LA POESÍA ESPAÑOLA TRAS LA GUERRA CIVIL (DESDE 1940 HASTA LA
ACTUALIDAD)
La guerra civil estalla en julio de 1936 afectando a todos los órdenes de la vida,
incluido el cultural. Terminará con la espléndida actividad poética de los años anteriores
llevada a cabo por Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez y los autores del 27.
Tras finalizar la guerra el país ofrece un panorama desolador: miles de españoles sufren
el exilio, otros son asesinados (Lorca), otros encarcelados (M. Hernández). A la escasez
y el hambre se unen los rencores, los odios, la represión política. La vida cultural se ve
mermada por el aislamiento internacional y un censura muy severa. Esta penosa
situación condicionará, sin duda, la producción poética posterior a 1940.
Antes de abordar este recorrido por la poesía de posguerra es necesario detenerse
en la obra de un autor clave: Miguel Hernández.
MIGUEL HERNÁNDEZ (1910-1942)
Merece mención aparte además de por su calidad, porque su obra sirve de puente
entre dos etapas de la poesía española: se encuentra a medio camino entre la Generación
del 27 (se le considera un epígono) y la Generación del 36 (la primera de la posguerra).
. Antes de la guerra publica El rayo que no cesa, donde canta con mucha fuerza e
intensidad al amor insatisfecho, trágico. Destaca en este poemario la “Elegía a Ramón
Sijé”, su joven amigo muerto prematuramente.
. Durante la guerra se alista como voluntario, no combatiendo, sino recorriendo distintos
frentes, organizando actividades culturales y recitando versos ante los soldados. Cultiva
en esta época una poesía comprometida, de combate al servicio de la España
republicana. Muestra de ella es Viento del pueblo (1937). Más tarde, al final de la
guerra, escribirá El hombre acecha, una obra más pesimista, marcada por el dolor y el
desaliento ante la gran tragedia de la contienda nacional.
. Tras la guerra, es detenido e ingresado en la cárcel. Allí compone la mayor parte de su
última poemario: Cancionero y romancero de ausencias, obra cumbre de la poesía
española de posguerra. En ella:
- Se inspira en las formas de la lírica popular o tradicional.
- Se lamenta por todo lo que ha perdido. Término clave del libro, ya en el título, es la
ausencia ( del hijo muerto, del amor, de la bondad en el hombre, de la libertad que le
falta).
. La de M. Hernández es una poesía muy humana que pretende llegar a la mayoría. Por
ello se convertirá en modelo para los poetas sociales de posguerra.
ACTUALIDAD)
La guerra civil estalla en julio de 1936 afectando a todos los órdenes de la vida,
incluido el cultural. Terminará con la espléndida actividad poética de los años anteriores
llevada a cabo por Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez y los autores del 27.
Tras finalizar la guerra el país ofrece un panorama desolador: miles de españoles sufren
el exilio, otros son asesinados (Lorca), otros encarcelados (M. Hernández). A la escasez
y el hambre se unen los rencores, los odios, la represión política. La vida cultural se ve
mermada por el aislamiento internacional y un censura muy severa. Esta penosa
situación condicionará, sin duda, la producción poética posterior a 1940.
Antes de abordar este recorrido por la poesía de posguerra es necesario detenerse
en la obra de un autor clave: Miguel Hernández.
MIGUEL HERNÁNDEZ (1910-1942)
Merece mención aparte además de por su calidad, porque su obra sirve de puente
entre dos etapas de la poesía española: se encuentra a medio camino entre la Generación
del 27 (se le considera un epígono) y la Generación del 36 (la primera de la posguerra).
. Antes de la guerra publica El rayo que no cesa, donde canta con mucha fuerza e
intensidad al amor insatisfecho, trágico. Destaca en este poemario la “Elegía a Ramón
Sijé”, su joven amigo muerto prematuramente.
. Durante la guerra se alista como voluntario, no combatiendo, sino recorriendo distintos
frentes, organizando actividades culturales y recitando versos ante los soldados. Cultiva
en esta época una poesía comprometida, de combate al servicio de la España
republicana. Muestra de ella es Viento del pueblo (1937). Más tarde, al final de la
guerra, escribirá El hombre acecha, una obra más pesimista, marcada por el dolor y el
desaliento ante la gran tragedia de la contienda nacional.
. Tras la guerra, es detenido e ingresado en la cárcel. Allí compone la mayor parte de su
última poemario: Cancionero y romancero de ausencias, obra cumbre de la poesía
española de posguerra. En ella:
- Se inspira en las formas de la lírica popular o tradicional.
- Se lamenta por todo lo que ha perdido. Término clave del libro, ya en el título, es la
ausencia ( del hijo muerto, del amor, de la bondad en el hombre, de la libertad que le
falta).
. La de M. Hernández es una poesía muy humana que pretende llegar a la mayoría. Por
ello se convertirá en modelo para los poetas sociales de posguerra.