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Sumario RESUMEN COMPLETO DE HISTORIA

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Todo el contenido teórico dado en el cuatrimestre

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 TEORICO 1: EL MODO CAPITALISTA: Según Marx el modo capitalista nació cuando a la riqueza monetaria
se le permitió comprar fuerza de trabajo. Dicha fuerza de trabajo no es una mercancía sino un atributo de los humanos.
Mientras la gente tenga a su alcance los medios de producción, y los use para proveer a su sostenimiento,
independientemente del dispositivo social que se use, no hay razón imperiosa para que venda a otro su capacidad de
trabajo.

Para que la fuerza de trabajo se ofrezca en venta, el lazo entre productores y medios de producción deberá romperse
definitivamente, es decir, los que poseen la riqueza deber poder adquirir los medios de producción y negar acceso a
ellos; y la gente a quien se le niega el acceso a los medios de producción debe acercarse a quienes hoy controlan los
medios y negocian la autorización para operarlos, a cambio reciben salarios que les permiten pagar por lo que
necesitan para sostenerse.

EN EL MODO CAPITALISTA DE LA PRODUCCION DETERMINA LA DISTRIBUCION

Los medios de producción solo circulan entre aquellos que tiene capital, los que carecen de ésta deben vender su
fuerza de trabajo careciendo también de medios de producción. Entre la gente y los recursos se interponen las
relaciones estratégicas que rigen en el modo de asignar trabajo social a la naturaleza.

En el curso de una jornada de trabajo, los obreros producen más que el costo de sus salarios; producen un excedente,
el cual, dentro de las condiciones del modo capitalista, pertenece a quien tiene la riqueza. A mayor excedente, mayor
el índice de las utilidades obtenidas por el capitalista.

Los capitalistas tienen dos formas de aumentar dichos excedentes:

1. Mantener bajos los salarios o reducirlos al punto más bajo posible, biología o socialmente.
2. Clavar el nivel del excedente producido por encima del monto que debe pagarse por fuerza de trabajo,
elevando para ello el rendimiento de los obreros durante un periodo dado de trabajo (se requiere mejoras
en la tecnología para dicho aumento)

El modo capitalista tiene tres características entrelazadas:

1. Los capitalistas retienen el control de los medios de producción
2. Los trabajadores se les niega el acceso independiente a los medios de producción y deben vender su
fuerza de trabajo a los capitalistas
3. La maximización de los excedentes producidos por los trabajadores con los medios de producción de
los capitalistas trae consigo “acumulación incesante a la cual acompañan cambios en los métodos de
producción”
La riqueza en manos de quienes la tienen no es capital sino hasta que controla medios de producción, compra fuerza
de trabajo y la pone a trabajar, aumentando continuamente los excedentes mediante la intensificación de la
productividad. Por lo cual el capitalismo debe controlar la producción, invadir el proceso productivo y alterar las
condiciones de producción.

No hay capitalismo mercantil sin riqueza mercantil. El modo de producción capitalista se basa en una división de
clases.

El modo capitalista mostro siempre un carácter doble: la aptitud para desarrollarse internamente y ramificarse,
implantando sus nexos estratégicos de relaciones por toda la faz de la tierra.

El modo tributario: los estados nombrados anteriormente presentan un modo de producción en el cual, al
productor primario, sea cultivador o pastor, se les da acceso a los medios de producción,que por medios políticos o
militares, el trabajo social es movilizado y encauzado a la trasformación de la naturaleza mediante el ejercicio del
poder y dominio (mediante un proceso político)

,Dos situaciones posibles:

1. El poder está concentrado fuertemente en las manos de una elite gobernante situada en la cima del sistema
del poder
2. El poder está más bien en manos de señores locales y en que el gobierno en la cima es frágil y débil


 TEORICO 2: Karl Polanyi, La gran transformación. Capítulo 6, el mercado autorregulador y las mercancías
ficticias: trabajo, tierra y dinero.

El sistema económico estaba integrado en el sistema social. El principio del trueque o del intercambio, no mostraba
ninguna tendencia a crecer en detrimento del resto. El mercado autorregulador era algo desconocido.

Una economía de mercado es un sistema económico regido, regulado y orientado únicamente por los mercados. Se
encarga de asegurar el orden en la producción y la distribución de bienes. Implica la existencia de mercados en los que
la oferta de bienes determinado será equivalente a una demanda de igual precio.

La autorregulación implica que toda la producción está destinada a la venta en el mercado y que todos los ingresos
provienen de ella. Existen mercados para todos los elementos de la industria, la tierra, el trabajo y el dinero cuyos
precios son denominados respectivamente precios de mercancías, salario, renta e interés. Existe otro grupo de
condiciones que concierne al Estado y a su política. No se debe permitir que nada obstaculice la formación de los
mercados, y que los ingresos se formen más que a través de la venta.

En el sistema feudal y en el de las corporaciones la tierra y el trabajo estaban en función de la organización social. La
tierra, era la base del sistema militar, su estatuto y su función estaban determinados mediante normas jurídicas, usos
y costumbres. Lo mismo ocurría con el trabajo. Las relaciones entre número de aprendices, los salarios de obreros,
todo esto estaba reglamentado por la costumbre y por la autoridad de la corporación de la ciudad.

En cuanto la tierra, su estatuto feudal únicamente fue abolido en la medida en que estaba ligado a privilegios
municipales. Hasta 1789 la propiedad de la tierra permaneció siendo en Francia la fuente de privilegios sociales. En
Inglaterra, fue hasta la edad media. En Inglaterra la “nacionalización” de la legislación del trabajo realizada por el
estatuto de los artesanos (1563) y por la ley de pobres (1601) colocó al trabajo fuera de la zona peligrosa.

El mercantilismo concibió los mercados de forma exactamente contraria al espíritu de la economía en la industria. La
gran extensión de la intervención del Estado en la industria, lo pone en evidencia. No existía ninguna diferencia entre
mercantiles y feudales. El único desacuerdo que existía entre ellos se circunscribía a los métodos de reglamentación:
gremios, ciudades y provincias invocaban la costumbre y el uso, mientras que la nueva autoridad estatal prefería las
leyes y los decretos. El mercantilismo quería desarrollar los recursos del país y conseguir a la vez el pleno empleo,
sirviéndose de los oficios y del comercio. La sustitución del mercado regulado por mercados autorreguladores,
constituyó, a finales del siglo XVIII, una transformación completa de la estructura de la sociedad.

Un mercado autorregulador exige nada menos que la división institucional de la sociedad en una esfera económica y
en una esfera política. Este modelo institucional únicamente podía funcionar sometiendo de alguna manera a la
sociedad a sus exigencias. Una economía de mercado supone todos los elementos de la industria aglutinados. En una
economía de mercado el dinero constituye también un elemento esencial de la vida industrial. Incluir al trabajo y a la
tierra entre los mecanismos del mercado supone subordinar a las leyes del mercado a la sustancia misma de la
sociedad.

Las mercancías son definidas como objetos producidos para la venta en el mercado; y los mercados son definidos
como contactos efectivos entre compradores y vendedores. Cada elemento de la industria es considerado como algo
que ha sido producido para la venta. Esto significa que deben de existir mercados para todos los elementos de la

,industria y que, en esos mercados, cada uno de esos elementos se organiza en un grupo de oferta y en un grupo de
demanda. Esos mercados son muy numerosos y están en comunicación recíproca formando un gran mercado único.

El trabajo, la tierra y el dinero son componentes esenciales de la industria; dichos componentes deben de estar
también organizados en mercados; estos mercados forman en realidad una parte absolutamente fundamental del
sistema económico.

Esta ficción permite organizar en la realidad los mercados de trabajo, de tierra y de capital y proporciona un principio
de organización de importancia vital que concierne al conjunto de la sociedad y que afecta a casi todas sus instituciones
del modo más diverso. Obliga a prohibir cualquier disposición o comportamiento que pueda obstaculizar el
funcionamiento efectivo del mecanismo del mercado.

Permitir que el mecanismo del mercado dirija por su propia cuenta y decida la suerte de los seres humanos conduce
necesariamente a la destrucción de la sociedad, porque la mercancía denominada “fuerza de trabajo” no puede ser
inutilizada, sin que se vean inevitablemente afectados los individuos humanos portadores de esta mercancía peculiar.

A finales de la edad media, la producción industrial destinada a la exportación estaba organizada por ricos burgueses.
En la sociedad mercantil, fueron los comerciantes quienes organizaron la producción y ésta ya no se limitó a las
ciudades. La producción industrial fue puesta, bajo la dirección organizadora del comerciante. Este conocía el
mercado, el volumen y también la calidad de la demanda, por lo que podía también garantizar los artículos que
fundamentalmente estaban hechos de lana, tintes y a veces eran realizados con máquinas de tejer o de calcetar
utilizadas por los trabajadores a domicilio. Durante siglos, este sistema creció en poder y extensión, hasta que, en un
país como Inglaterra, la industria de la lana cubrió vastas regiones del país en el que la producción estaba organizada
por los fabricantes de paños.

Hasta finales del siglo XVIII, la producción industrial, en Europa Occidental, fue un simple apéndice del comercio. El
hecho de que las máquinas baratas fuesen de la propiedad del obrero o del comerciante, no obligaba al comerciante
a transformarse en capitalista industrial o a limitarse a prestar su dinero a quienes lo eran. La mayor dificultad
continuaba siendo el aprovisionamiento de materias primas.

La nueva organización de la producción fue introducida por el comerciante, pero la utilización de máquinas y de
instalaciones complejas implicaba también la puesta en práctica del sistema fábrica. La producción industrial dejó de
ser un elemento secundario del comercio, para convertirse en una inversión a largo plazo. A medida que la producción
industrial se hacía más compleja, eran más numerosos los elementos de la industria cuya previsión era necesaria
garantizar. Tres eran de una importancia primordial: el trabajo, la tierra y el dinero. Debían estar disponibles para
ser comprados. La extensión del mecanismo del mercado a estos elementos de la industrial fue la consecuencia
inevitable de la introducción del sistema de fábrica en una sociedad comercial. El desarrollo del sistema de fábrica, se
veía obligado, a transformar estos bienes en mercancías con el fin de asegurar la producción.

El trabajo ocupa un papel aparte, la organización del trabajo debía de cambiar sincrónicamente con la organización
del sistema de mercado. Cuando se habla de organización del trabajo significa que el desarrollo del sistema de mercado
necesariamente tenía que ir acompañado de un cambio en la organización de la propia sociedad.

La historia social del siglo XIX fue el resultado de un doble movimiento: la extensión del mercado. Por una parte, los
mercados se extendieron por toda la superficie del planeta y la cantidad de bienes aumentó en proporciones
increíbles, pero por otra, toda una red de medidas y de políticas hicieron surgir poderosas instituciones destinadas a
detener la acción del mercado en lo que concierne al trabajo, la tierra y el dinero.

 TEORICO 3: Eric Hobsbawn, La era de la revolución. Capítulo 2, “La revolución industrial”:

Hasta 1840, el proletariado y el comunismo, unido ahora a sus movimientos sociales no se ponen en marcha sobre
el continente. La revolución industrial existía en Inglaterra antes que el nombre. Era conveniente considerarla antes
por dos razones: primero, porque en realidad “estalló” antes de la toma de la Bastilla; y segundo, porque sin ella no

, podríamos comprender el impersonal subsuelo de la historia en el que nacieron los hombres y se produjeron los
sucesos más singulares de nuestro período: la desigual complejidad de su ritmo.

“Estalló la revolución industrial” significa que un día entre 1780 y 1790 se liberó de sus cadenas al poder productivo
de las sociedades humanas. Desde mediados del siglo XVIII, el proceso de aceleración se hace tan patente que los
antiguos historiadores tendían a retribuir la revolución industrial la fecha inicial de 1760.

En Gran Bretaña y en todo el mundo, este período inicial de industrialización coincide probablemente y casi con
exactitud con el comienzo del take-off en la década de 1780. Se puede decir que concluyó con la construcción del
ferrocarril y la creación de una fuerte industria pesada en Inglaterra en la década de 1840.

El adelanto británico no se debía a una superioridad científica y técnica. En las ciencias naturales, los franceses
superaban mucho a los ingleses. Sobre todo, en las matemáticas y en la física. Mientras el gobierno francés estimulaba
las investigaciones científicas, el británico las consideraba peligrosas. Los franceses realizaban inventos más originales,
los alemanes disponían de instituciones para la enseñanza técnica.

La agricultura estaba preparada para cumplir sus tres funciones fundamentales en una era de industrialización:
aumentar la producción y la productividad para alimentar a una población no agraria en rápido y creciente aumento;
proporcionar un vasto y ascendiente cupo de potenciales reclutas para las ciudades y las industrias; y suministrar un
mecanismo para la acumulación de capital utilizable por los sectores más modernos de la economía.

El hombre de negocios estaba indudablemente en un proceso de ganar más dinero, pues la mayor parte del siglo XVIII
fue un período de prosperidad y de cómoda expansión económica. Las primeras manifestaciones de la revolución
industrial ocurrieron en una situación histórica especial, en la que el crecimiento económico surgía de las decisiones
entrecruzadas de innumerables empresarios privados e inversores, regidos por el principal imperativo de la época:
comprar en el mercado más barato para vender en el más caro.

Dado que ya se habían puesto los principales cimientos sociales de una sociedad industrial, se requerían dos cosas:
primero, una industria que ya ofrecía retribuciones para el fabricante que pudiera aumentar rápidamente su
producción total, y segundo, un mercado mundial ampliamente monopolizado por la producción de una sola nación.

Una vez que Gran Bretaña empezó a industrializarse, económica estimulada por la vanguardia de la Revolución
Industrial. El éxito británico demostró lo que podía conseguirse: la técnica británica se podía imitar, e importarse la
habilidad y los capitales ingleses. La industria británica tuvo su origen como un subproducto del comercio
ultramarino, que producía su material crudo y los artículos de algodón indio o indianas. En un principio no tuvieron
éxito, pero por fortuna, los antiguos y poderosos magnates del comercio de lanas conseguían periódicamente la
prohibición de importar los calicoes o indianas, dando así oportunidades a los sucedáneos que producía la industria
autónoma del algodón.

En el siglo XVIII se desarrolló en el hinterland de los mayores puertos coloniales, como el gran centro de comercio de
esclavos. Los esclavos africanos se compraban con algodón indio. Las plantaciones de las Indias Orientales, a donde
los esclavos eran llevados, proporcionaban la cantidad de algodón en bruto suficiente para la industria británica, y en
compensación los plantadores compraban grandes cantidades de algodón elaborado en Manchester. De este modo la
industria del algodón fue lanzada como un planeador por el impulso del comercio colonial al que estaba ligada; un
comercio que prometía no sólo una grande, rápida y imprevisible expansión que incitaba a los empresarios a adoptar
las técnicas revolucionaras para -conseguirlas.

La Revolución Industrial puede considerarse, hacia 1780-1790, como el triunfo del mercado exterior sobre el
interior: en 1814 Inglaterra exportaba cuatro yardas de tela de algodón por cada tres consumidas en ella.

Dentro de esas zonas (América, África, Europa) la industria había establecido un monopolio a causa de la guerra, las
revoluciones de otros países y su propio gobierno imperial. América Latina vino a depender virtualmente casi por

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