La Resiliencia — La fuerza de levantarse una vez más
Buenas tardes con todos: autoridades, docentes y queridos compañeros.
Hoy quiero hablarles de una palabra que, aunque parece pequeña, tiene un poder inmenso:
resiliencia. Ser resiliente es mucho más que resistir… es levantarse, aprender y
transformarse después de cada caída.
En la vida todos enfrentamos obstáculos, decepciones o fracasos. Pero lo que realmente nos
define no es lo que nos pasa, sino cómo reaccionamos ante eso. Hay personas que se rinden
al primer golpe… y hay otras que, aunque caigan cien veces, se levantan ciento una. A esas
personas las llamamos resilientes.
Nelson Mandela pasó 27 años en prisión, pero nunca perdió su fe ni su esperanza. Cuando
salió, no buscó venganza, sino unión. Él dijo una frase poderosa: No me juzgues por mis
éxitos, júzgame por las veces que caí y me volví a levantar.
Eso es resiliencia: no dejar que el dolor te convierta en víctima, sino en maestro.
También tenemos a Thomas Edison, el inventor de la bombilla. Falló más de mil veces
antes de lograrlo, y cuando le preguntaron si no se cansaba de fracasar, él respondió: No
fracasé mil veces, descubrí mil maneras que no funcionaban.
Esa es la actitud de un resiliente: aprender de cada intento y no rendirse jamás.
Hay personas que dicen: Este mantiene cara de tonto, de casqueado, de bobo… Pero a
veces yo pienso: ¿Tonto? Por favor. Aquí es donde entra la resiliencia.
Porque esas críticas, esos comentarios que la gente lanza sin pensar, no deben hacernos
caer. A veces las personas juzgan por la forma física o por el comportamiento, sin conocer
de verdad quién eres. Y ahí debemos recordar una frase muy cierta: No juzgues un libro
por su portada, si ni siquiera lo has leído.
Si alguien se pusiera de frente y me dijera bobo , tonto o casqueado ̶ que al
final viene a ser lo mismo ̶ yo le respondería con respeto y firmeza: Te invito a debatir
un tema conmigo. El tema que tú quieras, el que te guste o en el que te especialices, para
ver si realmente soy tonto… o solo tengo cara de tonto.
Ahí es donde se demuestra la resiliencia. Porque ser resiliente no es dejarse humillar, sino
responder con hechos, con respeto y con inteligencia.
Helen Keller, ciega y sorda desde niña, aprendió a comunicarse y cambió el mundo con su
Buenas tardes con todos: autoridades, docentes y queridos compañeros.
Hoy quiero hablarles de una palabra que, aunque parece pequeña, tiene un poder inmenso:
resiliencia. Ser resiliente es mucho más que resistir… es levantarse, aprender y
transformarse después de cada caída.
En la vida todos enfrentamos obstáculos, decepciones o fracasos. Pero lo que realmente nos
define no es lo que nos pasa, sino cómo reaccionamos ante eso. Hay personas que se rinden
al primer golpe… y hay otras que, aunque caigan cien veces, se levantan ciento una. A esas
personas las llamamos resilientes.
Nelson Mandela pasó 27 años en prisión, pero nunca perdió su fe ni su esperanza. Cuando
salió, no buscó venganza, sino unión. Él dijo una frase poderosa: No me juzgues por mis
éxitos, júzgame por las veces que caí y me volví a levantar.
Eso es resiliencia: no dejar que el dolor te convierta en víctima, sino en maestro.
También tenemos a Thomas Edison, el inventor de la bombilla. Falló más de mil veces
antes de lograrlo, y cuando le preguntaron si no se cansaba de fracasar, él respondió: No
fracasé mil veces, descubrí mil maneras que no funcionaban.
Esa es la actitud de un resiliente: aprender de cada intento y no rendirse jamás.
Hay personas que dicen: Este mantiene cara de tonto, de casqueado, de bobo… Pero a
veces yo pienso: ¿Tonto? Por favor. Aquí es donde entra la resiliencia.
Porque esas críticas, esos comentarios que la gente lanza sin pensar, no deben hacernos
caer. A veces las personas juzgan por la forma física o por el comportamiento, sin conocer
de verdad quién eres. Y ahí debemos recordar una frase muy cierta: No juzgues un libro
por su portada, si ni siquiera lo has leído.
Si alguien se pusiera de frente y me dijera bobo , tonto o casqueado ̶ que al
final viene a ser lo mismo ̶ yo le respondería con respeto y firmeza: Te invito a debatir
un tema conmigo. El tema que tú quieras, el que te guste o en el que te especialices, para
ver si realmente soy tonto… o solo tengo cara de tonto.
Ahí es donde se demuestra la resiliencia. Porque ser resiliente no es dejarse humillar, sino
responder con hechos, con respeto y con inteligencia.
Helen Keller, ciega y sorda desde niña, aprendió a comunicarse y cambió el mundo con su