RENACIMIENTO/HUMANISMO
Garín plantea que durante los siglos del Renacimiento se agotó una cierta manera de ver las
cosas y desapareció una imagen del mundo que estaba vigente desde hacía mucho tiempo.
[Entender que no hay un solo Renacimiento, que es el de Italia, sino que hay varios, en todo
Europa].
La historia convencional tenía la tendencia de forjar la imagen de ese renacer de la
humanidad en torno al hombre libre como una marcha triunfal jalonada por certidumbres y
realizaciones. Según testimonios válidos de esa época, se afirmaba que el hombre era
realmente capaz de reconstruirse a sí mismo y al mundo, pero en todo momento se tiene
conciencia de que la tranquila seguridad de un universo familiar y doméstico, ordenado y
ajustado a nuestras necesidades, está perdida.
El mito del Renacimiento estaba advertido como un producto que surge de la polémica de
los humanistas contra la cultura de los siglos anteriores. Entraña la muerte de la Antigüedad
en el mismo momento en el que se llega a la definición de sus características propias. No
hay ruptura entre la antigüedad y la Edad Media, o, si la hay, es mucho menor que la que
existe entre la Edad Media y el Renacimiento porque la filología humanista, tomó
conciencia de una ruptura, cuya maduración, sin embargo, se había ido produciendo – y
exacerbando – en la Edad Media.
Burucúa plantea que las organizaciones sociales y políticas que analizamos se hacen más
complejas e incluyen dentro de sí una estratificación en clases o bien involucran pueblos
distintos, con lenguajes y modos de vidas dispares.
Plantea espacios de convergencia, como los son:
Comida y cocina: el encuentro entre sabios y marmitones, en donde los primeros
descendían a los fogones para hurgar en algún secreto de la cocina, aconsejar el uso
de una especia, recetar una forma de cocción y una salsa, o simplemente recordar
episodios lejanos de la niñez.
Escuela de Annales: en Los Reyes Taumaturgos, la creencia del poder curativo de
los reyes franceses fue uno de los lugares de convergencia cultural; lugar físico, el
atrío de los hospitales e iglesas donde la ceremonia se llevaba a cabo; lugar
imaginario, la red mágica del mundo que vincula al todo consigo mismo; lugar
existencial compartida por las elites. Febvre había definido que las culturas del siglo
XVI tenían un miedo hacia el mar, lo desconocido, la agresividad del vecino, etc.,
por lo que, el objeto cultural de la modernidad, el libro impresio, fue un medio
nuevo para conjurar el terror exacerbado por las tinieblas: la lectura común, al
abrigo del hogar y de los fogones, permitía disipar las angustias, construir pequeños
sentimientos de solidaridad, llorar y reír en compañía; siempre podía encontrarse,
por remoto y aislado que fuese un lugar, algún viajero, peregrino o aventurero
vuelto al pago, que supiese contar y leer historias. Los miedos cíclicos se
vinculaban, en cambio, con las calamidades recurrentes del hambre, la peste y la
Garín plantea que durante los siglos del Renacimiento se agotó una cierta manera de ver las
cosas y desapareció una imagen del mundo que estaba vigente desde hacía mucho tiempo.
[Entender que no hay un solo Renacimiento, que es el de Italia, sino que hay varios, en todo
Europa].
La historia convencional tenía la tendencia de forjar la imagen de ese renacer de la
humanidad en torno al hombre libre como una marcha triunfal jalonada por certidumbres y
realizaciones. Según testimonios válidos de esa época, se afirmaba que el hombre era
realmente capaz de reconstruirse a sí mismo y al mundo, pero en todo momento se tiene
conciencia de que la tranquila seguridad de un universo familiar y doméstico, ordenado y
ajustado a nuestras necesidades, está perdida.
El mito del Renacimiento estaba advertido como un producto que surge de la polémica de
los humanistas contra la cultura de los siglos anteriores. Entraña la muerte de la Antigüedad
en el mismo momento en el que se llega a la definición de sus características propias. No
hay ruptura entre la antigüedad y la Edad Media, o, si la hay, es mucho menor que la que
existe entre la Edad Media y el Renacimiento porque la filología humanista, tomó
conciencia de una ruptura, cuya maduración, sin embargo, se había ido produciendo – y
exacerbando – en la Edad Media.
Burucúa plantea que las organizaciones sociales y políticas que analizamos se hacen más
complejas e incluyen dentro de sí una estratificación en clases o bien involucran pueblos
distintos, con lenguajes y modos de vidas dispares.
Plantea espacios de convergencia, como los son:
Comida y cocina: el encuentro entre sabios y marmitones, en donde los primeros
descendían a los fogones para hurgar en algún secreto de la cocina, aconsejar el uso
de una especia, recetar una forma de cocción y una salsa, o simplemente recordar
episodios lejanos de la niñez.
Escuela de Annales: en Los Reyes Taumaturgos, la creencia del poder curativo de
los reyes franceses fue uno de los lugares de convergencia cultural; lugar físico, el
atrío de los hospitales e iglesas donde la ceremonia se llevaba a cabo; lugar
imaginario, la red mágica del mundo que vincula al todo consigo mismo; lugar
existencial compartida por las elites. Febvre había definido que las culturas del siglo
XVI tenían un miedo hacia el mar, lo desconocido, la agresividad del vecino, etc.,
por lo que, el objeto cultural de la modernidad, el libro impresio, fue un medio
nuevo para conjurar el terror exacerbado por las tinieblas: la lectura común, al
abrigo del hogar y de los fogones, permitía disipar las angustias, construir pequeños
sentimientos de solidaridad, llorar y reír en compañía; siempre podía encontrarse,
por remoto y aislado que fuese un lugar, algún viajero, peregrino o aventurero
vuelto al pago, que supiese contar y leer historias. Los miedos cíclicos se
vinculaban, en cambio, con las calamidades recurrentes del hambre, la peste y la