Comenzando a estudiar el péndulo
Voy a repasar un poco algunas de las cosas que fueron surgiendo en
relación a los experimentos que plantearon para investigar al péndulo.
Lo primero que quiero recordar, un poco por justicia histórica, es que el primer
investigador que se ocupó de este tema fue Galileo Galilei.
Cuentan los historiadores de la ciencia que Galileo se interesó por el péndulo a
partir de una observación casi casual o fortuita. Cito textual a uno de esos
historiadores:
“Según se informa, en 1581, un joven Galileo Galilei hizo un descubrimiento
revolucionario mientras estaba sentado y aburrido durante un servicio
religioso en una iglesia de Pisa. La araña que pendía del techo sobre su
cabeza, oscilaba suavemente hacia atrás y hacia delante, pero parecía
moverse más rápidamente cuando el balanceo era más amplio y más
lentamente cuando el balanceo era más corto. Intrigado, Galileo decidió
medir el tiempo que duraba cada oscilación, utilizando para ello el único
evento aproximadamente periódico al que tenía fácil acceso: los latidos
de su propio pulso. Encontró algo interesante: el número de latidos del
corazón entre los vaivenes de la araña era más o menos el mismo,
independientemente de si las oscilaciones eran anchas o estrechas. El
tamaño de las oscilaciones - la amplitud del recorrido del péndulo hacia
adelante y hacia atrás-, no afectaba a la frecuencia de estas
oscilaciones.”
Voy a repasar un poco algunas de las cosas que fueron surgiendo en
relación a los experimentos que plantearon para investigar al péndulo.
Lo primero que quiero recordar, un poco por justicia histórica, es que el primer
investigador que se ocupó de este tema fue Galileo Galilei.
Cuentan los historiadores de la ciencia que Galileo se interesó por el péndulo a
partir de una observación casi casual o fortuita. Cito textual a uno de esos
historiadores:
“Según se informa, en 1581, un joven Galileo Galilei hizo un descubrimiento
revolucionario mientras estaba sentado y aburrido durante un servicio
religioso en una iglesia de Pisa. La araña que pendía del techo sobre su
cabeza, oscilaba suavemente hacia atrás y hacia delante, pero parecía
moverse más rápidamente cuando el balanceo era más amplio y más
lentamente cuando el balanceo era más corto. Intrigado, Galileo decidió
medir el tiempo que duraba cada oscilación, utilizando para ello el único
evento aproximadamente periódico al que tenía fácil acceso: los latidos
de su propio pulso. Encontró algo interesante: el número de latidos del
corazón entre los vaivenes de la araña era más o menos el mismo,
independientemente de si las oscilaciones eran anchas o estrechas. El
tamaño de las oscilaciones - la amplitud del recorrido del péndulo hacia
adelante y hacia atrás-, no afectaba a la frecuencia de estas
oscilaciones.”