C. B. (2019)
INFORME MUNDIAL DE LA UNESCO
INVERTIR EN LA DIVERSIDAD CULTURAL Y EL DIÁLOGO INTERCULTURAL
1. Identidades nacionales, religiosas, culturales y múltiples
La cuestión de las identidades –nacionales, culturales, religiosas, étnicas, lingüísticas, sexuales y de
otra índole– está adquiriendo cada vez más importancia para las personas y grupos que ven la
mundialización y el cambio cultural como una amenaza para sus creencias y medios de vida. Las
crecientes tensiones que suscita el tema de la identidad, que a menudo resultan de una
culturalización de reivindicaciones políticas, se contraponen con una tendencia más general hacia
el surgimiento de identidades dinámicas y multifacéticas. El activismo político vinculado a la
identidad religiosa es quizás un poderoso indicador de identidad y diferencia cultural. En este
contexto se corre el riesgo de que las creencias religiosas se instrumentalicen para promover
programas políticos y de índole conexa, lo que puede precipitar conflictos entre religiones y
provocar desacuerdos en sociedades democráticas.
Se ha dado la tendencia a equiparar la diversidad cultural con la diversidad de culturas nacionales.
Ahora bien, la identidad nacional es, hasta cierto punto, una construcción que se basa en un pasado
reconstruido en ocasiones y que proporciona un anclaje al sentimiento de compartir valores
comunes. La identidad cultural es un proceso más fluido que se transforma por sí mismo y se debe
considerar no tanto como una herencia del pasado, sino como un proyecto futuro. En un mundo
cada vez más globalizado, las identidades culturales a menudo provienen de múltiples fuentes; la
plasticidad cada vez mayor de las identidades culturales es reflejo de la complejidad creciente de la
circulación mundializada de personas, bienes e información.
En un contexto multicultural, algunas personas decidirán adoptar una cierta forma de identidad,
otras elegirán vivir de forma dual y habrá quienes opten por crear para sí mismas identidades
híbridas. Muchos novelistas contemporáneos se han sentido atraídos por el tema de los migrantes
que se enfrentan a un nuevo entorno cultural y se ven obligados a construirse nuevas identidades
culturales. La desaparición de las fronteras en el marco de la mundialización ha propiciado, de esta
forma, la aparición de un espíritu nómada que puede verse como el nuevo horizonte de la
experimentación cultural contemporánea.
Diálogo intercultural
En un mundo culturalmente diverso, es necesario elaborar nuevos planteamientos sobre el diálogo
intercultural que superen las limitaciones del paradigma del “diálogo entre civilizaciones”. Entre los
requisitos para hacerlo figuran un análisis de las diversas formas en que las culturas se relacionan
unas con otras, la sensibilización a los elementos culturales comunes y las metas compartidas, y la
determinación de los problemas que se deben resolver al conciliar las diferencias culturales.
Interacciones culturales Las culturas no son entidades estáticas o cerradas en sí mismas. Una de las
principales barreras que obstaculizan el diálogo intercultural es nuestro hábito de concebirlas como
algo fijo, como si hubiera líneas de fractura que las separaran. Una de las principales objeciones que
, C. B. (2019)
se formulan a la tesis del “choque de civilizaciones” de Samuel Huntington es que ésta presupone
filiaciones singulares, en lugar de plurales, entre las comunidades humanas y no tiene en cuenta la
interdependencia y la interacción culturales. Describir como líneas de fractura las diferencias entre
las culturas, significa pasar por alto la permeabilidad de las fronteras culturales y las posibilidades
creativas de las personas que se hallan dentro de esas fronteras. Con las culturas ocurre lo mismo
que con las personas: sólo existen en relación con las demás.
La mezcla de culturas a lo largo de la historia se ha manifestado en diversas formas y prácticas
culturales, desde los intercambios e importaciones culturales (las rutas de la seda) hasta las
imposiciones de valores culturales por medio de la guerra, la conquista y el colonialismo. Sin
embargo, incluso en el caso extremo de la esclavitud, se producen intercambios que, a través de
ciertos procesos concretos de aculturación inversa, acaban siendo asimilados por la cultura
dominante. El reconocimiento de la universalidad de los derechos humanos ha permitido hoy –al
menos en teoría– pensar en auténticos intercambios en condiciones de igualdad entre todas las
culturas del mundo.
Hoy en día, los procesos de la mundialización están contribuyendo a que se produzcan encuentros,
importaciones e intercambios culturales más sistemáticos. Estos nuevos vínculos transculturales
pueden facilitar de manera considerable el diálogo intercultural. Repensar nuestras categorías
culturales, reconociendo las múltiples fuentes de nuestras identidades, ayuda a dejar de insistir en
las “diferencias” y a prestar atención, en su lugar, a nuestra capacidad común de evolucionar
mediante la interacción mutua. La sensibilización a la historia y la comprensión de los códigos
culturales revisten una importancia crucial para superar los estereotipos culturales en el camino
hacia el diálogo intercultural.
Estereotipos culturales e intolerancia Los estereotipos culturales, si bien sirven para marcar los
límites entre un grupo y “el otro”, conllevan el riesgo de que el diálogo pueda limitarse a la diferencia
y que la diferencia pueda engendrar intolerancia. Las culturas que pertenecen a tradiciones de
civilizaciones diferentes son especialmente proclives a recurrir a estereotipos mutuos.
Las tensiones interculturales a menudo guardan una estrechamente relación con conflictos de las
memorias, interpretaciones en pugna de acontecimientos del pasado y conflictos de valores, en
especial los religiosos. En aquellos casos en que no se ve excluido por la voluntad de poder y
dominación, el diálogo se mantiene como la clave para resolver estos antagonismos enraizados y
adelantarse a sus expresiones políticas, a menudo violentas. La ecuación cultural que todas las
sociedades multiculturales deben resolver es hacer compatible el reconocimiento, la protección y
el respeto de las características culturales propias con la afirmación y la promoción de valores
compartidos universalmente y derivados de la interrelación de esas características culturales
propias. De ese modo, la tensión entre las distintas identidades puede convertirse en una fuerza
que impulse la renovación de la unidad nacional basada en una concepción de la cohesión social
como integración de la diversidad de sus componentes culturales.
Los retos del diálogo en un mundo multicultural El diálogo intercultural depende en gran medida de
las competencias interculturales, que se definen como el conjunto de capacidades necesarias para
INFORME MUNDIAL DE LA UNESCO
INVERTIR EN LA DIVERSIDAD CULTURAL Y EL DIÁLOGO INTERCULTURAL
1. Identidades nacionales, religiosas, culturales y múltiples
La cuestión de las identidades –nacionales, culturales, religiosas, étnicas, lingüísticas, sexuales y de
otra índole– está adquiriendo cada vez más importancia para las personas y grupos que ven la
mundialización y el cambio cultural como una amenaza para sus creencias y medios de vida. Las
crecientes tensiones que suscita el tema de la identidad, que a menudo resultan de una
culturalización de reivindicaciones políticas, se contraponen con una tendencia más general hacia
el surgimiento de identidades dinámicas y multifacéticas. El activismo político vinculado a la
identidad religiosa es quizás un poderoso indicador de identidad y diferencia cultural. En este
contexto se corre el riesgo de que las creencias religiosas se instrumentalicen para promover
programas políticos y de índole conexa, lo que puede precipitar conflictos entre religiones y
provocar desacuerdos en sociedades democráticas.
Se ha dado la tendencia a equiparar la diversidad cultural con la diversidad de culturas nacionales.
Ahora bien, la identidad nacional es, hasta cierto punto, una construcción que se basa en un pasado
reconstruido en ocasiones y que proporciona un anclaje al sentimiento de compartir valores
comunes. La identidad cultural es un proceso más fluido que se transforma por sí mismo y se debe
considerar no tanto como una herencia del pasado, sino como un proyecto futuro. En un mundo
cada vez más globalizado, las identidades culturales a menudo provienen de múltiples fuentes; la
plasticidad cada vez mayor de las identidades culturales es reflejo de la complejidad creciente de la
circulación mundializada de personas, bienes e información.
En un contexto multicultural, algunas personas decidirán adoptar una cierta forma de identidad,
otras elegirán vivir de forma dual y habrá quienes opten por crear para sí mismas identidades
híbridas. Muchos novelistas contemporáneos se han sentido atraídos por el tema de los migrantes
que se enfrentan a un nuevo entorno cultural y se ven obligados a construirse nuevas identidades
culturales. La desaparición de las fronteras en el marco de la mundialización ha propiciado, de esta
forma, la aparición de un espíritu nómada que puede verse como el nuevo horizonte de la
experimentación cultural contemporánea.
Diálogo intercultural
En un mundo culturalmente diverso, es necesario elaborar nuevos planteamientos sobre el diálogo
intercultural que superen las limitaciones del paradigma del “diálogo entre civilizaciones”. Entre los
requisitos para hacerlo figuran un análisis de las diversas formas en que las culturas se relacionan
unas con otras, la sensibilización a los elementos culturales comunes y las metas compartidas, y la
determinación de los problemas que se deben resolver al conciliar las diferencias culturales.
Interacciones culturales Las culturas no son entidades estáticas o cerradas en sí mismas. Una de las
principales barreras que obstaculizan el diálogo intercultural es nuestro hábito de concebirlas como
algo fijo, como si hubiera líneas de fractura que las separaran. Una de las principales objeciones que
, C. B. (2019)
se formulan a la tesis del “choque de civilizaciones” de Samuel Huntington es que ésta presupone
filiaciones singulares, en lugar de plurales, entre las comunidades humanas y no tiene en cuenta la
interdependencia y la interacción culturales. Describir como líneas de fractura las diferencias entre
las culturas, significa pasar por alto la permeabilidad de las fronteras culturales y las posibilidades
creativas de las personas que se hallan dentro de esas fronteras. Con las culturas ocurre lo mismo
que con las personas: sólo existen en relación con las demás.
La mezcla de culturas a lo largo de la historia se ha manifestado en diversas formas y prácticas
culturales, desde los intercambios e importaciones culturales (las rutas de la seda) hasta las
imposiciones de valores culturales por medio de la guerra, la conquista y el colonialismo. Sin
embargo, incluso en el caso extremo de la esclavitud, se producen intercambios que, a través de
ciertos procesos concretos de aculturación inversa, acaban siendo asimilados por la cultura
dominante. El reconocimiento de la universalidad de los derechos humanos ha permitido hoy –al
menos en teoría– pensar en auténticos intercambios en condiciones de igualdad entre todas las
culturas del mundo.
Hoy en día, los procesos de la mundialización están contribuyendo a que se produzcan encuentros,
importaciones e intercambios culturales más sistemáticos. Estos nuevos vínculos transculturales
pueden facilitar de manera considerable el diálogo intercultural. Repensar nuestras categorías
culturales, reconociendo las múltiples fuentes de nuestras identidades, ayuda a dejar de insistir en
las “diferencias” y a prestar atención, en su lugar, a nuestra capacidad común de evolucionar
mediante la interacción mutua. La sensibilización a la historia y la comprensión de los códigos
culturales revisten una importancia crucial para superar los estereotipos culturales en el camino
hacia el diálogo intercultural.
Estereotipos culturales e intolerancia Los estereotipos culturales, si bien sirven para marcar los
límites entre un grupo y “el otro”, conllevan el riesgo de que el diálogo pueda limitarse a la diferencia
y que la diferencia pueda engendrar intolerancia. Las culturas que pertenecen a tradiciones de
civilizaciones diferentes son especialmente proclives a recurrir a estereotipos mutuos.
Las tensiones interculturales a menudo guardan una estrechamente relación con conflictos de las
memorias, interpretaciones en pugna de acontecimientos del pasado y conflictos de valores, en
especial los religiosos. En aquellos casos en que no se ve excluido por la voluntad de poder y
dominación, el diálogo se mantiene como la clave para resolver estos antagonismos enraizados y
adelantarse a sus expresiones políticas, a menudo violentas. La ecuación cultural que todas las
sociedades multiculturales deben resolver es hacer compatible el reconocimiento, la protección y
el respeto de las características culturales propias con la afirmación y la promoción de valores
compartidos universalmente y derivados de la interrelación de esas características culturales
propias. De ese modo, la tensión entre las distintas identidades puede convertirse en una fuerza
que impulse la renovación de la unidad nacional basada en una concepción de la cohesión social
como integración de la diversidad de sus componentes culturales.
Los retos del diálogo en un mundo multicultural El diálogo intercultural depende en gran medida de
las competencias interculturales, que se definen como el conjunto de capacidades necesarias para