atinente al lenguaje” del libro “Comprender el cine y las imágenes”
por René Gardiés:
-El objetivo del capítulo es solo apuntar las grandes cuestiones que atraviesan el
abordaje atinente o relacionado al lenguaje de la imagen con la intención de
subrayar sus complicaciones. Si bien son muchas las definiciones de lo que es un
lenguaje, todas juntas, según Christian Metz, constituyen un conjunto que se puede
situar entre dos polos (habiendo entre un extremo y el otro muchísimas más
definiciones): por un lado, en el polo que limita la noción de lenguaje a los sistemas
empleados por el humano para “comunicar”, no aceptando, el pensamiento de este
polo, la no reversibilidad entre el emisor y receptor (la no capacidad de diálogo, por
ende, a través de los candidatos a lenguaje) ni a los que no movilizan signos
“discretos” (signos claros y sin ambigüedades, sí o no). Tampoco se aceptan los que
no funcionan de manera lineal con signos fónicos-.
-El otro polo en el que este conjunto se puede situar es en el cual se entiende al
lenguaje como a todo lo que habla al humano del humano, ya sea de la manera
menos organizada como de la menos lingüística. Si el polo adoptado es el primero,
el campo de las imágenes resulta excluido. Comunican en un sentido único. Casi
que los emojis (pictogramas, representaciones gráficas que utilizan imágenes o
iconos para comunicar información) son la única excepción, permitiendo el diálogo y
siendo de naturaleza discreta (no hay ambigüedad entre los diferentes emojis que
traducen distintos estados de ánimo: confuso, triste, furioso, feliz, etc.). La segunda
definición es muy abierta, y es la que será destacada. Primero porque es la que
mejor uso hace de las palabras “lengua” y “lenguaje”: si las lenguas son versiones
más refinadas y elaboradas del lenguaje (siendo ejemplos de lenguas los idiomas),
entonces habrán los lenguajes que no son lenguas, lenguajes los cuáles quedan
excluidos adoptando la definición propuesta por el primer polo. Segundo, porque
resulta impensable excluir del lenguaje fenómenos sociales como el cine, televisión,
pintura, etcétera-.
-Cualquiera sea la definición adoptada, el criterio de la intencionalidad es uno
constante. Un lenguaje es un instrumento “intencional” de comunicación y
expresión. Lo involucrado por la intencionalidad en este caso no es el contenido de
la comunicación, sino que el acto mismo de comunicar o de expresión.
Generalmente se proponen tres criterios para localizar las manifestaciones de
intencionalidad: estructuración, regularidad y repetitividad. Esto suena bien, pero lo
cierto es que a partir de esta lógica los cristales de nieve, al responder a estos
criterios, sería un lenguaje: responde a esos criterios en la medida en que cada uno
tiene una forma u estructura específica, aparecen en determinadas estaciones del
año sin fallar, es decir, son regulares, y son repetitivos: comparten una estructura
básica común. Por eso es mejor aceptar que estos criterios no siempre funcionan y
, que solo se puede determinar el estatuto (estado o condición de) intencional de los
elementos si hay informaciones directas exteriores. Lo otro a mencionar es que bien
esa intencionalidad de la que es habla puede estar del lado del destinatario, quien
decide leer algo como lenguaje. Las nubes no tienen la intención de hablar, pero se
las puede hacer hablar y extraer, de eso, informaciones sobre el tiempo,
posibilitando entonces el hablar de un lenguaje de las nubes-.
-La borrosa distinción de lo que es el arte y de lo que es lenguaje da origen a una
confusión entre el abordaje a partir del lenguaje y el abordaje artístico o estético,
confusión que hace que el abordaje del cine sea sesgado o limitado, todo esto a
partir de esa confusión de abordajes que tiene su origen en la ambigüedad acerca
de la distinción entre el arte y el lenguaje. Estos abordajes limitados tienen
consecuencias negativas. La primera, que bajo la idea de presentar “el” lenguaje de
la pintura o del cine, no se hace más que defender cierta concepción estética. A
partir de esto, muchas obras formulan reglas que en realidad no valen más que para
una forma de cine. Reglas cuya violación se volvió un regla o un requisito para
hacer cine experimental, por ejemplo. La idea no es que no se defienda cierta
concepción estética, la idea es no pretender proponer una obra general sobre “el”
lenguaje de las imágenes o “el” del cine, invalidando todos los demás. La segunda
consecuencia es la evacuación del campo del análisis de las producciones que no
dependen del campo artístico. Básicamente la mayoría de producciones gráficas
cotidianas. Esto es una consecuencia de la difusa distinción entre arte y lenguaje en
la medida en que se limita el entendimiento del lenguaje únicamente al ámbito
artístico, pasándose por alto la diversidad de formas de lenguaje presentes en la
vida cotidiana-.
-La conclusión del planteo es que se fijará como objetivo al abordaje relacionado al
lenguaje el interesarse por la imagen visual en general, cualquiera sea la forma
social que adopte, legitimada por la institución artística o no. Con todo lo visto ya
podemos comprender que hay lenguajes, no un lenguaje. La cuestión ahora es la de
distinguir uno de otro, de categorizarlos. Hay dos posiciones con respecto a cómo
abordar esta cuestión: la conformada por quienes piensan que la categorización es
una cuestión de forma (Hjemslev), y la que engloba a quienes piensan que es una
cuestión de materia (Metz). Hay argumento convincentes a favor de los dos
posicionamientos: El rasgo lineal de las lenguas naturales (sistemas de
comunicación verbal desarrollados y utilizados por las comunidades humanas, los
idiomas) es consecuencia de la comunicación por el canal vocal, un rasgo de la
materia. En este ejemplo, la materia rige la forma. Sin embargo, al pasar de lo oral a
lo escrito, la relación materia-forma se invierte: La lectura tabular (forma de leer o
procesar información dispuesta en tablas o estructuras tabulares, información visual
presentada en bloques o columnas que permiten una lectura más organizada y
segmentada) característica de la materia visual es sustituida por la linealidad,
rigiendo, en este caso, la forma a la materia. La forma del medio escrito, que sigue