La Segunda Guerra Mundial contribuyó a que emergieran dos
superpotencias que buscaban repartirse el mundo: Estados Unidos y la
URSS. La Sociedad de Naciones, a la que se responsabilizó de contribuir a
desatar la guerra, fue reemplazada por la ONU.
En Alemania tras la firma del armisticio por parte del Eje, el Plan Marshall
contribuyó a la reconstrucción de Alemania. Si bien los alemanes perdieron
la guerra, sus adelantos en tecnología punta en cadenas de industrias,
fabricación de componentes para cohetes, misiles y diversos tipos de
armas ayudaron a los Aliados del Oeste y sirvieron para el llamado
«milagro alemán».
Sin embargo se presentó la expulsión de alemanes en Europa central
(Prusia, Checoslovaquia, Polonia y países bálticos) donde había
asentamientos alemanes desde varios siglos atrás. Los alemanes de los
Sudetes, que pedían su incorporación a Alemania, habían desencadenado
el desmantelamiento de Checoslovaquia, acordado en los Acuerdos de
Múnich de 1938.