«[...], Clara podía percibir el absurdo de la situación y describía en sus cuadernos
el contraste entre su madre y sus amigas, con abrigos de piel y botas de gamuza, hablando
de opresión, de igualdad y de derechos, a un grupo triste y resignado de trabajadoras, con
sus toscos delantales de dril y las manos rojas por los sabañones.De la fábrica, las
sufragistas se iban a la confitería de la Plaza de Armas a tomar té con pastelitos y comentar
los progresos de la campaña, sin que esta distracción frívola las apartara ni un ápice de sus
inflamados ideales. (p. 93)»
CLARA:
«Clara no era capaz de hacer las trenzas a Blanca para ir al colegio, de eso se encargaban
Férula o la Nana, pero tenía con ella una estupenda relación basada en los mismos
principios de la que ella había tenido con Nivea, se contaban cuentos, leían los libros
mágicos de los baúles encantados, consultaban los retratos de familia, se pasaban
anécdotas de los tíos [...]»
“ apenas se vio libre de las cacerolas y la escoba, regresó a sus cuadernos de anotar la vida
y a sus cartas del tarot en los momentos de ocio.»
«Estaba muy ocupada socorriendo a los pobres en una tarea que no tenía principio ni fin.
Salía muy temprano y a veces llegaba cerca de la medianoche.»
«Ella era el motor que ponía en marcha y hacía funcionar aquel universo mágico que era la
parte posterior de la gran casa de la esquina, [...]»
«Las mujeres la escuchaban risueñas y avergonzadas, por la misma razón por la cual
rezaban con Férula: para no disgustar a la patrona. Pero aquellas frases inflamadas les
parecían cuentos de locos.»1
Hermanas Mora: (...) tres damas translúcidas de manos tenues y ojos de bruma" (Capítulo
4, p. 136) (Metáfora)
BLANCA:
«En la casa, Blanca andaba con delantal y alpargatas, confundiéndose con la escasa
servidumbre que quedaba, y para salir usaba su mismo traje negro planchado y vuelto a
planchar, con su blusa de seda blanca.»
«Entretanto, Blanca había organizado una cadena de abastecimiento a través del mercado
negro y de sus conexiones en las poblaciones obreras, donde iba a enseñar cerámica a las
mujeres. [...], sostenía la teoría de que, pase lo que pase, no hay que bajar de nivel, [...]».
«Sin que nadie se lo dijera, se dieron cuenta de que no podían tener familiaridades delante
de los demás.»
«Llegó, incluso, a proponer a la muchacha exportarlas a otros lugares donde había
un mercado seguro para las artesanías indígenas. Blanca trató de sacarlo de su error,
explicándole que ella no tenía nada de indio y que su obra tampoco, pero la barrera del