Mucho se ha escrito con respecto al tarot y todo lo que se
relaciona, en especial con su aspecto adivinatorio a través del
tiempo desde el siglo XV cuando se le reconoció de manera
formal e histórica, primero en Italia y posteriormente en otros
estados y ciudades de la Europa renacentista; aunque por
ejemplo, se piensa que antes de esta fecha el gran sabio
mallorquino Raimundo Lulio- entre los siglos XII y XIII-
fundamentó una de sus obras mayores, EL Ars Magna, basado en
un conocimiento profundo de este misterioso documento. Sobre
el Tarot también han disertado, estudiado o escrito directamente
Jerónimo Cardán y cabalista Guillermo Postel en el siglo XVI, por
ejemplo. También se cree que la enigmática sociedad Rosacruz
lo tenía bajo su posesión. Se sabe que Court de Gebelin lo
estudio profundamente y que redescubrió su origen Egipcio en el
siglo XVIII; en ese mismo siglo Eteilla, un humilde peluquero lo
estudió y dejo notables escritos sobre el Arte de echar las cartas,
los cuales han servido para que numerosos autores desde
entonces, los cuales han servido para que numerosos autores
desde entonces, lo consideren como uno de los grandes
estudiosos cuya erudición, hasta la fecha, ha sido difícilmente
superada pese a que han aparecido en Francia, en Inglaterra, en
Alemania, en Italia y en España entre otros países. Muchas Obras
que recrean lo adivinatorio sin ahondar en su aspecto oculto
hermético. Tal vez junto con la Astrología, el Tarot sea uno de los
temas más divulgados, pero cuya verdadera esencia, tanto de la
ciencia astral como de la ciencia “Simbólica”, se conoce muy
poco en los ámbitos superficiales que es el de la predicción, la
adivinación y la profecía.