El Teatro Ilustrado
El panorama teatral del siglo XVIII en España se caracteriza por un ambiente de fuerte polémica
entre los partidarios de la fórmula barroca y los defensores de la estética neoclásica. En la primera
mitad del siglo, la producción sigue manteniendo las reglas Barrocas. Por su puesto, en la segunda
mitad tenemos el desarrollo de un teatro neoclásico, de origen francés e inspirado en los
preceptos clásicos. Sus rasgos principales son:
Sometimiento de la estructura a las 3 unidades aristotélicas (lugar, tiempo y acci ón)
Estructura dividida en 3 actos
Comedias y tragedias como genero diferentes (no hay más la mezcla de la tragicomedia)
Las obras tienen intento moralizador
Hay una búsqueda de lo verosímil a través del tratamiento de asuntos cotidianos, que permitían al
público de identificarse con los personajes.
El espacio escénico muy rico y verdadero
“La poetica” de Ignacio Luzan
Este regreso a la tradición grecolatina es mérito de Ignacio Luzan, con su obra “Reglas de la poesía
en general y de sus principales especies” o “Poética” del 1737. En esta obra en 4 libros él trata
sobre l’origen de la poesía, su utilizad, y profundiza sobre la poesía dramática y épica. En la Poética
él no habla solo de poesía, sino de teatro, en efecto hay una crítica del teatro clásico español del
Siglo de Oro. Este es partidario de observar con rigor la distinción entre los géneros, pese a lo cual
no deja de apreciar a algunos autores como Lope de Vega y Pedro Calderón de la Barca por su arte
de interesar a los espectadores y por su poder de invención. Lo que tienen de desarreglado las
obras del teatro clásico español es la disposición, o sea una construcción poco racional,
disparatada a veces, o que mezcla diversos materiales temáticos y la elocución, demasiado
hinchada. Analiza los defectos del teatro barroco atribuyéndolos al desconocimiento de
la preceptiva artística clásica. Critica las infracciones a la regla de las tres unidades, la mezcla
tragicómica, la inverosimilitud de la fábula o argumento, los errores contra la historia, la geografía
y la cronología, la presencia inadecuada del gracioso en determinadas obras o situaciones, el uso
de la música en el teatro y, sobre todo, rechaza la inmoralidad de la mayoría de las piezas áureas.
Por su obra, se inspiró en la Poética de Aristóteles y también de “La perfetta Poesia” de Ludovico
Antonio Muratori.
Leandro Fernandes de Moratìn – Las innovaciones
Leandro Fernández de Moratín fue el dramaturgo más representativo del neoclasicismo español.
Subordinó toda su labor literaria a su empeño ilustrado de educar a la sociedad mediante el
teatro. Se caracterizó por intentar, tanto en sus escritos teóricos como en sus obras teatrales
estrenadas en el lapso temporal que va desde 1790 a 1806, establecer una serie de normas por las
cuales debía regirse la escritura y la representación de textos dramáticos, principios que
justificará, defenderá y pondrá en práctica. En este sentido, su obra “La comedia nueva” o “El
café” (1792) es paradigmática, no solo por ajustarse estrictamente a dichas reglas, sino sobre todo
por dar cabida en ella a un discurso metateatral y subir a escena, por un lado, los problemas de las
piezas barroquistas, de gran éxito en la época y, por otro, las ventajas y buen hacer de la poética
ilustrada. Moratin dio importancia a los costumbres de los actores: si el lenguaje de los personajes
El panorama teatral del siglo XVIII en España se caracteriza por un ambiente de fuerte polémica
entre los partidarios de la fórmula barroca y los defensores de la estética neoclásica. En la primera
mitad del siglo, la producción sigue manteniendo las reglas Barrocas. Por su puesto, en la segunda
mitad tenemos el desarrollo de un teatro neoclásico, de origen francés e inspirado en los
preceptos clásicos. Sus rasgos principales son:
Sometimiento de la estructura a las 3 unidades aristotélicas (lugar, tiempo y acci ón)
Estructura dividida en 3 actos
Comedias y tragedias como genero diferentes (no hay más la mezcla de la tragicomedia)
Las obras tienen intento moralizador
Hay una búsqueda de lo verosímil a través del tratamiento de asuntos cotidianos, que permitían al
público de identificarse con los personajes.
El espacio escénico muy rico y verdadero
“La poetica” de Ignacio Luzan
Este regreso a la tradición grecolatina es mérito de Ignacio Luzan, con su obra “Reglas de la poesía
en general y de sus principales especies” o “Poética” del 1737. En esta obra en 4 libros él trata
sobre l’origen de la poesía, su utilizad, y profundiza sobre la poesía dramática y épica. En la Poética
él no habla solo de poesía, sino de teatro, en efecto hay una crítica del teatro clásico español del
Siglo de Oro. Este es partidario de observar con rigor la distinción entre los géneros, pese a lo cual
no deja de apreciar a algunos autores como Lope de Vega y Pedro Calderón de la Barca por su arte
de interesar a los espectadores y por su poder de invención. Lo que tienen de desarreglado las
obras del teatro clásico español es la disposición, o sea una construcción poco racional,
disparatada a veces, o que mezcla diversos materiales temáticos y la elocución, demasiado
hinchada. Analiza los defectos del teatro barroco atribuyéndolos al desconocimiento de
la preceptiva artística clásica. Critica las infracciones a la regla de las tres unidades, la mezcla
tragicómica, la inverosimilitud de la fábula o argumento, los errores contra la historia, la geografía
y la cronología, la presencia inadecuada del gracioso en determinadas obras o situaciones, el uso
de la música en el teatro y, sobre todo, rechaza la inmoralidad de la mayoría de las piezas áureas.
Por su obra, se inspiró en la Poética de Aristóteles y también de “La perfetta Poesia” de Ludovico
Antonio Muratori.
Leandro Fernandes de Moratìn – Las innovaciones
Leandro Fernández de Moratín fue el dramaturgo más representativo del neoclasicismo español.
Subordinó toda su labor literaria a su empeño ilustrado de educar a la sociedad mediante el
teatro. Se caracterizó por intentar, tanto en sus escritos teóricos como en sus obras teatrales
estrenadas en el lapso temporal que va desde 1790 a 1806, establecer una serie de normas por las
cuales debía regirse la escritura y la representación de textos dramáticos, principios que
justificará, defenderá y pondrá en práctica. En este sentido, su obra “La comedia nueva” o “El
café” (1792) es paradigmática, no solo por ajustarse estrictamente a dichas reglas, sino sobre todo
por dar cabida en ella a un discurso metateatral y subir a escena, por un lado, los problemas de las
piezas barroquistas, de gran éxito en la época y, por otro, las ventajas y buen hacer de la poética
ilustrada. Moratin dio importancia a los costumbres de los actores: si el lenguaje de los personajes