En los textos de Freud, la relación entre trauma y pulsión se encuentra en múltiples lugares. Atraviesa diversos
avatares que se pueden inscribir como momentos de viraje en su práctica clínica. Es posible ubicar este recorrido en un
cuadro de doble entrada. En la parte superior de dicho cuadro situamos una serie de textos de Freud, que no se hallan
agrupados por una cuestión cronológica sino por la misma idea de cura. En la columna vertical ubicamos una serie de
conceptos, a saber: lo traumático, el aparato psíquico que Freud plantea en ese momento traumático, un caso clínico -
un referente clínico - y una conclusión, o sea la relación que aparece entre trauma y pulsión. El eje central del cuadro lo
constituye la relación entre trauma y aparato psíquico. Es decir, que cada vez que Freud modifica su concepción de
aparato psíquico, modifica también su idea de trauma. No hay una concepción unitaria de trauma. La pregunta que
podemos hacernos es: ¿A medida que Freud modifica el aparato psíquico también modifica la conceptualización de
pulsión, en una relación también directa como con el trauma?
Los primeros textos que sitúo son Manuscrito K, Nuevas puntualizaciones sobre las neuropsicosis de defensa y
La etiología de la histeria.En éstos, Freud ubica la relación entre la representación -que aparece como intolerable- con la
vivencia de origen sexual. Freud dice que la representación inconciliable pone en movimiento a la defensa e invita a la
represión. Frente a esta representación inconciliable con el yo la representación se aparta -queda segregada del
comercio asociativo- y la conciencia se escinde. La representación inconciliable es apartada voluntariamente, pero
involuntariamente se escinde la conciencia. En el punto en que la representación inconciliable es apartada, recién ahí
deviene patógena; o sea que la representación no es patógena en sí misma. ¿Qué es una representación inconciliable?
Una representación es inconciliable cuando entra en nexo lógico o asociativo con una vivencia de origen sexual. El efecto
que produce son los síntomas histéricos. La pregunta es: ¿cómo se producen dichos síntomas?. Los síntomas histéricos
se producen cuando estas vivencias de origen sexual son reanimadas como recuerdos, con efecto retardado. En este
caso producen mayor desprendimiento de afecto que en el momento donde se produjeron estas vivencias. O sea:
producen un desprendimiento de displacer, hay un displacer actual. En consecuencia, estas vivencias devienen
traumáticas, con lo cual no son en sí mismas traumáticas. Las vivencias como traumas en la histeria son experiencias en
el cuerpo propio o impresiones visuales y comunicaciones oídas[1].
En relación al cuadro, lo traumático es la vivencia sexual prematura traumática. Vamos a encontrar cierta diferencia
entre lo que Freud denomina lo traumático y lo que es el trauma. Entonces, lo traumático es la vivencia sexual
prematura traumática. El aparato psíquico que Freud maneja en ese momento es la doble conciencia, o conciencia
escindida. Los referentes clínicos que tomo son los caso Ema y Cecilia M. El caso Ema, que esta en el Proyecto de una
Psicología para neurólogos, es una histeria de angustia. Ema padece de angustia al salir sola a la calle. Esto aparece
después de que fue a una tienda. Al entrar a ella, tras observar a unos empleados que se están riendo, se va espantada,
volviendo a su casa. A partir de ese momento no quiere salir sola a la calle.
¿Qué es lo que puede decir Ema en relación a lo que le pasó en la tienda? Dice que los empleados se reían y supone
que se reían de su vestido. Más adelante, recuerda otra escena que sucedió anteriormente. De pequeña, alrededor de
los nueve años, cuando había ido a comprar golosinas a una pastelería, el pastelero le pellizca los genitales por encima
del vestido acompañando el atentado con una fuerte risotada. La conexión entre las dos escenas, que produce este
efecto traumático, aparece en forma conciente a través de los vestidos y, en forma inconsciente, es posible conectar la
risa de los empleados con la risotada del pastelero que ella no recordaba en el comienzo. La risotada tiene valor
pulsional. Freud no tiene, en este momento, tematizado el concepto de pulsión, no es algo que señale, pero a partir de
lo que desarrolla en los textos posteriores, podemos ubicar que esto tiene que ver con la pulsión. Lo interesante de
Freud es que no quita elementos, los deja aún sin poder ubicarlos conceptualmente. El ejemplo de Ema nos sirve para
ubicar la constitución del trauma en los dos tiempos, y la aparición de lo pulsional en relación a la risotada.
En Cecilia M., la cuestión es distinta. En Ema aparece el trauma en relación a la vivencia sexual prematura
traumática, pero en Cecilia M. el trauma aparece en relación a representaciones, no a vivencias sexuales o a escenas de
seducción. Cecilia M. es una paciente de Freud que tiene una serie de síntomas conversivos. Tomo uno particularmente:
un dolor que tiene en el talón del pie derecho; y que esta en relación a un recuerdo de su estancia en un hotel de cura
y a su temor a ser presentada a los otros enfermos. Teme no entrar con el pie derecho, y a partir de ahí tiene el dolor en
el talón. O sea, los síntomas conversivos en Cecilia M. se producen por un puente lingüístico. Lo cual nos permite ubicar
que la vivencia sexual prematura traumática vale como representación, no como vivencia. La conclusión es, entonces,
que la representación patógena o vivencia es del orden de la representación. El trauma es la representación patógena.
, A partir de aquí hay un corte, un punto de ruptura, de discontinuidad con lo que Freud va a plantear después en
relación al trauma. En adelante, Freud no va a plantear al trauma como una representación. El trauma será todo lo que
queda por fuera de las representaciones. ¿Por qué este punto de ruptura? Porque, primero, en esta época la idea de
cura de Freud es que el tratamiento catártico que él sigue es sintomático y no causal. O sea: no apunta a la causa de la
histeria. Y no apunta a la causa porque no tiene una estructura de la histeria. Recién cuando Freud descubre el
inconsciente -y a partir de ese descubrimiento inventa el psicoanálisis- él puede formular, formalizar, una estructura
para la neurosis. En consecuencia no podía haber cura de la histeria al no tener conceptualizada su estructura.
En el momento del descubrimiento del inconsciente lo sitúo en el textoMis tesis sobre el papel de la sexualidad
en la etiología de las neurosis, donde se recorta la articulación entre trauma y pulsión. En relación al aparato psíquico
utilizaremos La interpretación de los sueños y La represión. ¿Qué sucede en el texto de Mis tesis...? En este texto Freud
rompe con su teoría de la seducción por adultos u otros niños mayores. Dice que magnificó la frecuencia de estos
hechos, pues no sabía discernir entre los espejismos mnémicos y las huellas de los hechos reales. Al no saber distinguir
entre estos, Freud cree en el relato que le cuentan las histéricas acerca de las causas de los síntomas. Introduce
entonces un nuevo concepto a partir de éste obstáculo que él encuentra en la clínica, obstáculo que es encuentro, en el
sentido de que la misma práctica que él había formalizado lo lleva a encontrar éste obstáculo. En el punto en que
solicita al paciente que diga todo lo que se le ocurra, aparecen estos dichos que él primero considera como hechos
reales. Luego, ubica entre los síntomas y los hechos -las impresiones infantiles- la fantasía. En las histéricas, la fantasía
era una cobertura, una pantalla, un velo, de la práctica sexual autoerótica infantil, o sea, de la masturbación en la
infancia. Con lo cual cae por tierra la insistencia en el elemento traumático y la frecuencia de la seducción en la niñez.
Corre la misma suerte la exagerada insistencia de los influjos accidentales que afectan la sexualidad. Freud ubica estas
fantasías -que son invenciones de recuerdos- entre los síntomas y las impresiones infantiles. Un nuevo concepto surge a
partir del obstáculo que encuentra en la clínica. Cuando cede la insistencia de los influjos accidentales, los factores de la
constitución reafirman su primacía. Estos están relacionados con la pulsión sexual, lo cual queda más claro en otro
texto, Tres ensayos..., donde la constitución sexual se apoya en la pulsión sexual, que es la pulsión parcial. Se pierde
entonces el factor accidental y lo traumático pasa a ser constitucional; las fantasías de seducción se apoyan en la pulsión
parcial.
Freud hizo más tarde una serie de aclaraciones. Dice que se basó en la teoría traumática de Charcot. Esta teoría
traumática juzga reales los informes de los pacientes que hacían remontar sus síntomas a vivencias sexuales pasivas.
Estas vivencias sexuales pasivas de los primeros años de la infancia eran las escenas de seducción. El análisis había
llegado por un camino correcto a la aparición de estas escenas, pero ahora, resultando no eran verdaderas Freud pierde
su apoyo en la realidad[2]. Al perder apoyo, se da cuenta de que estos traumas eran inventados, y que es necesario
incluir la realidad psíquica[3]. Las fantasías de seducción encubrían el período autoerótico de la infancia. Otra de las
cuestiones que ubica posteriormente es la aparición sistemática del padre como seductor en las escenas de seducción
que los pacientes relatan. Recién cuando sitúa que el padre como seductor es el efecto del complejo de Edipo típico en
la mujer[4] resolver esta cuestión.
Lo traumático es la pulsión sexual, que aparece como factor constitucional. Y la fantasía recubre, o vela, este
factor constitucional. La fantasía es defensa frente a la propia práctica sexual, la fantasía no es traumática. Freud opone
el factor accidental y el factor constitucional. Esta oposición es retomada en Análisis terminable e interminable, donde se
produce el desencuentro entre trauma y pulsión, a diferencia del encuentro que aquí tematiza.
En relación al aparato psíquico que maneja en este momento: en La interpretación de los sueños ubica el esquema
del peine, la primera tópica, los sistemas inconsciente, preconciente, conciente. Pero ésto no alcanza para ubicar el
aparato psíquico porque necesita un punto exterior que recién formula en La represión con el concepto de
representante de la representación de la pulsión. La represión primordial es la fijación del representante de la
representación de la pulsión en el inconsciente, siendo, a partir de allí fijo e inmutable. Todo lo que entra en línea
asociativa con esto reprimido primordial, es reprimido propiamente dicho; y esta represión propiamente dicha puede
fracasar con lo cual tenemos el retorno de lo reprimido. Lo interesante que se recorta en todo esto es la ubicación del
representante de la representación de la pulsión, el Vorstellungrepräsentanz, que constituye una representación muy
particular, que no va a retornar pero que permite la serie de representaciones e inscribe el cuerpo en el aparato
psíquico.
avatares que se pueden inscribir como momentos de viraje en su práctica clínica. Es posible ubicar este recorrido en un
cuadro de doble entrada. En la parte superior de dicho cuadro situamos una serie de textos de Freud, que no se hallan
agrupados por una cuestión cronológica sino por la misma idea de cura. En la columna vertical ubicamos una serie de
conceptos, a saber: lo traumático, el aparato psíquico que Freud plantea en ese momento traumático, un caso clínico -
un referente clínico - y una conclusión, o sea la relación que aparece entre trauma y pulsión. El eje central del cuadro lo
constituye la relación entre trauma y aparato psíquico. Es decir, que cada vez que Freud modifica su concepción de
aparato psíquico, modifica también su idea de trauma. No hay una concepción unitaria de trauma. La pregunta que
podemos hacernos es: ¿A medida que Freud modifica el aparato psíquico también modifica la conceptualización de
pulsión, en una relación también directa como con el trauma?
Los primeros textos que sitúo son Manuscrito K, Nuevas puntualizaciones sobre las neuropsicosis de defensa y
La etiología de la histeria.En éstos, Freud ubica la relación entre la representación -que aparece como intolerable- con la
vivencia de origen sexual. Freud dice que la representación inconciliable pone en movimiento a la defensa e invita a la
represión. Frente a esta representación inconciliable con el yo la representación se aparta -queda segregada del
comercio asociativo- y la conciencia se escinde. La representación inconciliable es apartada voluntariamente, pero
involuntariamente se escinde la conciencia. En el punto en que la representación inconciliable es apartada, recién ahí
deviene patógena; o sea que la representación no es patógena en sí misma. ¿Qué es una representación inconciliable?
Una representación es inconciliable cuando entra en nexo lógico o asociativo con una vivencia de origen sexual. El efecto
que produce son los síntomas histéricos. La pregunta es: ¿cómo se producen dichos síntomas?. Los síntomas histéricos
se producen cuando estas vivencias de origen sexual son reanimadas como recuerdos, con efecto retardado. En este
caso producen mayor desprendimiento de afecto que en el momento donde se produjeron estas vivencias. O sea:
producen un desprendimiento de displacer, hay un displacer actual. En consecuencia, estas vivencias devienen
traumáticas, con lo cual no son en sí mismas traumáticas. Las vivencias como traumas en la histeria son experiencias en
el cuerpo propio o impresiones visuales y comunicaciones oídas[1].
En relación al cuadro, lo traumático es la vivencia sexual prematura traumática. Vamos a encontrar cierta diferencia
entre lo que Freud denomina lo traumático y lo que es el trauma. Entonces, lo traumático es la vivencia sexual
prematura traumática. El aparato psíquico que Freud maneja en ese momento es la doble conciencia, o conciencia
escindida. Los referentes clínicos que tomo son los caso Ema y Cecilia M. El caso Ema, que esta en el Proyecto de una
Psicología para neurólogos, es una histeria de angustia. Ema padece de angustia al salir sola a la calle. Esto aparece
después de que fue a una tienda. Al entrar a ella, tras observar a unos empleados que se están riendo, se va espantada,
volviendo a su casa. A partir de ese momento no quiere salir sola a la calle.
¿Qué es lo que puede decir Ema en relación a lo que le pasó en la tienda? Dice que los empleados se reían y supone
que se reían de su vestido. Más adelante, recuerda otra escena que sucedió anteriormente. De pequeña, alrededor de
los nueve años, cuando había ido a comprar golosinas a una pastelería, el pastelero le pellizca los genitales por encima
del vestido acompañando el atentado con una fuerte risotada. La conexión entre las dos escenas, que produce este
efecto traumático, aparece en forma conciente a través de los vestidos y, en forma inconsciente, es posible conectar la
risa de los empleados con la risotada del pastelero que ella no recordaba en el comienzo. La risotada tiene valor
pulsional. Freud no tiene, en este momento, tematizado el concepto de pulsión, no es algo que señale, pero a partir de
lo que desarrolla en los textos posteriores, podemos ubicar que esto tiene que ver con la pulsión. Lo interesante de
Freud es que no quita elementos, los deja aún sin poder ubicarlos conceptualmente. El ejemplo de Ema nos sirve para
ubicar la constitución del trauma en los dos tiempos, y la aparición de lo pulsional en relación a la risotada.
En Cecilia M., la cuestión es distinta. En Ema aparece el trauma en relación a la vivencia sexual prematura
traumática, pero en Cecilia M. el trauma aparece en relación a representaciones, no a vivencias sexuales o a escenas de
seducción. Cecilia M. es una paciente de Freud que tiene una serie de síntomas conversivos. Tomo uno particularmente:
un dolor que tiene en el talón del pie derecho; y que esta en relación a un recuerdo de su estancia en un hotel de cura
y a su temor a ser presentada a los otros enfermos. Teme no entrar con el pie derecho, y a partir de ahí tiene el dolor en
el talón. O sea, los síntomas conversivos en Cecilia M. se producen por un puente lingüístico. Lo cual nos permite ubicar
que la vivencia sexual prematura traumática vale como representación, no como vivencia. La conclusión es, entonces,
que la representación patógena o vivencia es del orden de la representación. El trauma es la representación patógena.
, A partir de aquí hay un corte, un punto de ruptura, de discontinuidad con lo que Freud va a plantear después en
relación al trauma. En adelante, Freud no va a plantear al trauma como una representación. El trauma será todo lo que
queda por fuera de las representaciones. ¿Por qué este punto de ruptura? Porque, primero, en esta época la idea de
cura de Freud es que el tratamiento catártico que él sigue es sintomático y no causal. O sea: no apunta a la causa de la
histeria. Y no apunta a la causa porque no tiene una estructura de la histeria. Recién cuando Freud descubre el
inconsciente -y a partir de ese descubrimiento inventa el psicoanálisis- él puede formular, formalizar, una estructura
para la neurosis. En consecuencia no podía haber cura de la histeria al no tener conceptualizada su estructura.
En el momento del descubrimiento del inconsciente lo sitúo en el textoMis tesis sobre el papel de la sexualidad
en la etiología de las neurosis, donde se recorta la articulación entre trauma y pulsión. En relación al aparato psíquico
utilizaremos La interpretación de los sueños y La represión. ¿Qué sucede en el texto de Mis tesis...? En este texto Freud
rompe con su teoría de la seducción por adultos u otros niños mayores. Dice que magnificó la frecuencia de estos
hechos, pues no sabía discernir entre los espejismos mnémicos y las huellas de los hechos reales. Al no saber distinguir
entre estos, Freud cree en el relato que le cuentan las histéricas acerca de las causas de los síntomas. Introduce
entonces un nuevo concepto a partir de éste obstáculo que él encuentra en la clínica, obstáculo que es encuentro, en el
sentido de que la misma práctica que él había formalizado lo lleva a encontrar éste obstáculo. En el punto en que
solicita al paciente que diga todo lo que se le ocurra, aparecen estos dichos que él primero considera como hechos
reales. Luego, ubica entre los síntomas y los hechos -las impresiones infantiles- la fantasía. En las histéricas, la fantasía
era una cobertura, una pantalla, un velo, de la práctica sexual autoerótica infantil, o sea, de la masturbación en la
infancia. Con lo cual cae por tierra la insistencia en el elemento traumático y la frecuencia de la seducción en la niñez.
Corre la misma suerte la exagerada insistencia de los influjos accidentales que afectan la sexualidad. Freud ubica estas
fantasías -que son invenciones de recuerdos- entre los síntomas y las impresiones infantiles. Un nuevo concepto surge a
partir del obstáculo que encuentra en la clínica. Cuando cede la insistencia de los influjos accidentales, los factores de la
constitución reafirman su primacía. Estos están relacionados con la pulsión sexual, lo cual queda más claro en otro
texto, Tres ensayos..., donde la constitución sexual se apoya en la pulsión sexual, que es la pulsión parcial. Se pierde
entonces el factor accidental y lo traumático pasa a ser constitucional; las fantasías de seducción se apoyan en la pulsión
parcial.
Freud hizo más tarde una serie de aclaraciones. Dice que se basó en la teoría traumática de Charcot. Esta teoría
traumática juzga reales los informes de los pacientes que hacían remontar sus síntomas a vivencias sexuales pasivas.
Estas vivencias sexuales pasivas de los primeros años de la infancia eran las escenas de seducción. El análisis había
llegado por un camino correcto a la aparición de estas escenas, pero ahora, resultando no eran verdaderas Freud pierde
su apoyo en la realidad[2]. Al perder apoyo, se da cuenta de que estos traumas eran inventados, y que es necesario
incluir la realidad psíquica[3]. Las fantasías de seducción encubrían el período autoerótico de la infancia. Otra de las
cuestiones que ubica posteriormente es la aparición sistemática del padre como seductor en las escenas de seducción
que los pacientes relatan. Recién cuando sitúa que el padre como seductor es el efecto del complejo de Edipo típico en
la mujer[4] resolver esta cuestión.
Lo traumático es la pulsión sexual, que aparece como factor constitucional. Y la fantasía recubre, o vela, este
factor constitucional. La fantasía es defensa frente a la propia práctica sexual, la fantasía no es traumática. Freud opone
el factor accidental y el factor constitucional. Esta oposición es retomada en Análisis terminable e interminable, donde se
produce el desencuentro entre trauma y pulsión, a diferencia del encuentro que aquí tematiza.
En relación al aparato psíquico que maneja en este momento: en La interpretación de los sueños ubica el esquema
del peine, la primera tópica, los sistemas inconsciente, preconciente, conciente. Pero ésto no alcanza para ubicar el
aparato psíquico porque necesita un punto exterior que recién formula en La represión con el concepto de
representante de la representación de la pulsión. La represión primordial es la fijación del representante de la
representación de la pulsión en el inconsciente, siendo, a partir de allí fijo e inmutable. Todo lo que entra en línea
asociativa con esto reprimido primordial, es reprimido propiamente dicho; y esta represión propiamente dicha puede
fracasar con lo cual tenemos el retorno de lo reprimido. Lo interesante que se recorta en todo esto es la ubicación del
representante de la representación de la pulsión, el Vorstellungrepräsentanz, que constituye una representación muy
particular, que no va a retornar pero que permite la serie de representaciones e inscribe el cuerpo en el aparato
psíquico.