Nombre: María Fernanda Rodríguez Sora
Una cuestión de empatía
La muerte es un tema que escandaliza a cualquiera que se encuentre cerca, pues suele ser un
aspecto que nos genera miedo, ansiedad o nerviosismo, y por lo cual se evita a toda costa.
Pero cuando se habla de muerte asistida muchas personas tienen la necesidad de intervenir y
llegar a una conclusión que creen correcta. Lo cierto es que, más allá de concretar una
respuesta se debe tener en cuenta el dolor del otro y ser empático con este, pues a larga ese
resultado afectará a solo un grupo de personas.
Cuando se habla de muerte asistida se debe tener en cuenta que es una rama bastante amplia,
con sus variantes. La eutanasia, el suicidio asistido y la sedación paliativa pertenecen a este
concepto y son cosas distintas, es por eso que abarcarlas todas sería difícil de manejar.
Tocaremos el concepto de eutanasia, que se define como la intervención deliberada para
ponerle fin a la vida que solo puede ser practicada por un médico. De por sí la definición
suena impactante, pues se está acabando con la vida de una persona. Sin embargo, la
verdadera pregunta que hay que plantearse es si en el momento de pensar la situación se
analiza individualmente o pensando en el otro; entiéndase por otro a la persona con una
enfermedad terminal, sometido a medicamentos muchas veces dañinos para el organismo.
¿Se debe o no pensar individualmente como le afectaría la muerte de un ser querido, a la hora
de brindar una opinión respecto a este tema? ¿Es lo correcto incluso opinar, siendo ajenos a la
situación de esa persona? Estas y muchas preguntas más se resolverán, y darán argumentos
para tratar de responder el por qué sí o no de estas cuestiones. Abordaremos las distintas
posturas que se tienen, y sus argumentos. Esto con el fin de dar una perspectiva amplia y
cuestionar ciertos aspectos que se mencionan. El propósito no es desmeritar argumentos, sino
brindar un panorama informado y a detalle con el que se pueda analizar la situación de la
manera correcta.
Capítulo 1
De enfermedades terminales podemos hablar sin cesar, e incluso no nos alcanzaría este texto
para comentarlas todas. Sin embargo, a la hora de hablar de eutanasia debemos tener en
cuenta que estas enfermedades tienen un punto en común que es la posibilidad de curarse o
no hacerlo. Si bien siempre existe esa posibilidad de que un tratamiento tenga éxito, también
implica el riesgo de que no funcione ni en lo más mínimo y le cause más daño al paciente que
bien. Existen los derechos generales de los pacientes que constituyen 31 ámbitos, a los
cuales optare por mencionar tres que relacionan de manera directa nuestro aspecto a hablar:
1. El médico tratante debe ser explícito y concreto al hablar con entera honestidad al paciente
sobre su condición, tratamientos, beneficios, riesgos, y posibilidades que conlleva todo el
proceso.
, 2. El paciente está en todo su derecho de aceptar o rechazar, después de conocer las
implicaciones, un tratamiento y en caso de incapacidad la familia con consentimiento previo
puede tomar la decisión.
3. El paciente tiene derecho a ser tratado de la manera más humana posible, por sus médicos
y demás personas que conformen su entorno.
Estos tres derechos suenan muy bien de manera escrita, pero ¿por qué traerlos a colación?
Aunque parecieran obvios en la mayoría de las veces no se cumplen. Se decide omitir los
derechos que tiene el paciente sobre su enfermedad y vida, y se recalca los “deberes” que
tiene con su entorno. Esa cuestión de los derechos de una persona entra en conflicto cuando
un estado tiene como deber constitucional, velar por que se cumpla el derecho a la vida y
dignidad de una persona. Sin embargo, en una enfermedad terminal al prolongar la vida del
paciente se le vulneran esos derechos, en cualquier caso. La dignidad humana se basa en el
valor y respeto que cada individuo debe tener, y por tanto gozar de manera igual de todos los
derechos fundamentales. Imponer un estado de agonía y gozar de poca salud por un periodo
“correspondiente”, vulnera el derecho a la vida digna, a la integridad física y moral.
Es comúnmente pensado que las personas que eligen practicarse la eutanasia no conocen
otras alternativas y escogen la que es catalogada como la más “sencilla”. Lo cierto es que, si
queremos hablar y opinar acerca de este tema, debemos entender que para que este proceso se
lleve a cabo no es tan a la ligera. Requiere de una serie de documentación, consentimientos,
exámenes físicos y psicológicos, y aun así no es suficiente pues es un tema que debe ser
aprobado por el comité científico interdisciplinario para el derecho a morir con dignidad y el
médico tratante. De igual manera, al paciente se le informa con las posibles opciones que
tiene como lo son los cuidados paliativos.
Mencionando el tema de los cuidados paliativos me parece pertinente brindar un panorama
general de estas opciones específicamente para pacientes terminales, y enfocar la atención de
los costos que tiene esta alternativa. La organización mundial de la salud define los cuidados
paliativos como el conjunto de tratamientos especiales que se le brinda a las personas con
enfermedades potencialmente mortales, con el fin de mejorar la calidad de vida del paciente y
sus familiares. Aunque en Colombia los cuidados paliativos son un derecho escrito en la
norma vigente, se ha transformado en un dolor de cabeza aparte de la enfermedad para el
paciente y sus familias. Y es que, según estudio hecho por Marta Ximena León para la revista
universitaria Javeriana, los costos de los cuidados paliativos están en un rango de 1000-5500
dólares que son aproximadamente 3 '800.000-21' 000.000 de pesos. Este costo es 4 veces un
salario mínimo para el servicio más económico y 5 veces un salario de clase media para el
más caro, aspecto que se ha convertido en un obstáculo para acceder a estos cuidados
especiales pues las enfermedades no tienen distinción de estratos. Preservar la vida de una
persona ofreciéndole estas alternativas es insostenible si nos basamos en los ingresos de un
colombiano, el estado no está cumpliendo con su promesa de velar por la vida, la salud y
dignidad de una persona. Por temas de cobertura, acceso y conocimiento se confunde este
cuidado como si fuera algo complementario al servicio de salud que debe brindar una
entidad, cuestión que no es acertada. Estos hechos evidencian el incumpliendo de los
Una cuestión de empatía
La muerte es un tema que escandaliza a cualquiera que se encuentre cerca, pues suele ser un
aspecto que nos genera miedo, ansiedad o nerviosismo, y por lo cual se evita a toda costa.
Pero cuando se habla de muerte asistida muchas personas tienen la necesidad de intervenir y
llegar a una conclusión que creen correcta. Lo cierto es que, más allá de concretar una
respuesta se debe tener en cuenta el dolor del otro y ser empático con este, pues a larga ese
resultado afectará a solo un grupo de personas.
Cuando se habla de muerte asistida se debe tener en cuenta que es una rama bastante amplia,
con sus variantes. La eutanasia, el suicidio asistido y la sedación paliativa pertenecen a este
concepto y son cosas distintas, es por eso que abarcarlas todas sería difícil de manejar.
Tocaremos el concepto de eutanasia, que se define como la intervención deliberada para
ponerle fin a la vida que solo puede ser practicada por un médico. De por sí la definición
suena impactante, pues se está acabando con la vida de una persona. Sin embargo, la
verdadera pregunta que hay que plantearse es si en el momento de pensar la situación se
analiza individualmente o pensando en el otro; entiéndase por otro a la persona con una
enfermedad terminal, sometido a medicamentos muchas veces dañinos para el organismo.
¿Se debe o no pensar individualmente como le afectaría la muerte de un ser querido, a la hora
de brindar una opinión respecto a este tema? ¿Es lo correcto incluso opinar, siendo ajenos a la
situación de esa persona? Estas y muchas preguntas más se resolverán, y darán argumentos
para tratar de responder el por qué sí o no de estas cuestiones. Abordaremos las distintas
posturas que se tienen, y sus argumentos. Esto con el fin de dar una perspectiva amplia y
cuestionar ciertos aspectos que se mencionan. El propósito no es desmeritar argumentos, sino
brindar un panorama informado y a detalle con el que se pueda analizar la situación de la
manera correcta.
Capítulo 1
De enfermedades terminales podemos hablar sin cesar, e incluso no nos alcanzaría este texto
para comentarlas todas. Sin embargo, a la hora de hablar de eutanasia debemos tener en
cuenta que estas enfermedades tienen un punto en común que es la posibilidad de curarse o
no hacerlo. Si bien siempre existe esa posibilidad de que un tratamiento tenga éxito, también
implica el riesgo de que no funcione ni en lo más mínimo y le cause más daño al paciente que
bien. Existen los derechos generales de los pacientes que constituyen 31 ámbitos, a los
cuales optare por mencionar tres que relacionan de manera directa nuestro aspecto a hablar:
1. El médico tratante debe ser explícito y concreto al hablar con entera honestidad al paciente
sobre su condición, tratamientos, beneficios, riesgos, y posibilidades que conlleva todo el
proceso.
, 2. El paciente está en todo su derecho de aceptar o rechazar, después de conocer las
implicaciones, un tratamiento y en caso de incapacidad la familia con consentimiento previo
puede tomar la decisión.
3. El paciente tiene derecho a ser tratado de la manera más humana posible, por sus médicos
y demás personas que conformen su entorno.
Estos tres derechos suenan muy bien de manera escrita, pero ¿por qué traerlos a colación?
Aunque parecieran obvios en la mayoría de las veces no se cumplen. Se decide omitir los
derechos que tiene el paciente sobre su enfermedad y vida, y se recalca los “deberes” que
tiene con su entorno. Esa cuestión de los derechos de una persona entra en conflicto cuando
un estado tiene como deber constitucional, velar por que se cumpla el derecho a la vida y
dignidad de una persona. Sin embargo, en una enfermedad terminal al prolongar la vida del
paciente se le vulneran esos derechos, en cualquier caso. La dignidad humana se basa en el
valor y respeto que cada individuo debe tener, y por tanto gozar de manera igual de todos los
derechos fundamentales. Imponer un estado de agonía y gozar de poca salud por un periodo
“correspondiente”, vulnera el derecho a la vida digna, a la integridad física y moral.
Es comúnmente pensado que las personas que eligen practicarse la eutanasia no conocen
otras alternativas y escogen la que es catalogada como la más “sencilla”. Lo cierto es que, si
queremos hablar y opinar acerca de este tema, debemos entender que para que este proceso se
lleve a cabo no es tan a la ligera. Requiere de una serie de documentación, consentimientos,
exámenes físicos y psicológicos, y aun así no es suficiente pues es un tema que debe ser
aprobado por el comité científico interdisciplinario para el derecho a morir con dignidad y el
médico tratante. De igual manera, al paciente se le informa con las posibles opciones que
tiene como lo son los cuidados paliativos.
Mencionando el tema de los cuidados paliativos me parece pertinente brindar un panorama
general de estas opciones específicamente para pacientes terminales, y enfocar la atención de
los costos que tiene esta alternativa. La organización mundial de la salud define los cuidados
paliativos como el conjunto de tratamientos especiales que se le brinda a las personas con
enfermedades potencialmente mortales, con el fin de mejorar la calidad de vida del paciente y
sus familiares. Aunque en Colombia los cuidados paliativos son un derecho escrito en la
norma vigente, se ha transformado en un dolor de cabeza aparte de la enfermedad para el
paciente y sus familias. Y es que, según estudio hecho por Marta Ximena León para la revista
universitaria Javeriana, los costos de los cuidados paliativos están en un rango de 1000-5500
dólares que son aproximadamente 3 '800.000-21' 000.000 de pesos. Este costo es 4 veces un
salario mínimo para el servicio más económico y 5 veces un salario de clase media para el
más caro, aspecto que se ha convertido en un obstáculo para acceder a estos cuidados
especiales pues las enfermedades no tienen distinción de estratos. Preservar la vida de una
persona ofreciéndole estas alternativas es insostenible si nos basamos en los ingresos de un
colombiano, el estado no está cumpliendo con su promesa de velar por la vida, la salud y
dignidad de una persona. Por temas de cobertura, acceso y conocimiento se confunde este
cuidado como si fuera algo complementario al servicio de salud que debe brindar una
entidad, cuestión que no es acertada. Estos hechos evidencian el incumpliendo de los