) y Sombra del paraíso (Vicente Aleixandre)
En los 50, la poesía desarraigada desembocará en la poesía social, que cobrará un auge que se
mantendrá hasta los sesenta. La poesía se va a convertir en testimonio y denuncia. El lenguaje
ahora será sobrio y el estilo sencillo, coloquial y directo; los temas la solidaridad con el
proletariado, injusticias sociales y el recuerdo de la Guerra Civil. La censura era menos rígida y
por ello apareció una poesía comprometida. Blas de Otero, presenta una síntesis de la poesía
compuesta desde la Guerra civil, pasa de la «poesía arraigada» a la «desarraigada». Busca el
sentido de la existencia en Ángel fieramente humano; evoluciona a una poesía social, con
temas como la situación de España y el compromiso social ( Pido la paz y la palabra); y una
última etapa caracterizada por la búsqueda de nuevas formas expresivas. El último, José
Hierro, escribe poesía realista. Su lenguaje tiende a la objetividad, la narración, el diálogo y lo
coloquial. Escribe sobre la fragilidad de la vida, el amor, la muerte… Su poesía va desde la
frustración existencial en Tierra sin nosotros, a la experiencia amorosa y nostalgia en Con las
piedras, con el viento.
El desenlace de la Guerra Civil y la posterior consolidación del régimen de Franco hicieron que
se rompiera bruscamente con las tendencias literarias anteriores a la guerra. La Edad de Plata
de la literatura se truncó ya que muchos autores mueren como Federico García Lorca o Miguel
Hernández; otros se ven obligados a partir al exilio como Juan Ramón Jiménez, Luis Cernuda o
León Felipe, entre otros. Los intelectuales que se quedaron se vieron sometidos a la censura, a
través de la cual el régimen procuraba evitar que en la literatura aparecieran críticas al sistema
político, al catolicismo o a la moral imperante. Durante más de dos décadas, España vivió
aislada de los movimientos literarios europeos.
En el grupo del 36 se encuentra Miguel Hernández. Nos situamos entre 1926 y 1939 donde se
desarrolló una literatura de propaganda ideológica. La figura y la obra de Miguel Hernández se
presentan a caballo entre el grupo del 27, del que es considerado por muchos críticos como
“epígono genial”, y la Generación del 36. En su poesía abordan tres temas: el sentimiento
trágico de la vida donde la pena y el sufrimiento son protagonistas de la vida, el amor y el
compromiso social y político. En sus primeras obras destaca la preocupación por la forma ( El
rayo que no cesa), pero, posteriormente, su poesía estará marcada por el compromiso con el
hombre del pueblo (Cancionero y Romancero de ausencias )
En la década de los 40, surgen dos corrientes poéticas muy distintas en cuanto a sus temas,
formas y visión de la realidad; Dámaso Alonso denominó “poesía arraigada” a la de los poetas
agrupados en torno a las revistas Garcilaso y Escorial. En su creación no se refleja la desolación
de la posguerra, abordan temas humanos, pero evitan la realidad social. Se trata de una poesía
más optimista. Destacan Luis Rosales (La casa encendida), Leopoldo Panero y Dionisio
Ridruejo. “La poesía desarraigada” refleja la angustia existencial del poeta y su disconformidad
con el mundo que le rodea. Muestra un testimonio desgarrado de la posguerra. Su estilo está
cargado de violentas exclamaciones a través de las cuales dan rienda suelta a la desesperación
interior. 1944 es el año más importante para la poesía de esta década, pues en el aparecen dos
obras mayores y que dejan huella en las siguientes generaciones: Hijos de la ira (Dámaso
Alonso) y Sombra del paraíso (Vicente Aleixandre)
En los 50, la poesía desarraigada desembocará en la poesía social, que cobrará un auge que se
mantendrá hasta los sesenta. La poesía se va a convertir en testimonio y denuncia. El lenguaje
ahora será sobrio y el estilo sencillo, coloquial y directo; los temas la solidaridad con el
proletariado, injusticias sociales y el recuerdo de la Guerra Civil. La censura era menos rígida y
por ello apareció una poesía comprometida. Blas de Otero, presenta una síntesis de la poesía
compuesta desde la Guerra civil, pasa de la «poesía arraigada» a la «desarraigada». Busca el
sentido de la existencia en Ángel fieramente humano; evoluciona a una poesía social, con
temas como la situación de España y el compromiso social ( Pido la paz y la palabra); y una
última etapa caracterizada por la búsqueda de nuevas formas expresivas. El último, José
Hierro, escribe poesía realista. Su lenguaje tiende a la objetividad, la narración, el diálogo y lo
coloquial. Escribe sobre la fragilidad de la vida, el amor, la muerte… Su poesía va desde la
frustración existencial en Tierra sin nosotros, a la experiencia amorosa y nostalgia en Con las
piedras, con el viento.