¿Cómo se acumula la grasa en el cuerpo?
Cada persona nace con un determinado número de células grasas (genética), cuando uno come
más de lo que gasta, las calorías (triglicéridos) se almacenan en el adipocito (célula que contiene
el triglicérico), aumentando el tamaño de la célula de grasa (hipertrofia de la célula grasa). Si la
persona continúa incrementando el consumo de energía y no la gasta el adipocito que puede
llegar a aumentar hasta cinco veces su tamaño, cuando llega a su tope máximo lo que hace es
crear una nueva célula para almacenar más reservas (hiperplasia celular). Cada adipocito puede
multiplicarse por cinco nuevas células adipocitarias.
Genéticamente tenemos un determinado número de células adipocitarias establecidas, y solo el
20-30% de la causa de acumulación de grasa es genética el otro 70-80% depende de los hábitos y
alimentación del individuo. Es en nuestra infancia-adolescencia donde corremos grandes riesgos
de que ese número se multiplique y genere futuros problemas de sobrepeso y obesidad.
La causa de sentir hambre aún estando llenos es porque muchos de los alimentos
industrializados están creados para que el cerebro sienta placer, por su composición, textura,
aroma, etc. Una vez que entramos en contacto con el alimento, esa sensación queda grabada en
nuestro cerebro, cuando entramos de nuevo en contacto con ese producto o simplemente
pensamos en él el cuerpo segrega una serie de hormonas que viajan directamente a nuestro
cerebro para recordarnos la buena experiencia que hemos tenido, generando que nos apetezca
consumirlo (aunque no sea beneficioso para nuestra salud).
La culpa de estos “malos hábitos” se la debemos al hipotálamo, una glándula situada en el
cerebro que regula el apetito y los depósitos de grasa. El hipotálamo determina cuánta grasa debe
guardar, el problema es que guarda grasa sin necesidad debido a que genéticamente aún estamos
unidos a una época pasada de hambruna y escasez (condiciones sociales de épocas pasadas),
aunque hoy en día ese problema en nuestra sociedad no existe, el hipotálamo sigue trabajando en
la reserva energética.
Cada persona nace con un determinado número de células grasas (genética), cuando uno come
más de lo que gasta, las calorías (triglicéridos) se almacenan en el adipocito (célula que contiene
el triglicérico), aumentando el tamaño de la célula de grasa (hipertrofia de la célula grasa). Si la
persona continúa incrementando el consumo de energía y no la gasta el adipocito que puede
llegar a aumentar hasta cinco veces su tamaño, cuando llega a su tope máximo lo que hace es
crear una nueva célula para almacenar más reservas (hiperplasia celular). Cada adipocito puede
multiplicarse por cinco nuevas células adipocitarias.
Genéticamente tenemos un determinado número de células adipocitarias establecidas, y solo el
20-30% de la causa de acumulación de grasa es genética el otro 70-80% depende de los hábitos y
alimentación del individuo. Es en nuestra infancia-adolescencia donde corremos grandes riesgos
de que ese número se multiplique y genere futuros problemas de sobrepeso y obesidad.
La causa de sentir hambre aún estando llenos es porque muchos de los alimentos
industrializados están creados para que el cerebro sienta placer, por su composición, textura,
aroma, etc. Una vez que entramos en contacto con el alimento, esa sensación queda grabada en
nuestro cerebro, cuando entramos de nuevo en contacto con ese producto o simplemente
pensamos en él el cuerpo segrega una serie de hormonas que viajan directamente a nuestro
cerebro para recordarnos la buena experiencia que hemos tenido, generando que nos apetezca
consumirlo (aunque no sea beneficioso para nuestra salud).
La culpa de estos “malos hábitos” se la debemos al hipotálamo, una glándula situada en el
cerebro que regula el apetito y los depósitos de grasa. El hipotálamo determina cuánta grasa debe
guardar, el problema es que guarda grasa sin necesidad debido a que genéticamente aún estamos
unidos a una época pasada de hambruna y escasez (condiciones sociales de épocas pasadas),
aunque hoy en día ese problema en nuestra sociedad no existe, el hipotálamo sigue trabajando en
la reserva energética.