Kelly Nataly Acosta Torrado - 19211025
Relatoría de la conferencia III: la explicación de los fenómenos anímicos
Freud nos plantea, en un principio, que se dedicará a corregir una imprecisión en
la conferencia pasada. Tras el abandono de la hipnosis, se centró en que los
pacientes recordaran lo “olvidado” mediante las ocurrencias inmediatas. Sin
embargo, Freud nos dice que esto no es universal, es decir, que no siempre se
cumple, debido a que, en muchos casos aquellas ocurrencias no eran adecuadas
porque no venían al caso y los mismos pacientes las marcaban como incorrectas.
Esta pertinencia solo ocurría las primeras veces. Freud conservaba una opinión
determinista (preestablecida) acerca de los procesos anímicos. Por ello, para él no
existía arbitrariedad o desconexión con lo olvidado en el discurso del paciente. En
aquellos enfermos se presentaban dos fuerzas: la primera era la fuerza por sacar
aquello olvidado de su inconciente y la segunda, se presentaba como la
resistencia hacia lo inconciente. Si la resistencia del paciente era baja, aquello
inconciente surgía sin mucha desfiguración y viceversa. Así, las ocurrencias del
paciente surgían como una sustitución de lo reprimido en gran medida parecida o
no a la idea reprimida, respecto a la aplicación de la resistencia. Teniendo en
cuenta que si la resistencia es baja por parte del paciente se debería llegar hasta
aquello escondido. Si es el caso en el que el paciente presenta una resistencia
significante, sus ocurrencias serán alusiones directas de aquella idea reprimida.
Posteriormente, Freud procede a explicar la técnica psicoanalítica en virtud de la
formación de los chistes que presentan una analogía con el método: dos hombres
que habían conseguido una fortuna y habían logrado entrar en la alta sociedad, se
les ocurrió mandar a hacer un retrato de ambos con un reputado pintor. Luego, los
exhibieron en una prestigiosa casa donde acudió un famoso crítico de arte. Allí, se
hallaban uno junto al otro, los retratos de aquellos hombres. El crítico observó por
largo tiempo y aseveró; “¿y dónde está el Salvador?” señalando el espacio vacío
que había entre retrato y retrato, interpretado como un insulto. Siendo señalados
como los ladrones que estuvieron a ambos lados del Salvador. El crítico recurre a
enmascarar su comentario con el fin de evitar los peligros que puede causar decir
lo que piensa sin reparos. El crítico recurre entonces a la alusión. Freud quiere
decir con esto, que aquel comentario parecía fuera de caso. No obstante, si se lo
piensa bien, es un claro insulto a estos dos hombres. De este mismo modo, el
paciente crea ocurrencias que parecen más del lado desfigurado y de la alusión.
Debido aquello se puede inferir que existe entonces un símil entre el chiste y la
ocurrencia.
En esta conferencia, Freud llamará complejo a: “un grupo de elementos de
representación investidos de afecto”. Para tratar aquel complejo reprimido en un
paciente. Recurrirá a los recuerdos últimos del paciente y a una cantidad de
ocurrencias libres, bajo la premisa de la determinación, bajo la cual no se le puede
ocurrir algo arbitrario en virtud del complejo que se está buscando. A este método
se le presenta una dificultad: el paciente ya no encuentra qué decir. Sin embargo,
es solo aparente, porque allí actúa la resistencia como silencio. El paciente debe
decir todo aquello que pase por su mente, por arbitrario que parezca. El oficio
propio del terapeuta será entonces, indagar sobre aquello que diga el paciente en
Relatoría de la conferencia III: la explicación de los fenómenos anímicos
Freud nos plantea, en un principio, que se dedicará a corregir una imprecisión en
la conferencia pasada. Tras el abandono de la hipnosis, se centró en que los
pacientes recordaran lo “olvidado” mediante las ocurrencias inmediatas. Sin
embargo, Freud nos dice que esto no es universal, es decir, que no siempre se
cumple, debido a que, en muchos casos aquellas ocurrencias no eran adecuadas
porque no venían al caso y los mismos pacientes las marcaban como incorrectas.
Esta pertinencia solo ocurría las primeras veces. Freud conservaba una opinión
determinista (preestablecida) acerca de los procesos anímicos. Por ello, para él no
existía arbitrariedad o desconexión con lo olvidado en el discurso del paciente. En
aquellos enfermos se presentaban dos fuerzas: la primera era la fuerza por sacar
aquello olvidado de su inconciente y la segunda, se presentaba como la
resistencia hacia lo inconciente. Si la resistencia del paciente era baja, aquello
inconciente surgía sin mucha desfiguración y viceversa. Así, las ocurrencias del
paciente surgían como una sustitución de lo reprimido en gran medida parecida o
no a la idea reprimida, respecto a la aplicación de la resistencia. Teniendo en
cuenta que si la resistencia es baja por parte del paciente se debería llegar hasta
aquello escondido. Si es el caso en el que el paciente presenta una resistencia
significante, sus ocurrencias serán alusiones directas de aquella idea reprimida.
Posteriormente, Freud procede a explicar la técnica psicoanalítica en virtud de la
formación de los chistes que presentan una analogía con el método: dos hombres
que habían conseguido una fortuna y habían logrado entrar en la alta sociedad, se
les ocurrió mandar a hacer un retrato de ambos con un reputado pintor. Luego, los
exhibieron en una prestigiosa casa donde acudió un famoso crítico de arte. Allí, se
hallaban uno junto al otro, los retratos de aquellos hombres. El crítico observó por
largo tiempo y aseveró; “¿y dónde está el Salvador?” señalando el espacio vacío
que había entre retrato y retrato, interpretado como un insulto. Siendo señalados
como los ladrones que estuvieron a ambos lados del Salvador. El crítico recurre a
enmascarar su comentario con el fin de evitar los peligros que puede causar decir
lo que piensa sin reparos. El crítico recurre entonces a la alusión. Freud quiere
decir con esto, que aquel comentario parecía fuera de caso. No obstante, si se lo
piensa bien, es un claro insulto a estos dos hombres. De este mismo modo, el
paciente crea ocurrencias que parecen más del lado desfigurado y de la alusión.
Debido aquello se puede inferir que existe entonces un símil entre el chiste y la
ocurrencia.
En esta conferencia, Freud llamará complejo a: “un grupo de elementos de
representación investidos de afecto”. Para tratar aquel complejo reprimido en un
paciente. Recurrirá a los recuerdos últimos del paciente y a una cantidad de
ocurrencias libres, bajo la premisa de la determinación, bajo la cual no se le puede
ocurrir algo arbitrario en virtud del complejo que se está buscando. A este método
se le presenta una dificultad: el paciente ya no encuentra qué decir. Sin embargo,
es solo aparente, porque allí actúa la resistencia como silencio. El paciente debe
decir todo aquello que pase por su mente, por arbitrario que parezca. El oficio
propio del terapeuta será entonces, indagar sobre aquello que diga el paciente en