HEGEMÓNICA EN “DISTANCIA DE
RESCATE”, por Celeste Boullosa.
Este trabajo buscará analizar y problematizar la categoría de “mujer” y la “maternidad”,
pensadas como entidad esencial, que Samantha Schweblin des-hegemoniza y disocia entre sí
en su obra “Distancia de Rescate” (2014), suscribiendo a la teoría del “deseo materno” y la
función paterna limitante como motor de la violencia institucional sobre el vientre de las
mujeres cis-gestantes.
La “distancia de rescate” no es más que la relación simbiótica que debe soportar Amanda, la
protagonista, con su hija Nina, para compensar su demanda materna y el objeto fetiche
durante sus vacaciones en el campo argentino - funcionando como identificación proyectiva
con Carla, su vecina, quien le cuenta la historia de la transmigración de su hijo David a los
tres años trás haberse intoxicado. Echa a Carla de su “hogar” - el hogar sin presencia paterna
como símbolo del vientre - racionalizando el desdén que siente hacia una madre que “soltó”
al hijo que parió, transicionando de objeto frágil a objeto amenazante en el consciente de
Amanda. Aún así, se puede identificar una ambivalencia erótica en la descripción de los
breteles dorados de la bikini de Carla: el deseo a la mujer antes de ser madre o la “mujer
virgen''.
La maternidad no completa a una mujer, pues sigue sujeta al paternalismo; es el patriarca
quien desea ver a su hija/esposa como madre. Carla le debe su maternidad al falo masculino
quien satisfizo su deseo. Por eso, el punto de inflexión de su historia es el rescate del potrillo,
elusivo e indiferente (polo masculino) y la pérdida de su hijo (polo femenino).
“Me acuerdo que David preguntó qué pasaba, lo agarré a upa antes de salir de la casa e iba abrazado a
mi cuello, la voz se le entrecortaba por las zancadas que yo daba de un lado para el otro. «Ahitá
mamá», dijo David. Y ahí estaba el padrillo, tomando agua del riachuelo. Ahora ya no me llama
mamá” (Schweblin, Samanta, Distancia de rescate. 2014, pág 12) .
Solo se concientiza que “hay cosas peores que perder la casa” (el hogar) una vez alienada del
goce materno. Se encuentra a ella misma responsable de un niño-adulto que no responde a la
lengua materna, no desea a su madre ni la satisface en su narcisismo. Que David pierda un
dedo, es un equivalente subjetivo a que Carla pierda a David en su mundo interno, el
“absolutismo” de un hijo. David ya no ocupa el falo de la madre como imagen unificada del