LA DEMOCRACIA NEOLIBERAL (1991-2001)
La política menemista
La crisis económica no sólo debilitó al radicalismo, desprestigió a todos los
partidos políticos vinculados con la transición democrática, entre ellos el
peronismo. Menem aprovechó este contexto aliándose con el peronismo tradicional
y los sindicalistas, también recuperó el discurso populista del peronismo clásico.
Luego del triunfo peronista, la crisis fue agravada. A partir de entonces, el
gobierno practicó otros pactos:
1º) Buscó el respaldo de los militares.
2º) Buscó el respaldo del poder económico
3º) Si bien siguió un plan económico desfavorable, consiguió pactar con la
burocracia sindical otorgando ministerios a algunos sindicalistas.
Además de estos pactos, Menem logró extender su poder para tomar decisiones
por encima de los límites constitucionales. La ley de Emergencia Económica lo
autorizaba a gobernar mediante decretos .
También reformó la Suprema Corte, para incluir a miembros favorables y contar
siempre con la aprobación legal. Finalmente, mediante un pacto con Alfonsín, que
le brindó el apoyo de la UCR logró reformar la Constitución de 1853 para lograr ser
reelecto como presidente en 1995, y gobernar así diez años consecutivos.
Una característica del gobierno menemista fue favorecer la disminución del
Estado. Muchas empresas estatales fueron privatizadas, otras instituciones fueron
autonomizadas (los bancos públicos) o abandonadas (canal 7), siempre quedando en
manos del poder económico o de socios del gobierno. Más importante fue la
descentralización: La administración de la salud, la educación y las obras públicas
quedó a cargo de los gobiernos provinciales, el Estado Nacional se limitaba a
recaudar (uniendo la Aduana y los impuestos en la Agencia Federal de Ingresos
Públicos) y transferir un proporcional, perjudicando a las provincias más ricas y
subsidiando a las más leales al gobierno.
La primera consecuencia de ésta disminución del Estado fue la corrupción: Los
pactos con empresarios, la apertura económica, el poco respeto a las leyes y el
abandono estatal abrieron espacios semiclandestinos en donde hacer negocios
ilegales con impunidad.
La segunda consecuencia fue la inseguridad social. La clase trabajadora se
empobreció rápidamente y perdió los medios para reclamar mejoras.
La pauperización y la violencia social por un lado, y el enriquecimiento y la
corrupción evidentes por otro, provocaron numerosas formas de protesta: Los
desocupados, sin la posibilidad de realizar huelgas, manifestaron cortando rutas
nacionales con piquetes.
Para contener el descontento, el menemismo aplicó una versión degradada del
populismo. Suministraba diversos productos a los pobres, incluyendo cargos
inútiles en la administración pública, a través de punteros políticos.
Sin embargo, no pudo evitar que la crisis social se haga política: Se formaron
diversas agrupaciones de izquierda alrededor de los piqueteros, y nuevos partido
políticos.
La política menemista
La crisis económica no sólo debilitó al radicalismo, desprestigió a todos los
partidos políticos vinculados con la transición democrática, entre ellos el
peronismo. Menem aprovechó este contexto aliándose con el peronismo tradicional
y los sindicalistas, también recuperó el discurso populista del peronismo clásico.
Luego del triunfo peronista, la crisis fue agravada. A partir de entonces, el
gobierno practicó otros pactos:
1º) Buscó el respaldo de los militares.
2º) Buscó el respaldo del poder económico
3º) Si bien siguió un plan económico desfavorable, consiguió pactar con la
burocracia sindical otorgando ministerios a algunos sindicalistas.
Además de estos pactos, Menem logró extender su poder para tomar decisiones
por encima de los límites constitucionales. La ley de Emergencia Económica lo
autorizaba a gobernar mediante decretos .
También reformó la Suprema Corte, para incluir a miembros favorables y contar
siempre con la aprobación legal. Finalmente, mediante un pacto con Alfonsín, que
le brindó el apoyo de la UCR logró reformar la Constitución de 1853 para lograr ser
reelecto como presidente en 1995, y gobernar así diez años consecutivos.
Una característica del gobierno menemista fue favorecer la disminución del
Estado. Muchas empresas estatales fueron privatizadas, otras instituciones fueron
autonomizadas (los bancos públicos) o abandonadas (canal 7), siempre quedando en
manos del poder económico o de socios del gobierno. Más importante fue la
descentralización: La administración de la salud, la educación y las obras públicas
quedó a cargo de los gobiernos provinciales, el Estado Nacional se limitaba a
recaudar (uniendo la Aduana y los impuestos en la Agencia Federal de Ingresos
Públicos) y transferir un proporcional, perjudicando a las provincias más ricas y
subsidiando a las más leales al gobierno.
La primera consecuencia de ésta disminución del Estado fue la corrupción: Los
pactos con empresarios, la apertura económica, el poco respeto a las leyes y el
abandono estatal abrieron espacios semiclandestinos en donde hacer negocios
ilegales con impunidad.
La segunda consecuencia fue la inseguridad social. La clase trabajadora se
empobreció rápidamente y perdió los medios para reclamar mejoras.
La pauperización y la violencia social por un lado, y el enriquecimiento y la
corrupción evidentes por otro, provocaron numerosas formas de protesta: Los
desocupados, sin la posibilidad de realizar huelgas, manifestaron cortando rutas
nacionales con piquetes.
Para contener el descontento, el menemismo aplicó una versión degradada del
populismo. Suministraba diversos productos a los pobres, incluyendo cargos
inútiles en la administración pública, a través de punteros políticos.
Sin embargo, no pudo evitar que la crisis social se haga política: Se formaron
diversas agrupaciones de izquierda alrededor de los piqueteros, y nuevos partido
políticos.